Principal RADAR NO Turismo Libros Futuro CASH Sátira


ENTREVISTA AL ARTISTA DE CIRCOCALLEJERO CHACOVACHI
“Soy el payaso contestatario”

Trabaja los sábados y domingos al aire libre, en la Plaza Francia, pero sólo por tres meses. Luego sale de gira por el mundo. A veces, es agresivo, porque, sostiene, los payasos están para decir verdades.

Chacovachi comenzó a trabajar en 1982 en Plaza de Mayo, cuando los militares empezaban su retirada.

Por Javier Aguirre

El payaso/cazador busca a algún espectador que le sirva de partenaire/presa para su espectáculo. Chacovachi, el artista, aclara lealmente que no va a elegir a nadie que no lo esté mirando a los ojos, a nadie que no le enfrente la mirada. Pero la mezcla entre el miedo al papelón público y el deseo de saltar al centro de la arena hace que la gente no sepa si mirarlo a los ojos o no. El espectáculo de este payaso, que se presenta desde hace trece años los sábados y los domingos en Plaza Francia, es muy divertido y se compone de malabares, chistes y trucos mágicos. El círculo humano que lo rodea en cada acto siempre es más grande al final de la función que al principio: el que pasa y lo mira, se queda.
Con casi veinte años de carrera, Chacovachi –que se llama Fernando Cavarozzi y tomó su nombre artístico de un pueblo de Río Negro, Ingeniero Jacobacci– sólo se presenta en la Recoleta en abril, mayo y junio, ya que durante el resto del año presenta su espectáculo en distintos países de América Latina y Europa. Y en verano, por la Costa Atlántica gira con su compañía de circo, el Circovachi.
–¿Es difícil lograr que la gente se detenga a ver un espectáculo callejero?
–Gracias a la TV por cable, hoy podés ver en vivo a los manatíes en el Amazonas, sexo en los reality shows, gente volando, dinosaurios, lo que quieras. No es tan fácil sorprender. O sea que además de ofrecer una propuesta artística, tenés que ser entretenido. En el espectáculo de circo en vivo, la sorpresa es clave. Y tienen que estar la transpiración del artista, ese patetismo de la verdad, la cosa incierta de ver al payaso convocando a la gente a sentarse en el piso. Es crudo, pero el artista callejero está como en bolas. En la calle, si a la gente no le gusta lo que ve, se va. Yo trato de hipnotizar al público para que se quede.
–¿Tiene distintos espectáculos?
–Mi personaje es muy fuerte, así que aunque cambie cosas en las funciones, el espectáculo es el mismo. Lo que cambia es el público, y el desafío es repetir la función siempre confrescura. Yo soy un laburante del arte, llevo mi espectáculo por todos lados y sobrevivo bien. Actualmente sólo estoy tres meses al año en Plaza Francia, y después salgo a trabajar en festivales afuera, a veces contratado por organizaciones de festivales o por alcaldías de ciudades. Acá, lamentablemente, el Gobierno no les da ni un cospel de subte a los artistas callejeros. Los funcionarios prefieren invertir cien lucas en un solo concierto gratuito en verano que contratar a mil artistas callejeros a hacer giras –que son baratísimas– por todo el país.
–¿Cómo maneja la relativa agresividad con la que su personaje se dirige al público?
–Parece que en la plaza hago lo que quiero, pero en realidad mantengo un esquema de trabajo. El payaso Chacovachi va al filo de lo agresivo, pero la gente lo quiere. Hace falta cierta cuota justísima de agresividad para mantener a 400 personas a tu alrededor, sin echar a nadie. Que se entienda como juego y no como insulto. Es un estilo. Ni siquiera los chicos, que a veces se asustan con los payasos, me tienen miedo. Yo los miro a los ojos y ellos saben que el mensaje es: “Loco, todo bien, estamos jugando”.
–¿Cómo comenzó su carrera?
–Empecé en 1982, después de la colimba, en Plaza de Mayo, cuando los milicos anunciaron que se iban. Estudiaba mimo y pensaba que iba a trabajar en teatros, pero armé un espectáculo en la calle, y me fue muy bien. La gente se ponía en redondo a mi alrededor, como si fuera un pequeño Coliseo romano. Cuando están en ronda, la risa de la gente rebota. Me entusiasmé y decidí prepararme para trabajar específicamente en ese payaso, que era todo lo contrario del under y el Parakultural. Mi payaso vive a luz del día, ve las caras de la gente. No es under sino popular.
–¿El artista callejero se queda afuera del reconocimiento?
–El payaso tiene un lugar especial. El bufón fue históricamente el que decía lo que nadie se animaba a insinuar, el que se podía reír del rey. Yo puedo decir cualquier cosa sin que nadie se enoje. El artista callejero que se pelea con la policía en la plaza, que enfrenta lo inesperado de la calle, que antes de cada función tiene miedo de perder la magia. Es más real que el de la tele. Un payaso sin crítica, sin compromiso social, sin conflicto, sin choque... no existe. Lamentablemente, McDonald’s ha hecho mucho para sacar al payaso de su lugar contestatario. Y yo me siento un payaso contestario, en un país donde la mayoría de los payasos están en la política.

 

PRINCIPAL