Principal RADAR NO Turismo Libros Futuro CASH Sátira
ESPACIO PUBLICITARIO


El continuismo 
de la
SIDE

Un memo secreto de la central de los espías revela que no hubo ningún corte con la salida de De Santibañes: la Secretaría se maneja con los mismos criterios y personas que impuso el amigo presidencial. Como si fuera una empresa, la SIDE debe “crear valor” y tener a De la Rúa como “primer cliente”.


Carlos Becerra, jefe de la SIDE y un “soldado de De la Rúa”.

Darío Richarte, número dos de la secretaría y gran elogiador.

Por Miguel Bonasso

Una investigación exclusiva de Página/12, que tuvo acceso a material confidencial de la SIDE, revela que la central de los espías se sigue manejando con los criterios y los hombres que introdujo el banquero Fernando de Santibañes y una alianza tácita con hombres que vienen de la etapa menemista. El “amigo del Presidente” no se limitaría entonces a tomar whisky con Fernando de la Rúa los fines de semana, sino que seguiría manteniendo –ahora sin visibilidad y responsabilidad pública– una cuota de influencia decisiva sobre la Secretaría de Estado que conduce formalmente Carlos Becerra. El político radical, de añejos lazos con Enrique “Coti” Nosiglia, se definió recientemente en un asado ante trescientos espías como “un soldado de De la Rúa”.
La SIDE que conduce Becerra apuesta a la dolarización y al ingreso al ALCA; busca la eficiencia a través de técnicas empresariales afines a la filosofía de cadenas como McDonald’s, y sus principales puestos se están cubriendo con jefes militares y navales cercanos al cuñado presidencial, el contraalmirante Basilio Pertiné, en una clara militarización del organismo. La continuidad de gestión, sin embargo, no arroja resultados positivos: encuestas externas de la Secretaría revelan que la opinión pública no la conoce bien o no confía en ella. Encuestas internas certifican que su personal sigue resentido por la “racionalización” llevada a cabo por De Santibañes. Sólo una cosa parece haber cambiado con relación a la gestión del banquero y es el vínculo con la CIA norteamericana que se deterioró notablemente en la etapa anterior a punto tal que el Station Chief en la Argentina, Ross Newland, se quejó ante el amigo presidencial de que sus hombres seguían a los espías norteamericanos y no querían investigar –en cambio– las acciones crecientes en tierras pampeanas de la mafia rusa. 
Un documento confidencial de la SIDE revela que el 18 de noviembre último, el secretario Carlos Becerra –que acababa de hacerse cargo– convocó a una reunión cuyo tema central fue, curiosamente, “el proceso de creación de valor”, pomposa enunciación que retrotrae a los tiempos de Ricardo y la economía política, pero está referida, en realidad, a criterios de eficiencia empresarial que en el caso de McDonald’s, por ejemplo, permiten poner en cuadro de honor al gerente del mes. Algo que resulta al menos curioso en una central de espías. Basta imaginar el premio al agente que pinchó más teléfonos o gastó más mediasuelas siguiendo sospechosos. 
Una fuente no menos confidencial que el documento de marras relató a este cronista los pormenores de ese encuentro dedicado “a la creación de valor”, en el que actuaron como expositores el secretario Becerra, el subsecretario Darío Richarte (que fue colocado en el puesto por De Santibañes y no oculta su pertenencia al famoso Grupo Sushi) y la consultora de personal Maica Palacios, autora de la famosa “racionalización” practicada por el anterior secretario, que tuvo aspectos positivos, quizás involuntarios porque no se basó –como se dijo– en cesantear represores por haberlo sido, sino en tornar más eficiente, al modo empresario, la acción de la SIDE.
La “presentación” se dio en el marco amable de un asado al que concurrieron 300 “servicentros”, que se llevó a cabo en la quinta Silvia, de Don Torcuato, propiedad del doctor Norberto Feldman, un curioso personaje vinculado con la farándula y la política, amigo del ex secretario general de la Presidencia de Menem Alberto Kohan. Feldman puso la quinta gracias a los buenos oficios del general retirado Ernesto Bossi, ex director de la Central Nacional de Inteligencia (CNI), que estuvo procesado por el escabroso tema de la venta de armas al Ecuador y sostiene una teoría muy peligrosa que parece estar en boga en algunas mentes oficiales: el Ejército debe actuar en la represión interna si el conflictosocial se sale de madre. Cuando concluía el mandato de Raúl Alfonsín, Feldman le vendió al entonces titular de la SIDE, el fallecido Facundo Suárez, el edificio de avenida de los Incas donde actualmente funciona “la Ojota”, acrónimo de “Oficios Judiciales”, la oficina que maneja las escuchas telefónicas.
Los espías madrugadores, que arribaron a la quinta Silvia entre las 8.30 y las 9.30, fueron agasajados con un copioso desayuno que incluía opciones dietéticas para obesos y diabéticos. Luego pasaron a una gran carpa, en cuya mesa principal Becerra, Richarte y Palacios desgranaron sus exposiciones. Carlos Becerra comenzó recordando sus treinta años de militancia en el radicalismo y se definió como “un soldado de De la Rúa”, que estaba “aprendiendo inteligencia”. Luego analizó el resultado de una encuesta interna convocada por su antecesor, llegando a la conclusión de que los agentes exigían “un reconocimiento a sus tareas y desarrollar las mismas con dignidad”. Destacó que la mayoría de los reclamos fue “de índole gremial” y, como buen político, alabó “el profesionalismo, el patriotismo y la entrega del personal de la Secretaría”. A seguido anunció que los ascensos correspondientes al año 1999 se concretarían de manera inmediata y “los correspondientes al 2000 se resolverán en marzo del 2001”. Para determinarlos actuará una Junta Calificadora integrada “por personal de larga trayectoria en esta Secretaría”. En materia de salarios “se trabajará para lograr justicia y equidad”. “El salario estará ligado no sólo al desempeño, sino también a la calidad con que se realicen los trabajos asignados”. El horario será de ocho horas, salvo para el personal “que realice tareas operativas o misiones específicas”. Un párrafo especial mereció el régimen jubilatorio: “A pesar de que a nivel nacional se observan importantes cambios, la Secretaría hará gestiones para que no se cometan modificaciones importantes (sic) y trabajará para evitar posibles injusticias”. Se trata de evitar, indudablemente, que los espías sufran los avatares de los jubilados que no espían. 
El secretario Becerra advirtió que no aceptaría “indisciplinas ni inconductas” y subrayó que la lealtad es un “camino de dos vías”. Es decir: de él para con los miembros de la SIDE y viceversa. Por su parte se comprometió a “responder y responsabilizarse por acciones que realice personal de la Secretaría ante el Congreso, el Presidente de la Nación, los medios, los tribunales, la opinión pública, etc.”. Explicó que la SIDE trabaja “para defender a la Nación de amenazas o ataques contra el interés nacional”. Y, de cierre, se permitió teorizar: “La tendencia en la inteligencia moderna es contar con poca información de alta calidad y no con mucha información de baja calidad”.
Becerra le cedió la palabra al segundo, Darío Richarte, quien dejó atónitos a los presentes con una hiperbólica alabanza de Becerra: “Ahora sí tenemos un secretario que nos responde y nos respalda”. Algunos de los asistentes sonrieron con malicia, recordando la filiación santibañista de Richarte y su pertenencia al grupo que gusta de la cocina nipona. La mayoría guardó silencio coartando al orador que prometió ser breve y no se extendió, en verdad, más allá del cuarto de hora. Richarte elogió al grupo que conforman el contable Juan José Gallea, el mayor retirado del cuerpo de Ingenieros Alejandro Brousson (que tuvo decisiva participación en el secuestro de Enrique Gorriarán en México) y ahora conduce la Contrainteligencia; el amigo de Coti Nosiglia, Ezequiel Lanusse, que maneja el área estratégica de las escuchas telefónicas; el director general de análisis José Luis Vila, que también es un militar retirado y el director de Análisis Estratégico; el economista Luis Secco, vinculado con el estudio de Miguel Angel Broda (adalid del ALCA y la dolarización) y a quien Alfonsín ha descalificado recientemente por su reconocida subordinación al “establishment”. Richarte anunció que el presidente de la Corte Suprema, Julio Nazareno, visitaría próximamente la “Ojota” como un reconocimiento al acendrado legalismo que practican los “escuchadores” comandados por Lanusse y que el ex comandante de Gendarmería Enrique Gallesio (de fluidos nexos con el Mossad israelí) reemplazaría al cesanteado Román Albornoz al frente de la Dirección de Reunión de Información. En aquellos días, Albornoz –que antes estuvo vinculado con dirigentes de ATE y luego desarrolló buenas amistades navales– había perpetrado una torpe maniobra contra el ministro del Interior, Federico Storani, a quien pretendía hacer aparecer como responsable de los presuntos sobornos en el Senado. La jugada tuvo patas cortas y le costó la cabeza. 
Richarte, muy cercano –como Secco– al hijo presidencial Antonio de la Rúa, tuvo que admitir –a pesar de los elogios prodigados a varios funcionarios que vienen de la era menemista– que la imagen externa de la SIDE es mala. Reveló que en una encuesta realizada a nivel nacional sólo el 36 por ciento de los consultados sabía “qué es la SIDE”. Y que solamente el 6 por ciento tenía una imagen positiva de dicha Secretaría. 
Tras un coffee break de 15 minutos, Maica Palacios dio a conocer los resultados de otra encuesta realizada en este caso entre el propio personal de la SIDE en agosto último. De ella se desprendió que los espías se quejan de “los bajos salarios, la falta de tecnología, la inestabilidad laboral y la falta de objetivos claros”. Una frase de la consultora Palacios “debemos tratar al Presidente como nuestro principal cliente” suscitó réplicas posteriores de los espías. Algunos agentes de la era menemista como Martha Parodi, que abundó retóricamente en los conceptos “patriota” y “patriotismo”, rechazaron airadamente que el primer magistrado fuera considerado como “un cliente”.
Parodi es una de las favoritas de Richarte que ha elogiado y promovido a varios funcionarios de la SIDE menemista. Entre ellos Silvia Kucovas, Alberto Mazzina, Isabel Sarmiento, Ramón Bordes, Bettina Martelli. Y que mantiene una estrecha relación con Jorge Castro Mongan, el hipermenemista que devino asesor de Fernando de Santibañes. La visión mundial de Castro Mongan –que en los sesenta pasó del trotskismo a las filas del dictador militar Juan Carlos Onganía– parece fascinar a Richarte y abona las tesis de quienes piensan que los nexos secretos entre la administración delarruista y el gobierno menemista distan de ser una fantasía. 
Por si algo faltara para calificar el “continuismo” que impera en la SIDE de la Alianza, restarían los esfuerzos de algunos de sus agentes para mantener en el limbo judicial el nunca esclarecido episodio de los 30 millones de dólares adicionales que la Secretaría recibió el 14 de julio del año pasado. Y que algunos investigadores judiciales insisten en vincular con los sobornos en el Senado.

La historia de la pelea con el amigo americano

Lo que menos imaginó Fernando de Santibañes cuando se hizo cargo de la SIDE es que terminaría peleado con el Station Chief de la CIA en la Argentina, Ross Newland. Estudiante de la Universidad de Chicago, vinculado orgánicamente a capitales norteamericanos y deseoso de reciclar a la vieja SIDE según el patrón fijado por “la nueva CIA” que ahora se ocupa más –dicen– de temas económicos, el banquero amigo del Presidente imaginó para sí un destino similar al de su antecesor, Hugo Anzorreguy, que llegó a ser condecorado por “la Compañía” en sus headquarters de Langley, Virginia. Tampoco Ross Newland, que es jefe de estación de la CIA en la Argentina desde hace más de tres años, hubiera podido predecir que un choque con los espías rioplatenses terminaría destabicando su real identidad (algo que no se suele ver bien en los cuarteles de Langley, Virginia). Durante la era menemista la vida se presentó color de rosa para el norteamericano, cuya foto se reproduce en exclusividad en esta página. El anterior Señor Cinco, Hugo Anzorreguy, solía invitarlo a partidos de polo y a esquiar en Bariloche. El Chief se aficionó a la vida en Buenos Aires, convirtiéndose en hincha de Boca, notable comedor de asados y habitual degustador de los helados de Freddo, especialmente los de granizado de chocolate y dulce de leche. En plan de retribuir al amigo, Newland le sugirió a Anzorreguy que la persona más calificada para ocupar la delegación de la SIDE en Washington era la traductora María José Cassina, hija del coronel Alberto Cassina. Cuando De Santibañes reemplazó a Anzorreguy, Newland (que erró pronosticando el triunfo electoral de Eduardo Duhalde), se sorprendió agradablemente: al cabo no había un cambio de frente ideológico en el edificio de 25 de Mayo. Pero pronto descubrió que el banquero amigo de Fernando de la Rúa lo puenteaba y quería manejar directamente la relación con la CIA a través de los capos del cuartel general en Virginia. Tampoco le gustó que privilegiara la relación con el FBI, un tradicional rival de la Compañía. El primer conflicto se produjo cuando Newland se reunió con el nuevo Señor Cinco para acordar cómo proseguirían con el convenio de intercambio anual de agentes pactado en 1998 y percibió un marcado desinterés por parte de su interlocutor. Después se habría molestado porque De Santibañes contrató por la libre a un retirado de la CIA, Brian Lattell, para un curso de inteligencia especial, sobre el cual Página/12 informó en su momento. De Santibañes también se molestó ante una participación demasiado activa del Station Chief en el espinoso tema de los 30 millones de dudosa rendición. Pero el conflicto central del cual dio cuenta el diario La Nación en una nota firmada hace varios meses por Gabriel Pasquini, habría sido la reticencia de la SIDE para investigar a la mafia rusa, que introduciría inmigrantes en la Argentina, como escala previa –creen los norteamericanos– a EE.UU. Cada uno de esos inmigrantes eroga unos siete mil dólares para pasar la frontera y esto –asegura una fuente de la inteligencia local– habría generado fuertes intereses. Pero la gota que colmó el vaso fue el descubrimiento, por parte de Newland y sus agentes, de que estaban siendo seguidos por los hombres de 25 de Mayo. El Station Chief presentó una airada queja y las relaciones quedaron en el freezer hasta que De Santibañes partió a raíz de los famosos 30 millones. Entonces Darío Richarte fue el encargado de hacer las paces, sacrificando incluso algunos de los alfiles que habían intervenido en el espionaje sobre los superespías. La disputa con una de las agencias de la Madre Patria no podía seguir, sobre todo después de la IX Conferencia de Ministros de Defensa de América, realizada en Manaos. Allí el ministro Ricardo Hipólito López Murphy firmó un convenio con su par norteamericano William Cohen para que los servicios de inteligencia militar de ambos países colaboren entre sí. En tareas de las que el ciudadano común de este subcontinente tardará mucho tiempo en enterarse.

 

PRINCIPAL