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CASO CIPOLLETTI: PERPETUA PARA UN ACUSADO Y 18 AÑOS PARA EL OTRO
Una condena con sabor a incompleta

El tribunal condenó a Claudio Kielmasz a prisión perpetua y a Gillermo González Pino a 18 años por el crimen de las tres chicas. Dos policías acusados de encubrimiento fueron absueltos. Quedó la certeza de que hubo otros participantes.

Los acusados, Claudio Kielmasz
y Guillermo González Pino, al escuchar la sentencia prevista.

Fue una lectura de sentencia hecha sobre los fuegos de la insatisfacción y la protesta: aun cuando no cabían dudas sobre las condenas que recibirían los dos acusados, finalmente prisión perpetua para Claudio Kielmasz y 18 años para Guillermo González Pino. El juez César López Meyer largó la lectura de la sentencia por el triple crimen de Cipolletti cuando sobre la calle Belgrano todavía ardían contra el viento cuatro muñecos, encendidos por los manifestantes que poco creían en el resultado del juicio oral más largo de la historia de Río Negro. Uno de ellos pretendía ser el gobernador Pablo Verani, otro la Justicia, los dos restantes, policías. Los monigotes incendiados simbolizan las sospechas de encubrimiento policial y político del perverso asesinato de tres chicas tras el desfile de ciento y tantos testigos, y tres meses de audiencias. Para el tribunal quedó demostrado a lo largo de este tiempo que Kielmasz y Del Pino fueron dos de los ejecutores de las tres mujeres: la mano de la justicia –por el encubrimiento del que se encargó la policía provincial, una acusación por la que ayer fueron absueltos dos ex miembros de la fuerza por falta de pruebas– no llegó hasta el resto de los partícipes, que ayer deben haber escuchado la sentencia en directo, lejos del tribunal, por las radios locales.
Desde hace varios días que el Tribunal, integrado por los jueces López Mayer, María Evelina García y Juan Rotter, previene a los familiares de las víctimas de una manifestación demasiado ruidosa el día de la sentencia. A través de un escrito llegaron a intimar con trasladar la lectura del veredicto a General Roca, y a puertas cerradas. Pero salvo algunos forcejeos al entrar a un recinto rodeado de policías del grupo especial Bora, o una interrupción por la tarde cuando sonaban demasiado los bombos, la audiencia final no sufrió suspensiones. Eso no la hizo menos larga. Comenzó pasadas las 15. Terminó cuando eran más de las 21.
En el medio, la lectura incluyó la revisión minuciosa de las pruebas volcadas en el juicio. De todas ellas, la inclusión de dos testimonios sobre el momento en que fueron “levantadas a la fuerza” las chicas sobre la calle San Luis, en la circunvalación de Cipolletti, fue clave.
El viejo relato de un vecino, ya muerto, Rafael Hurimán Lloncón, permitió a los jueces reconstruir la escena en la que fueron secuestradas las chicas. El testimonio del hombre había pasado casi inadvertido en la instrucción de la causa a los ojos del juez Pablo Iribarren. Pero en la revisión de lo actuado el tribunal de la Cámara Segunda convocó a las personas que lo escucharon, ya que Lloncón murió en un accidente de tránsito antes de poder sentarse ante los magistrados. Y reflotó esa declaración. En su relato Lloncón dejó claro que el 9 de noviembre de 1997 cuando eran poco más de las 20 y regresaba por la calle San Luis hacia Cipolletti vio venir a dos autos, uno blanco y uno verde. Casi al mismo tiempo vio a Paula y María Emilia González y a Verónica Villar que caminaban por la banquina. En el coche blanco iban cuatro personas, en el otro dos más. Uno de ellos, de pantalón negro, sacó un arma. Hubo forcejeos, pero pronto las chicas fueron obligadas a subir. Lloncón aseguró que el auto verde parecía un Taunus, y que no tenía patente.
Entre los nuevos testimonios tomados en cuenta durante el juicio también fue importante el de una chica menor de edad que trabajaba como prostituta y que no había declarado antes. Ella reconoció a los dos hombres acusados como a quienes vio llevarse a las tres amigas del mismo lugar donde las vio Lloncón. Por eso las acusaciones de los representantes de las familias y del fiscal, que pidieron que Kielmasz y González Pino sean condenados a reclusión perpetua por “homicidio calificado agravado por ensañamiento” no prosperaron. Los jueces condenaron a Kielmasz, de 27 años, por “secuestro agravado y reagravado (por tratarse de tres casos) seguido de muerte, con dolo eventual” y por ello mereció la cadena perpetua. En el caso de Guillermo González Pino, de 32, fue declarado “coautor de secuestro agravado en dos oportunidades”, pues se comprobó que las tres chicas fueron subidas a los autos de los acusados y retenidas en algún sitiorural de Cipolletti. De todos modos, el tribunal consideró que ambos “debieron tener un protagonismo activo y de algún modo participaron también de la relación sexual con las jóvenes”.
Además de las penas ayer también hubo dos absoluciones. Quedaron libres de culpa y cargo el ex subcomisario José Luis Torres y el ex sargento Luis Minervini. Torres había sido acusado por plantar pruebas contra Horacio Huechumir y Hilario Sepúlveda, los dos primeros detenidos de la causa, dos marginales que cayeron presos el mismo día que los cuerpos de las tres chicas fueron encontrados bajo los olivillos de una chacra, cerca de donde fueron secuestradas. Minervini era juzgado por haber preparado a una testigo para que hiciera una investigación orientada a culpar a los mismos hombres. Las familias habían pedido que se los condenara a tres años de cumplimiento efectivo, pero los jueces no encontraron pruebas para hacerlo. Ayer el apagado fuego de los muñecos, fuera de la sala, dejaba paso a lo que había adelantado el fiscal cuando hizo su acusación: “el amargo sabor de no saber toda la verdad”.

 

Cronología del triple crimen

9 de noviembre de 1997: Desaparecen las hermanas María Emilia y Paula González y Verónica Villar. Habían salido a caminar por la zona de las chacras.
11 de noviembre: Aparecieron los cuerpos sin vida de las chicas. Las hermanas González fueron asesinadas a balazos y Villar murió asfixiada. Las tres habían sido violadas. Ese mismo día, la policía detuvo a dos marginales: Hilario Sepúlveda y Horacio Huechumir. Los acusan de homicidio en base a pruebas fabricadas.
10 de enero de 1998: Sepúlveda y Huechumir son liberados por falta de mérito.
14 de enero: Claudio Kielmasz, quien le dijo al padre de las dos chicas donde se encontraba el arma asesina, quedó procesado como autor del triple crimen. Pasó de testigo a imputado: el arma era de su madre.
6 de junio: La provincia de Río Negro denunció a nueve policías por asociación ilícita. Los acusan de fabricar las pruebas contra Sepúlveda y Huechumir y desviar la investigación. Entre ellos estaba el subcomisario Luis Seguel, procesado por encubrimiento.
30 de julio: Carlos Aravena, testigo de la detención irregular de Sepúlveda y Huechumir, apareció decapitado en un barrial.
7 de agosto: Guillermo González Pino se convirtió en el segundo imputado. Su ex pareja denunció que había usado su camioneta para trasladar los cadáveres.
13 de agosto: Se revocó el procesamiento de Seguel. No así el del comisario José Luis Torres y el sargento Luis Minervini, quienes fueron a juicio. Ayer ambos fueron absueltos.

 

HABLAN LOS PADRES DE LAS CHICAS ASESINADAS
“Sigue intacto el encubrimiento”

Por Horacio Cecchi

“Esto sigue igual que antes. Todavía sigue intacto el poder político que encubre a los asesinos.” Ulises González, padre de Paula y María Emilia, no tuvo dudas en su lectura del fallo. Juan Villar, padre de Verónica, tampoco: “Fue un juicio trucho rebautizado como show”. La evidente disconformidad de los familiares de las víctimas tenía una razón de ser, pese a las elevadas condenas recibidas por Claudio Kielmasz (perpetua) y
Guillermo González Pino (18 años): “Los verdaderos asesinos no fueron enjuiciados, y están cubiertos por el poder”, sostuvo González. Tampoco quedaron conformes con la absolución del comisario José Luis Torres y el sargento Luis Minervini, acusados respectivamente de haber plantado pruebas y de preparar testigos. “Pedimos el máximo de la pena por encubrimiento, pero la Justicia decidió que no eran culpables”.
–Tenemos una pequeña batalla ganada, pero falta mucho –aseguró Ulises González–. Esperemos que Kielmasz, que sabe mucho más que lo que dicen que sabe, no quiera comerse la perpetua y diga algo más.
–¿La causa sigue abierta?
–La que sigue abierta es la que ellos (la justicia) llaman la causa residual, pero que para nosotros es la causa más importante porque es la que investiga a los verdaderos asesinos.
–¿Entonces, Kielmasz y González Pino no participaron?
–Tuvieron una participación: para el tribunal Kielmasz es el que entregó el arma asesina, y González Pino fue autor del secuestro, y el que se demostró por un testigo que permaneció más tiempo en contacto con nuestras chicas. Puede haberlas golpeado y matado, pero no fue probado.
–Kielmasz se enredó solo y González Pino es un comodín de la policía. Para nosotros, los asesinos siguen libres –denunció Juan Villar–. Con este juicio, los únicos que están conformes son los policías asesinos, protegidos por los poderosos, y el gobernador Pablo Verani, que deja las cosas como están.
–¿Ustedes estuvieron de acuerdo con la idea del fiscal, quien consideró que las asesinaron por error?
–Es una hipótesis más. Tiene algunos fundamentos –sugirió González.
–Fue parte de todo el circo –aseguró Villar.
–Yo soy de la idea de que en los asesinatos participaron policías y también hijos del poder –agregó González.
–Parece que tuviera algunos nombres.
–Los tengo, pero por ahora me los reservo.
–¿Qué opina sobre la absolución de Torres y Minervini?
–Pedimos el máximo de la pena de encubrimiento, que son tres años. Pero la justicia no consideró que fueran culpables y los absolvió por el beneficio de la duda.

 

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