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EL TEMPORAL DEJO EN EL CONURBANO CINCO MUERTOS Y MILES DE EVACUADOS
Lo que el viento se llevó: casi todo

Arboles arrancados de cuajo, más de 2000 casas arruinadas, un hospital arrasado: el feroz temporal, con vientos de 120 kilómetros por hora, dejó cinco muertos, 200 heridos y una ola de destrucción en el sur del conurbano. El apagón fue masivo y anoche aún 80.000 usuarios seguían sin luz. Los meteorólogos dicen que pudo ser un tornado. Y que estos fenómenos se repetirán.

Los habitantes de Guernica vieron cómo
los techos salían volando y, de un
momento a otro, ya no tenían nada.

Por Eduardo Videla

Para algunos fueron apenas diez minutos. Para otros, una eternidad. Con la fuerza de un tornado, el viento, que sopló a más de 120 kilómetros por hora, castigó con furia una franja del Gran Buenos Aires, ayer a la madrugada, y se ensañó, otra vez, con los más pobres. Arrancó árboles de cuajo, hizo volar techos, retorció chapas hasta dejarlas colgadas como barriletes de los cables de la luz y hasta derrumbó paredes de ladrillo. Mató a cinco personas, entre ellas, tres chicos de cinco años, cuyos destinos quedaron unidos por la tragedia: fueron aplastados por árboles que cayeron sobre sus casas, cuando dormían (ver aparte). El tendal de árboles caídos, de chapas arrugadas como papel y de más de dos mil viviendas destruidas dan la idea de un poblado arrasado por un bombardeo. El epicentro, otra vez, estuvo en Guernica: el hospital tuvo que ser completamente evacuado después de que los pacientes internados en terapia intensiva quedaran a la intemperie, tras la voladura de chapas y el derrumbe del cielorraso. La destrucción de un criadero de serpientes venenosas le agregó un toque apocalíptico a la tragedia: 60 yararás y cascabel se fugaron, de las cuales pudieron ser atrapadas 52. Los evacuados suman 1500, pero los autoevacuados alcanzan una cifra imposible de calcular. El gobernador Carlos Ruckauf estuvo en la zona y prometió ayuda, pero a la tarde, muchos vecinos no habían recibido la menor asistencia y en barrios de Glew y Guernica los damnificados cortaron calles y rutas para reclamar chapas, colchones y agua potable.
Todo comenzó alrededor de las 12.10, casi junto a un inmenso apagón. El vendaval afectó más que nada a Glew, Guernica, Ezeiza y González Catán, pero también La Plata y alrededores, Almirante Brown, Canning, Florencio Varela y Marcos Paz. Guernica, que llevó la peor parte, ya había sido golpeada por otro temporal el 26 de diciembre.
“¿Ustedes vienen para sacar fotos o también para ayudar?”, pregunta Mirta Palavecino, con la desesperación de quien se ha quedado sin techo y teme una nueva embestida del viento y la lluvia. Vive en la calle El Plata, de Villa París, a 12 cuadras de la estación de Glew y a 50 metros de la escuela, una construcción casi flamante cuyo techo está desperdigado por todo el barrio: hay chapas retorcidas en los cables de alumbrado y en el fondo de las casas vecinas, cien metros a la redonda.
La casa de Mónica Suárez (28) quedó reducida a un inodoro, firme sobre un piso de cemento. Las paredes de madera se vinieron abajo y los dos hijos mayores de Mónica salieron a golpear la puerta de la vecina, María Ríos, que ya había perdido su comedor: “Lloraban porque adentro había quedado la hermanita, de tres años”, cuenta María, que acertó en cobijar a los tres vecinitos y a sus tres hijos en el cuarto de adelante, que quedó a salvo del derrumbe de un árbol, que aplastó la piecita de atrás.
En la misma calle, Norma Gutiérrez llora frente a lo que era su casa, ahora convertida en un montón de trastos aplastados por maderas. Recuerda cómo hicieron, ella y su esposo, para salvar a sus cinco hijos. “Cuando se levantó el viento quise salir a levantar la ropa, pero se me cayó encima un parante y enseguida se vino abajo todo. Alcanzamos a sacar al bebé de la cuna. Nos quedamos todos sobre la cama, cubiertos con el ropero, hasta que paró la tormenta”, recordó la mujer.
Los vecinos de Villa París se quejan porque “toda la ayuda fue para Guernica y a nosotros no nos vino a ver ni Defensa Civil”. “¿Sabe si están anunciando otra tormenta?”, pregunta María Ríos, que no sabe si evacuar la casa. “Ahí andan los chorros, viendo quién se va para robarse todo. Y la policía ni ha pasado por acá”. Los saqueos de las casas destruidas, dicen los vecinos, fueron el segundo vendaval que azotó la zona.
Decenas de árboles yacen al costado de la calle San Martín, como si una gigantesca sierra hubiera hecho una tala masiva. Más adelante, en la calle 120, los vecinos del barrio Los Pinos comienzan a acumular chapas de cartón para armar una fogata. Es la forma que tienen para que alguien lespreste atención: “No tenemos agua potable y necesitamos chapas. Si van para Guernica, díganle a la televisión que venga para acá”, clama desesperado un vecino, en el piquete. A una cuadra de allí, Horacio Fernández cuenta cómo sobrevivió al desastre: “Estábamos durmiendo cuando empezó el viento. Primero se voló el techo. Los chicos (de 2 y 4 años) lloraban a los gritos. Las paredes temblaban y lo único que se me ocurrió fue esconderme detrás de ese bañito, a la intemperie”, dice, y señala lo único que quedó en pie de la casa. “Desde ahí vi cómo el viento embolsaba la casilla y la levantaba en el aire”, agrega. La parte de adelante, de ladrillos, también se derrumbó.
Las casas, en el barrio Las Yayas, a quince cuadras del centro de Guernica, parecen sacudidas por artillería. El paisaje es común a todas: colchones y ropa sobre los escombros, algunas maderas cubriendo los muebles que se salvaron, heladeras abolladas por los derrumbes.
José María Alí, que vive en el barrio desde hace 20 años, agregó otro drama a la falta de trabajo. Es albañil y él mismo fue haciendo su casa, de la que no queda nada. Por la mañana ayudó a su vecina a clavar unas chapas en una habitación, donde pasará la noche su familia. Después fue a la Municipalidad, igual que todos sus vecinos, donde lo anotaron en una lista y le prometieron ayuda que aún no recibió. Ahora espera, convertido en custodio de los pocos bienes que quedaron, para ponerlos a salvo de los saqueadores “Es increíble. A la madrugada me robaron todas las chapas”, se queja.
En Guernica, la avenida Eva Perón, el centro comercial de la ciudad, parece el escenario de una batalla reciente: toldos y marquesinas retorcidas, arboles caídos, cables cortados y vidrieras rotas. Donde termina la avenida está el hospital Cecilia Grierson, construido hace apenas tres años. “A la hora de la tormenta, un paciente de terapia decía que el cielorraso se movía. Nadie le creyó, pero al rato, desde allí podía verse el cielo. Se cortó la luz, se volaron las chapas del techo y se derrumbó el cielorraso”, relató a Página/12 el médico Walter Paz.
En el hospital había 60 pacientes internados, entre parturientas, bebés recién nacidos e internados en terapia. Todos tuvieron que ser evacuados. La fuerza del viento fue tal que derrumbó un tanque de 1000 kilos de oxígeno comprimido “que pudo haber explotado y producir un incendio”, agregó Diego Pipet, médico de guardia. En la playa de estacionamiento, dos ambulancias fueron arrastradas 40 metros por el viento y quedaron aplastadas contra una pared.
Al atardecer, el viento soplaba fresco y amenazante sobre los barrios desolados. Sin luz, sin agua, a la intemperie o bajo el techo solidario de un vecinos, los sin casa se aprestaban a pasar la noche entre ruegos al cielo y el reclamo a los gobernantes.

 

Las víctimas del temporal

Fueron cinco las muertes que dejó el temporal a su paso por el sur bonaerense. Pero en tres casos el drama fue idéntico hasta en sus detalles, apenas cambió el lugar. Eran tres chicos que dormían cuando un árbol derribó una pared de sus casas y ésta se les desplomó encima. Hasta tenían casi la misma edad: dos cinco años y uno cuatro.
El primer caso tuvo lugar en la calle Mariano Acosta al 4400, de González Catán: allí fue un varón, de cuatro años, el que murió sepultado por una pared. En Carlos Spegazzini se trató de una nena, la hija de Fortunato Pacheco y Cecilia Publisi: su casa quedaba en Pringles entre Martín García y Jujuy. El árbol estaba ubicado a diez metros de la vivienda, pero cayó con una fuerza tal que desplomó la pared como si fuera de papel. La nena murió en el acto. El último caso tuvo por escenario una casa prefabricada, en Leyes y Núñez, de Glew. El nene vivía en Berazategui y pasaba allí unos días con sus tíos.
La cuarta víctima fue Héctor Raúl Frías, de 40 años, que trabajaba en un establecimiento rural de Carlos Tejedor. En medio de la tormenta, recibió la descarga de un rayo. Y la quinta fue una mujer de 60 años que, aterrada por la violencia de la tormenta que arrancó el techo de su casa en Tristán Suárez, falleció de un paro cardíaco. En Tucumán, una nena de diez años murió al pisar un cable y un hombre de 25 cayó a un canal en Tafí Viejo.

 

Y encima, las serpientes

Como el Egipto azotado por las plagas bíblicas, Guernica sufrió ayer un castigo múltiple. A la destrucción que sembró el tornado se sumó la fuga de 60 serpientes venenosas de un criadero ubicado en el barrio Panamericano. Se trata del serpentario perteneciente a la Fundación de Estudios Biológicos, que se derrumbó y dejó en libertad a los reptiles. Las serpientes –yararás y cascabel– están destinadas a la obtención de veneno que, según los responsables de la Fundación, se utiliza para experimentos científicos, pero que de acuerdo con versiones que circulan en el Hospital de Guernica, constituye la materia prima para la elaboración de crotoxina, el célebre invento del médico Edgardo Vidal. Jorge Gould, responsable del criadero, tuvo que abandonar sus vacaciones cuando se enteró de la emergencia. Personal de Bromatología de la Municipalidad y del Museo de Ciencias Naturales de La Plata acudió para capturar a las víboras fugadas, todas venenosas. Ocho de ellas no aparecieron. “Capturamos 51 y encontramos una muerta. Las otras, seguramente, están aplastadas bajo los escombros”, dijo Gould a este diario. Por lo pronto, el hospital tuvo que equiparse con suero antiofídico, enviado por el Ministerio de Salud de la provincia y por la empresa Hazmat. Y todo el vecindario fue puesto en alerta.

 

OPINION
Por Leonardo Moledo

¿Quiénes hicieron Guernica?

El nombre de Guernica arrastra consigo una carga trágica y simbólica, un aura de destrucción: en 1937, durante la Guerra Civil española, la Luftwafe (aviación alemana) bombardeó hasta destruir por completo la ciudad vasca de Guernica –de la cual no quedó prácticamente nada– como parte de la ayuda que abiertamente prestaban las dos potencias fascistas (Alemania e Italia) a la insurrección franquista contra la República española. Al sur del Conurbano, la Guernica local, recibió no un bombardeo sino el azote de un temporal que abatió casas e incluso arrancó cimientos, como efecto de un tornado que se abatió con ráfagas de hasta 120 kilómetros por hora, que provocó por lo menos doscientos heridos, derribó árboles y postes de luz, y puso fuera de servicio al hospital central Cecilia Grierson y cientos de evacuados que difícilmente podrán reconstruir sus hogares. Lo cierto es que este tipo de catástrofes –aunque en este caso hubo daños aun en countries de la zona– suelen, como es obvio, afectar a quienes sufren condiciones de vida más endebles, viven en casas más precarias y no suelen tener seguros que les repare los daños. Es cierto que no hay manera de preparar la defensa contra los picos de catástrofe, pero también es verdad que un huracán o un tornado no produce los mismos desastres en Haití que en Miami, donde los desastres naturales están –salvo excepciones muy extremas– bajo el control de un sistema eficiente de previsión. Con respecto a la Guernica española, hay una interesante leyenda. Cuentan que mientras Picasso vivía en París bajo la ocupación alemana –durante la cual, dicho sea de paso, no fue muy especialmente molestado– recibió la visita de la Gestapo, que lo incriminó por haber pintado su célebre “Guernica”. “Usted hizo esto”, lo acusaron. “No es verdad –contestó el gran pintor–, esto lo hicieron ustedes. El nombre de la Luftwafe que bombardeó Guernica significa ‘arma del aire’.” En Guernica, ayer, el aire funcionó como un arma. Pero, dadas las viviendas precarias que no lo resistieron, de la situación social de quienes lo sufrieron... ¿quiénes lo hicieron, en realidad?

 

Los climatólogos anticipan que en el futuro será peor

A algunos les pareció estar viendo nuevamente Twister. Pero no era una película: el desastre se vivió en vivo y en directo. Los vientos de 120 kilómetros por hora arrasaron con todo lo que se les ponía por delante: techos, ventanas, árboles y postes de luz. ¿Fue o no un tornado? Los meteorólogos que intentaban ayer explicar lo que sucedió no terminaban de definirlo. El climatólogo del Servicio Meteorológico Nacional, Hugo Hordij, arriesgó a dar una respuesta a Página/12 : “Diría que fue un tornado”, sin animarse a confirmarlo totalmente porque “como el fenómeno ocurrió durante la noche no se vio la forma en que se produjeron los daños, por lo que es imposible determinarlo con exactitud”. Para Osvaldo Canziani, doctor en Meteorología, “fueron líneas de inestabilidad”. Y anticipa un futuro negro: el cambio climático promete la repetición de estos eventos “con mayor frecuencia y mayor intensidad”.
Para Hordij los destrozos provocados por la tormenta del martes por la noche fueron consecuencia de “ráfagas descendentes muy fuertes, de hasta 120 kilómetros por hora, que en algunos casos generaron torbellinos que se asemejan a tornados. En los niveles altos el viento alcanzó los 150 kilómetros por hora y toda esa masa de aire que se mueve a gran velocidad desciende y choca contra el suelo, provocando fuertes ráfagas, algunas de hasta 120 kilómetros por hora que ocasionaron los graves destrozos”. Para hacer más clara su explicación graficó: “Es como un chorro de agua que choca contra el suelo y se desparrama horizontalmente”.
“La posibilidad mayor de tormentas fuertes aisladas ya había sido anticipada por los pronósticos”, dijo el especialista del SMN, “aunque no con tanta intensidad”, aclaró. De todas maneras, Hordij destacó que “es un hecho fuera de lo normal” y lo adjudicó a “la gran diferencia térmica que se produce entre el Pacífico Sur, que está más frío, y el Subtropical, más caliente. El choque de temperaturas provoca vientos más fuertes”, concluyó.
Para los expertos de The Weather Channel, “nos encontramos dentro del comportamiento normal del tiempo, aunque se observa un incremento de la humedad con respecto a veinte años atrás, y no es posible aventurar una razón para este dato”. La explicación la dio Canziani: “Más lluvia a causa del calentamiento global”. El científico, copresidente del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático, consideró “previsible que este tipo de eventos extremos se repitan con mayor frecuencia y mayor intensidad, debido al aumento de la temperatura de la tierra y del mar, que produce un cambio atmosférico”. Agregó que “si bien es muy difícil predecir un fenómeno como el del martes pasado sería importante implementar un sistema de radares e información satelital para mejorar los sistemas de prevención”. Para el caso dio el ejemplo de Estados Unidos, que cuando se produce un tornado –lo que sucede con cierta frecuencia–, “tienen un sistema organizado y recursos tecnológicos para recuperar lo perdido. El cambio ambiental es global y frente al momento crítico habría que activar la investigación de los problemas locales y garantizar la prevención y la reparación de los posibles daños que sufra la gente”.

 


 

EN ALGUNAS ZONAS HABRA CORTES HASTA EL VIERNES
Un millón de personas sin luz

Casi un millón de personas de Capital y el Gran Buenos Aires se quedaron sin luz, como consecuencia del apagón que se produjo ayer a la madrugada, junto con el violento temporal que afectó el sur del Gran Buenos Aires. A pesar de los operativos de emergencia dispuestos por las concesionarias, 32.000 usuarios de Edesur y otros 49.000 de Edenor seguían a oscuras, ayer al atardecer. Las localidades más afectadas fueron las del sur bonaerense, con Guernica, Ezeiza y Monte Grande a la cabeza. También hubo cortes en Las Heras, González Catán, Laferrere y Moreno. En Córdoba, otros 10.000 usuarios se sumaron a la larga oscuridad, cuando la tormenta afectó las instalaciones de la Empresa Provincial de Energía (EPEC).
Los primeros cortes se produjeron en la medianoche del martes, cuando se desató la lluvia y el viento arrancó de cuajo cables y postes. La peor parte se la llevó Edesur: la tormenta sacó de servicio varias líneas de alta tensión pertenecientes al Sistema Argentino de Interconexión (SADI), y 750.000 clientes de la empresa, en Capital Federal y Gran Buenos Aires, se quedaron sin luz. En el trascurso de la madrugada, la situación empeoró, cuando la lluvia inutilizó 200 kilómetros de la red eléctrica de baja y media tensión y el viento derribó 500 postes. Daniel Martini, vocero de Edesur, señaló a Página/12 que “los partidos más afectados son los de San Vicente y Presidente Perón” y consideró que “la normalización del servicio en esas zonas se demorará por lo menos hasta el viernes, ya que prácticamente hay que reconstruir el tramo de la red que resultó afectado”. Al mismo tiempo, la empresa puso 98 grupos electrógenos a disposición de los centros asistenciales de las localidades más afectadas.
Tanto Edesur como Edenor priorizaron la seguridad para los transeúntes, removiendo los postes y los cables derribados por el temporal. Según informó Mario Yaniskowsky, vocero de Edenor, “a pedido de Defensa Civil, se debió interrumpir el suministro a 6000 clientes de las zonas de González Catán e Ingeniero Maschwitz” por el peligro que representaban los cables caídos y las cámaras inundadas.

 

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