Principal RADAR NO Turismo Libros Futuro CASH Sátira


UN POLICIA “ARREPENTIDO” PIDIO SER REFUGIADO EN URUGUAY
Cruzando el charco de las amenazas

Es el cabo que dijo
que la �masacre de Los Polvorines� fue armada por la Bonaerense. Investigan por el caso a tres policías.

En busca de dos ladrones llegaron a Los Polvorines unos 200 policías de todo
el conurbano.

Por Carlos Rodríguez

El cabo “arrepentido” de la Policía Bonaerense Hugo Adrián Montenegro, quien recibió amenazas de muerte luego de denunciar que la Jefatura de la fuerza “armó” en agosto de 2000 la llamada Masacre de Los Polvorines, donde murieron tres delincuentes y un policía, está escondido en Uruguay, donde realiza gestiones ante la Embajada argentina y ante representantes del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), con el propósito de conseguir la residencia en el país vecino para ponerse a salvo de lo que considera “un complot” para asesinarlo. El peregrinaje de Montenegro, su esposa y sus tres hijos menores –antes habían escapado al Paraguay–, continúa mientras en el expediente se está investigando la actuación de tres efectivos policiales que habrían sido los responsables de una maniobra de inteligencia previa al operativo en Los Polvorines, que según los indicios fue armado para detener a los presuntos autores del robo a un banco y mejorar con ello la alicaída imagen de la Bonaerense.
En su momento, cuando estaba en Paraguay, hasta donde viajaron los fiscales de la causa para tomarle declaración, Montenegro dijo que los supuestos responsables ideológicos de la operación fueron el ex jefe de la Bonaerense comisario Eduardo Martínez y el actual ministro de Seguridad, comisario Ramón Orestes Verón, pero luego se desdijo respecto de esos dos nombres. La causa, que había comenzado en agosto pasado con intervención del fiscal de San Martín Mario Marini, quien detectó varios puntos oscuros, tomó impulso en abril de este año, tras la presentación de Montenegro y el pedido del fiscal general Luis María Chichizola para que se intensificara la investigación.
Una fuente allegada a la causa precisó a Página/12 que el punto central de la denuncia de Montenegro apunta “a tres policías que habrían estado en el lugar del hecho (una villa de Los Polvorines), supuestamente para ‘preparar’ el escenario”. El suceso comenzó con el enfrentamiento entre dos policías y tres ladrones. En ese primer tiroteo falleció el sargento primero Julio Sánchez, quien recibió un proyectil en la cabeza que ninguna de las varias pericias realizadas pudo determinar si partió de las armas que tenían los ladrones o las que portaba la propia policía.
Minutos después, más de 200 policías rodearon el lugar y acribillaron a los ladrones, Eduardo Leguizamón, Sergio Torres y Fabio Bricela. Dos de ellos recibieron entre 50 y 75 balazos, aunque todo hace pensar que era muy fácil detenerlos con vida. Tal fue el desenfreno, que el sargento Claudio Medina –que participaba del operativo– fue herido de gravedad por un proyectil calibre 12,70, propio de las escopetas policiales. El cabo denunciante se escapó ahora al Uruguay, porque sigue recibiendo amenazas de muerte, igual que su hermana Alejandra, que también es policía, y el padre de ambos. El propio fiscal Chichizola fue amenazado y por eso se mantiene en reserva el nombre de los integrantes del “grupo de fiscales” que hoy lleva la causa “para ponerlos a salvo de cualquier tipo de presión”, dijeron las fuentes.
En Montevideo, Montenegro fue recibido tres veces por el embajador argentino, Juan Manuel Casella, a quien le pidió ayuda económica y apoyo en su gestión para acogerse a los beneficios del ACNUR, según confirmaron a este diario fuentes diplomáticas. Mientras se define si Montenegro tiene el status que requiere el ACNUR, el embajador Casella realiza una gestión personal ante la Secretaría de Justicia de la Nación, para saber si el policía perseguido puede ser “testigo protegido” del gobierno federal argentino, fijando su residencia en alguna provincia, lejos de Buenos Aires, donde viven los autores de las amenazas.
El cabo “arrepentido” estuvo cinco veces bajo el amparo del Programa de Protección de Testigos del gobierno bonaerense, pero otras tantas veces salió del mismo “porque tiene hijos chicos que no pueden vivir todo el tiempo encerrados y porque serían policías los mismos que lo custodian”, circunstancia que “le genera mucha desconfianza”, precisó la fuente, que repitió lo dicho por Montenegro en sus reuniones con Casella. Las amenazas contra el cabo fueron repudiadas por la diputada del Frepaso Graciela Podestá, titular de la Comisión de Seguridad de la Cámara Baja bonaerense. “La vida de los testigos protegidos corre serio riesgo”, sostuvo Podestá, quien se preguntó “cómo es posible que cuatro cobardes sean capaces de amedrentar a un montón de gente desde las sombras”. Podestá dijo que también ha recibido amenazas el fiscal Hernán Collantes, quien investiga otra causa por corrupción en la policía provincial (ver aparte).

 

Un policía procesado por amenazar colegas

El sargento de la Bonaerense Sergio Brindo fue procesado ayer, acusado de amenazar a un ex policía que denunció la mafia del Comando de Patrullas de Vicente López. El ex cabo Carlos Ignacio Márquez, entre otros, había declarado como testigo protegido contra 24 policías de Vicente López y de La Florida, de los cuales 19 fueron detenidos y luego liberados por orden de un juez. Márquez, después de reiteradas amenazas, decidió refugiarse en Estados Unidos.
El procesamiento de Brindo fue resuelto ayer por el fiscal de San Isidro, Héctor Collantes, después de tomar declaración indagatoria al sargento, que sigue prestando servicio. Márquez había sostenido que Brindo lo amenazó de muerte y le aseguró que “iban a eliminar a todos los testigos”.
El caso del Comando de Patrullas de Vicente López es conocido como la “Megacausa” y en ella se investigan delitos de asociación ilícita, estafa, malversación de caudales públicos, cohecho, falsificación de documento público, enriquecimiento ilícito, abuso de autoridad, violación de deberes de funcionario, hurto calificado, encubrimiento agravado, extorsión y coacción. Las acusaciones fueron formuladas por un grupo de 35 policías, entre los que figura Márquez, quienes en su denuncia incluyeron a varios jefes. Pese a la detención de 19 de los 24 acusados, en enero pasado el juez Diego Barroetaveña ordenó liberarlos por entender que las acusaciones no podían sostenerse sólo en testigos de identidad reservada, sin tener en cuenta que eran miembros de la misma fuerza, y nada menos que 35.
El cabo Márquez, que prestaba servicio en el Comando, decidió renunciar y refugiarse en Estados Unidos, pero antes de partir denunció que “existe un plan para matar a todos los testigos” y para iniciarle juicio político al fiscal que lleva la causa, es decir, Collantes.

 

OTRO COMPLOT CONTRA UNA DENUNCIANTE DE TORTURAS
Una defensora en peligro

Un preso de la Unidad 29 de Florencio Varela denunció ayer que un jefe del Servicio Penitenciario bonaerense le ofreció recuperar su libertad a cambio de “pegarle unos tiros” a un hijo de una defensora oficial de San Isidro. Se trata de María Dolores Gómez, quien viene soportando una serie de persecuciones y presiones a raíz de sus denuncias de torturas en comisarías y cárceles de la provincia. El caso anterior ocurrió hace dos semanas, cuando un preso la llamó por teléfono para avisarle que había un complot para asesinarla.
La denuncia fue radicada ante la Fiscalía de Cámara de San Martín por un detenido que declaró bajo reserva de identidad. En la presentación, el hombre denunció que el Jefe de Seguridad del Servicio Penitenciario, de apellido Bagnasco, le ofreció recuperar su libertad a cambio de que le “pegue un par de tiros” al hijo de la defensora.
Agregó que el pasado 10 de mayo, al mediodía, Bagnasco lo llevó hacia el lado de sanidad de la Unidad, donde le manifestó que tenía un ofrecimiento que hacerle a raíz de que se hallaba en condiciones de recuperar su libertad y podía irse con libertad asistida. Dijo, además, que la propuesta se la hizo a él porque era de la zona de Villa Martelli, donde vivía la defensora oficial, “que les estaba causando un estorbo y que por ello querían que le cause un daño a su hijo”.
En la denuncia precisó que el jefe penitenciario le dijo que “Gómez se había metido en Sierra Chica y se estaba metiendo en el Penitenciario, por lo que estaban perdiendo 230 mil pesos por un adicional que se les paga a los agentes por uniforme”. Añadió que le manifestó además que la funcionaria judicial ya había tenido un atentado, “pero que éste tenía que ser peor y que tenía que estar dirigido al hijo de la doctora”.
“Tenía que darle un par de tiros al hijo, no matarlo, solamente asustarlo para que no se meta más con el servicio penitenciario”, explicó. El detenido declaró también que el ataque “debía producirse después del 27 de agosto”, debido a que él saldría en libertad después de esa fecha.
El 17 de mayo último, la defensora denunció que un preso la llamó para avisarle que personal del Servicio Penitenciario bonaerense iba a matarla “porque hay mucha bronca” con ella. La defensora entregó ante el fiscal un casete con la charla que tuvo con un preso de la cárcel de Rawson, quien le advirtió que personal del Servicio Penitenciario Bonaerense la iba a matar. Esa no fue la primera vez que la defensora denuncia haber sido víctima de una intimidación. El 16 de abril pasado el titular de la Defensoría del Tribunal de Casación bonaerense, Mario Coriolano, había denunciado ante la Suprema Corte de Justicia las persecuciones que padece la defensora por denunciar casos de tortura en comisarías y cárceles.

 

PRINCIPAL