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Harry Potter o la magia de vender libros como nadie

Los fans lo esperaban ansiosos desde hace demasiados días. Ayer, chicos y grandes se abalanzaron sobre las librerías para comprar el cuarto volumen de Harry Potter, el niño mago protagonista del suceso editorial del año. Los chicos, felices. Los libreros, más.

Algunos chicos estuvieron en la puerta de la librería aun antes de que abrieran las puertas.

Por Cristian Alarcón

Después de pasar un par de horas en algunas librerías porteñas el día en que la última de las aventuras de Harry Potter salió a la venta, es claro que todos somos muggles. Esa es la denominación para quienes no tenemos la menor idea de la zaga más exitosa de libros para chicos que se haya conocido, las historias de un huérfano maltrecho, el único mago que se ha salvado de los conjuros del mal, que acecha siempre. Buenos Aires no está ajena al fenómeno editorial del niño, ya casi adolescente, y se confirma con la publicación de una primera edición de cien mil ejemplares, número a todas luces anormal para el promedio de ventas de la república librera argentina. Se confirma por cierto, hasta para un inveterado muggle, cuando en los mostradores esos niños de padres recién cobrados se abalanzan sobre el fetiche adorado en los últimos meses: Harry Potter y el cáliz de fuego. “El tiene la vida de un mago aunque viva con gente horrible”, explica al ignorante Manuel Peralta, diez años, y poseedor de una credencial que lo acredita, aunque viva en Barrio Norte, como aprendiz del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.
Manuel recién sale de clase de educación física y todo el día estuvo pensando en el momento en que se sentaría ante las nuevas 635 páginas del cuarto tomo. De hecho son cientos –sólo en una de las sucursales de la librería Santa Fe fueron 200– los que con hasta un mes de antelación encargaron su libro por temor a que la demanda maníaca de lectores haga escasear ejemplares apenas se abriera la venta. Pues se abrió y los libreros no salen de su júbilo. Casi sólo las historias también patinadas de magia, pero imbuidas de autoayuda y neoespiritualidad, escritas por el gurú Paulho Coelho llegan a vender lo que HP, de la inglesa Joane K. Rowling. Desde que salió Harry Potter y la piedra filosofal, el primero de la serie que llegará a siete, se vendieron 30 millones de ejemplares. Así Rowling se ha convertido en la mujer más rica de Escocia, con cien millones de dólares de fortuna y lectores en 130 países.
Aquí ha sido la editorial Emecé la que ofrece desde el comienzo a Harry. Ya publicaron en total unos 400 mil libros, entre el primero y los subsiguientes, Harry Potter y la Cámara Secreta y Harry Potter y el prisionero de Azkaban. Si existe un impresionante montaje publicitario a nivel mundial, aquello que se conoce como el síndrome de abstinencia de HP ayuda en la voracidad creciente de los fanáticos del chico de la cicatriz. En este caso por ejemplo los desesperados consultan desde comienzos de marzo por la llegada de Harry Potter y el cáliz de fuego. “Primero iba a salir el 15, después dijeron que el 30, pasaron entonces para el 5. Nosotros teníamos hechos pedidos directos para largar inmediatamente la venta”, dice Noemí Bank, de la librería Santa Fe.
Cierto: a las nueve menos cinco de ayer ya había un niño en la puerta de la librería, cuenta la empleada que le entregó el suyo, recordando la sonrisa de satisfacción del fan. Pero el auge no se limita en edades. Cecilia Marsili, con un aire a la Fernández Meijide, sin las bolsas, es una médica que tiñe canas y lee con fervor los pases mágicos y los enfrentamientos con el malvado de los malvados, Lord Voldelmort. “En mi casa los tenemos todos en inglés, para los chicos. Y ahora me llevo el segundo y el último en español”, cuenta. Los chicos tiene 22 y 23 y la iniciadora fue la de 23, Jimena, quien el último verano provocó la envidia familiar con las risas que le provocaba ese libro infantil.
En la cuarta entrega de J. K. Rowling, que hacía justo nueve meses que tenía a sus lectores en la dulce espera, la historia cuenta entre mil sucesos la final mundial de quidditch, un juego con reminiscencias futboleras, pero sin zancadillas ya que los jugadores montan escobas ultrarrápidas como la Nimbus 2001, la mejor de todas, además de usar cuatro pelotas y seis arcos. En esta novela Rowling juega también ella con cierta moral en la que los perdedores no son siempre los mismos. Inglaterra descalifica vergonzosamente ante Transilvania, mientras queUganda le gana a Escocia. Juegan en un sitio al que nosotros los muggles nunca llegaremos, por un repelente mágico que hace que apenas se bordea el lugar del campeonato, se recuerde alguna obligación olvidada.
Rowling es una escritora satisfecha, no sólo por su cuenta bancaria, sino también porque desde el comienzo, dice, tiene claro qué ocurrirá en cada uno de los siete tomos. Lo que maravilla a Andrés Nazar, 12 años, uno de los que reservó con anticipación, es que en el final de cada libro todo encaje, y el título “sea perfecto”. El, miembro del club oficial de fans de Harry, asiduo visitante de Internet, pudo ver allí la película que Hollywood estrenará en breve, y hasta todas las tapas del mundo que los libros han tenido. Aunque todavía no llegó a El Principito, aquel otro mito de niños para grandes que justamente, por esas casualidades causales, fue editado por primera vez en NY un 6 de abril, como ayer, pero en 1943, cuando ni Harry ni nosotros habíamos nacido.

 

El fenómeno visto por tres autoras

Ana Maria Shua.
“Clásico y bien hecho”

“El fenómeno Harry Potter es beneficioso para los autores argentinos de literatura infantil, porque pone la atención sobre el tema y le da más jerarquía para el común de la gente. También es bueno saber que existen chicos que leen aunque no los obliguen. Harry Potter viene a demostrar que aparte de los libros que les mandan en la escuela, los chicos leen por el mero placer y alegría de leer. A los escritores nos da un poco de rabia que Harry Potter aparezca en la lista de best sellers, cuando hay otros libros infantiles que también merecerían estar por su volumen de venta. Sin embargo, hay que reconocer que antes la literatura infantil no entraba en la lista, más allá de la enorme promoción que hay en torno de Harry Potter, que hace que se venda mucho más. Los libros de la serie me encantan para los chicos, aunque no aporten grandes novedades: son clásicos y sin experimentación, pero están bien hechos, son redondos, con una buena estructura narrativa y llenos de conocimiento sobre las relaciones entre los chicos y de éstos con los adultos.”


Beatriz Ferro.
“El libro me defraudó”

“Me produjo una gran curiosidad conocer los ingredientes del éxito de ventas, pero debo decir que me defraudó: literariamente me parece pobre, tiene una estructura muy sencilla de crear un suspenso a partir de una situación inquietante, que poco antes de ser resuelto da lugar a otro hecho que introduce un nuevo suspenso. Genera un vínculo efímero con el lector, no como otros libros que uno lee una sola vez y los recuerda toda la vida. Parece hecho por computadora, como si fuera un guión. Sinceramente no me dejó nada, y me llama la atención que algo tan acotado como la historia de un chico en una escuela inglesa resuene tanto en todo el mundo y produzca tanta identificación. El crítico literario Harold Bloom, en relación a Harry Potter y a su impresionante suceso, se preguntó si 35 millones de compradores pueden equivocarse, y su respuesta fue: “Sí”. De todas maneras, me alegra el éxito por tratarse de un libro, es bueno que se instale nuevamente el placer de dar vuelta lentamente las hojas en oposición a lo espasmódico de otros medios, es el triunfo de la palabra sobre la imagen.”


Ema Wolf.
“Es eficaz y atractivo”

“Me parece bárbaro que los chicos lean y se interesen, si yo fuera chica también me engancharía. Tiene ingredientes atractivos y ya probados de la narrativa clásica popular: es mágico, gótico, es muy atractivo el ámbito escolar en que se desarrollan las historias y tiene algo del clima de El Mago de Oz. Es lealmente eficaz y legítimamente atractivo. Si bien no aporta nada nuevo en el campo de la literatura y no sorprende, esto no le quita méritos, porque no es un libro ambicioso. Por otra parte, el fenómeno de Harry Potter rompe con el absurdo criterio de que los chicos leen poco y corto, lo que llevó a hacer monstruosas adaptaciones de clásicos, como Moby Dick en diez carillas. Esto demuestra que cuando un libro es atractivo, los chicos lo leen sin importarles la cantidad depáginas que tenga. También hay que tener en cuenta que este formidable fenómeno de ventas tiene mucho de marketing, producto de las editoriales de los países centrales: estos sucesos nunca se generan desde la periferia. Si la autora hubiera nacido aquí y lo hubiera publicado una editorial pequeña, seguramente no opinaríamos sobre Harry Potter.”

 

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