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OPINION

Un gobierno ajeno

Por Eduardo Jozami

Empezamos diciendo que no
Y hemos terminado asintiendo
Queríamos ir para allí
Y nos hemos dejado llevar en un sentido totalmente opuesto
Francisco Urondo, 1959

Seis meses atrás, cuando Chacho Alvarez renunció a la vicepresidencia, quedó en evidencia la crisis irremediable de la Alianza: el principal dirigente del Frepaso entendía que no podía permanecer en un gobierno que –tanto por los efectos de la política económica como por la debilidad en la lucha contra la corrupción– se alejaba cada vez más de las expectativas de quienes lo habían votado. Es cierto que más tarde Alvarez –que hoy se critica esa vacilación– no encontró un lugar ni junto al gobierno ni en la oposición y es esa angustiosa indefinición personal la que parece haberlo llevado al nuevo alejamiento que anuncia en estos días. Esa indefinición reflejaba también la situación de su fuerza política, poco dispuesta a abandonar los magros espacios de poder en el gobierno nacional pero imposibilitada de justificar esa actitud desde los principios del Frepaso.
La salida de escena de Chacho clausura esas dudas que nunca llegaron a constituirse como posturas para el debate y siembra ominosos interrogantes sobre el futuro del Frente. Por eso, la tarea hoy no consiste en elegir un grupo de dirigentes que reemplace en la conducción al ausente sino en comprender las razones de la crisis y abrir una discusión muy amplia que intente contener a la fuerza y evitar una dispersión que ya ha comenzado. Así también lo entiende Chacho Alvarez porque su elogio a Elisa Carrió no es sino un tardío reconocimiento de que los simpatizantes y militantes del Frente miran cada vez con más interés a quienes intentan reconstruir una propuesta progresista desde fuera de la Alianza gobernante.
El nuevo perfil de Cavallo duró tanto como era previsible y hoy aparece otra vez el viejo rostro del ajuste. Pero no es sólo la gestión de la economía la que resulta difícil de justificar desde el Frepaso, lo mismo ocurre con el voto contra Cuba en la ONU o la política de Derechos Humanos. Es fácil entender, en consecuencia, la sensación de ajenidad ante el gobierno nacional que predomina hoy en el Frente.
El Frepaso gobierna hoy varias de las principales ciudades del país sin violentar los compromisos electorales y mostrando que es posible gestionar atendiendo a las prioridades de la sociedad. En la ciudad de Buenos Aires, el gobierno de Aníbal Ibarra privilegia el desarrollo de la zona sur y las políticas hacia los sectores de menores recursos mientras mantiene su compromiso con los derechos humanos y se integra en el concierto de los gobiernos progresistas del cono sur junto a Porto Alegre, San Pablo, Rosario y Montevideo. Defender y profundizar esta gestión es parte fundamental de cualquier propuesta de reconstrucción de nuestro espacio político.
Asimismo, la creación del Frepaso fue parte de un proceso más vasto de cuestionamiento a la cultura del menemismo , que se expresó tanto en el creciente rechazo a la corrupción de la vieja política con su asociación entre dinero y poder como en el surgimiento de una nueva oposición sindical y de nuevas formas de participación social, las que hoy se expresan en el reclamo de consulta popular por el seguro de empleo y formación. La constitución de la Alianza tuvo mucho que ver con el apagón de septiembre de 1996 y con la Carpa Docente y no será posible reconstruir el espacio de centroizquierda sin replantearse esa necesaria vinculación. Es más, el compromiso con la gestión de Cavallo y De la Rúa lleva al cuestionamiento de la propia identidad. ¿El Frente sigue considerándose una fuerza progresista?, ¿Sigue defendiendo los mismos valores en torno a los que se constituyó?

* Frepaso. Subsecretario de Vivienda. Gobierno de la Ciudad.


 

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