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EL MINISTRO JUAN PABLO CAFIERO REPUDIO EL ADOCTRINAMIENTO INFANTIL
“Están militarizando a la niñez”

Como respuesta a la revelación de Página/12 sobre el entrenamiento policial de criaturas en Jujuy, el ministro de Desarrollo Social consideró que �el cambio de ropa y comida por �adoctrinamiento� es una extorsión�. Silencio del gobierno provincial.

Por Felipe Yapur

Tras la publicación en Página/12 de los contenidos y actividades que tienen las agrupaciones infanto-juveniles que promueve la Policía de Jujuy, como una forma de garantizar el control social, el ministro de Desarrollo Social, Juan Pablo Cafiero, fue el funcionario de mayor rango que las repudió. Aseguró que “es bastante difícil pensar que se podrían impartir nociones de respeto a los derechos humanos y contra la violencia, haciendo marchar a los chicos con trajes de combate y con palos que simulan armas”. El gobierno jujeño en manos del peronista Eduardo Fellner, en cambio, prefirió el silencio y le cedió el protagonismo al jefe de esa fuerza, el retirado teniente coronel Horacio Gentiluomo, quien sólo atinó a sostener que las críticas a sus escuelas representan una “afrenta al pueblo”.
Cafiero consideró que estas escuelitas no significan otra cosa que la “militarización de la niñez” que parte del supuesto de que “la infancia y la adolescencia son en sí peligrosas”. Y fue un poco más allá, al advertir que aquella idea de señalar a los niños pobres como potenciales delincuentes no es nueva: “Durante la última dictadura las expresiones contra los niños y los jóvenes eran de todos los días”, dijo y agregó que repudia este mecanismo que “se monta sobre la necesidad de muchas familias de contar con vestido y alimento para sus hijos, que no es otra cosa que un dispositivo de control social sobre los pequeños excluidos”.
El ministro de Desarrollo Social –el único frepasista que sobrevive en el gabinete nacional– advirtió que “el cambio de ropa y comida por ‘adoctrinamiento’ es una extorsión frente a la cual los argentinos, porque tenemos memoria, debemos dar una contundente respuesta”.
En la Cámara de Diputados, en tanto, el jefe del bloque aliancista, Darío Alessandro, instruyó a sus asesores la redacción de un pedido de informes para conocer los alcances de estas agrupaciones y si no violan el articulado de la Declaración Universal de los Derechos del Niño que integran la Constitución Nacional.
Son más de mil chicos jujeños que día a día concurren a estas escuelitas a contraturno de aquellas donde aprenden a leer y escribir. Reciben instrucción policial que consiste en el tradicional orden cerrado: abdominales, lagartijas y práctica de desfiles y formación. Pero también los instructores realizan un control de la educación recibida en las escuelas y “brindan apoyo escolar”. A cambio de concurrir a las escuelas, los chicos reciben comida, uniformes y “protección”.
Es también cierto que estas agrupaciones son comunes en esa provincia y no despiertan la más mínima sospecha. Para los diarios jujeños, por ejemplo, es una noticia más y no dudan en dar cuenta de la inauguración de una nueva escuelita de niños policías. Gentiluomo así lo cree y dijo que “no hay nada que ocultar porque nuestro objetivo es dar contención a los menores en riesgo, sacarlos de la calle e inculcarles normas civiles, morales y actividades deportivas”.
Según el propio Gentiluomo, son más de 1000 los chicos que pueblan estas agrupaciones. Todos provienen de los sectores más humildes y hasta ahora son 17 las escuelitas pero la conducción de la Policía prevé que estas sean 36, cubriendo así la totalidad del territorio. Ayer, el jefe policial rechazó las críticas porque “son una afrenta al pueblo de Jujuy”, pero igual cambió y atemperó su discurso sobre la dictadura que había pronunciado el 25 de julio en la localidad de San Francisco cuando reconoció que “perdimos la oportunidad histórica de cambiar las cosas”. Ahora, Gentiluomo prefirió algo más leve: “Todos debemos admitir nuestra culpa por los viejos desencuentros de los argentinos. Respeto a las personas que no quieren olvidar el pasado, pero que simplemente piensen que debemos unirnos para que nuestros hijos y nietos tengan una Argentina mejor, para no repetir el pasado”. Igual, Gentiluomo buscó salirse del ojo de la tormenta. En declaraciones radiales aseguró que Jujuy no es la única provincia que promueve este tipo de escuelas y agregó, para más datos, que la Gendarmería Nacional tiene en su organigrama algo similar: la Gendarmería Infantil. Y no se equivocó (ver nota aparte). Pero, claro, se vuelve un poco difícil contemplar su condición de jefe de las agrupaciones de niños policías que pretenden darle a los chicos de 5 y 17 años “apoyo y contención” con la causa por abuso de autoridad que le instruye la justicia provincial, a partir de un violento desalojo que realizaron sus subordinados durante los primeros días de junio a piqueteros de la Corriente Clasista y Combativa.

Cómo aprender a espiar
Olga Márquez de Arédez, de Madres de Desaparecidos de Jujuy, denunció que las autoridades policiales de la región no brindaron información alguna sobre los contenidos que se imparten a los pequeños que asisten a las escuelas de policías, pero remarcó que les “enseñan a hacer inteligencia: cómo sacar información, les piden que cuenten qué pasa en sus casas, qué es lo que dicen, si toman alcohol”. “No nos explicamos de dónde sale ese dinero cuando, al mismo tiempo, dicen que no hay plata para pagar los sueldos de junio, julio y el aguinaldo de los maestros provinciales”, dijo Arédez, que a pesar de los reclamos no recibió respuestas acerca del “plan de estudio” de los niños policías. La mujer explicó que los chicos que asisten a estas “escuelas” provienen “de barrios marginales, aunque no todos” y que “les dicen que ante la cantidad de paros les van a dar apoyo escolar, pero lo brindan los mismos policías. Tienen días y horarios fijos y los padres los acompañan. Los concejales están de acuerdo, así que es una orden del gobierno de la provincia”, razonó.

CINCO MIL CHICOS PARTICIPAN EN ESCUADRONES DE GENDARMERIA
Batallón Chiquititos de Gendarmería

Por F.Y.

Cuando el jefe de Policía de Jujuy, Horacio Gentiluomo, buscó demostrar que su fuerza no era la única que promueve la creación de escuelas para niños, señaló con nombre y apellido a la Gendarmería Nacional. Efectivamente, en la página en Internet que posee esta fuerza de seguridad se destaca la existencia de la Gendarmería Infantil. El objetivo de la GI, como la llaman familiarmente, es similar a la jujeña, pero más antigua. Su origen se remonta a 1944 aunque durante la dictadura militar recién se crean de manera organizada. El objetivo es uno solo y está destinada “al segmento de población que carecía de apoyo, ayuda material y espiritual, encontrándose expuesto a las influencias negativas del medio”. Hoy participan en todo el país algo más de 5000 niños, todos provenientes de sectores humildes y excluidos de la sociedad donde esta fuerza de seguridad realiza un efectivo control social.
Sin duda, el reglamento de las agrupaciones de policía infantil de Jujuy se inspiró en el de Gendarmería: son prácticamente similares. Pero entre ésta y la que promueven los jujeños hay una diferencia fundamental: la Gendarmería firmó un convenio con el Ministerio de Educación de la Nación. Este les permite educar a los integrantes (léase niños de 8 a 16 años) de los Escuadrones de la GI en “la preservación de los sentimientos patrióticos, en el fomento al apego del lugar de origen, lograr el desarrollo integral y armónico de la personalidad basada en concepción cristiana del hombre, de la vida, así como capacitarlos en el aprendizaje de oficios y manualidades”.
Si bien estas agrupaciones cobraron impulso en 1976, recién en 1979 la conducción nacional de la fuerza “dispone la creación en todo el ámbito institucional” de estas particulares escuelitas.
En la página web, gendarmería.gov.ar, se ofrecen no sólo datos y justificativos de los motivos de la creación de la GI, también hay fotos de niños uniformados donde se los ve participando de las diferentes actividades que le ofrece la institución. Así es posible ver a chicos realizando tareas de carpintería, aprendiendo a manejar cámaras fotográficas, primeros auxilios, jardinería, mecánica y, por supuesto, “apoyo religioso cristiano”.
Eso sí, como los jujeños, se preocupan por dejar bien en claro la “GI no constituye una organización militar ni paramilitar, por lo que no va más allá de lo necesario para intervenir en desfiles y campamentos de manera uniforme”. De todas formas, en las fotografías, los pequeños están realizando actividades típicas de un entrenamiento militar como el salto de muros o prácticas de defensa personal.
Meticulosos hasta el hartazgo, los gendarmes no sólo dicen que al 22 de junio de 2001 tienen 5276 niños bajo su custodia, también describen la cantidad de pequeños efectivos que cuenta cada una de los 60 agrupamientos. El más numeroso es el sanjuanino, con 381 niños. Le sigue el ubicado en Concordia, Entre Ríos, con 259 pequeños. Un dato que no aporta la Gendarmería, por ejemplo, es que la ciudad entrerriana tiene el mayor índice de desocupados de la provincia y, siguiendo el razonamiento de los objetivos de estas agrupaciones, seguramente los niños estarán “expuestos a las influencias negativas del medio”.
Como las escuelitas jujeñas, la Gendarmería se preocupa en informar que las agrupaciones “no reciben apoyo económico oficial ni privado”. Pero para poder solventar los gastos aceptan la participación de “padrinos”. Son pocas, apenas seis de las 60, y se preocupan en destacarlas. Por ejemplo, la GI de la localidad chubutense de Esquel fue la más afortunada. La Fundación Fortabat les entregó camperas de abrigo, chaquetillas, pantalones, equipos de gimnasia.borceguíes y zapatillas. Como muestra del agradecimiento, la agrupación de Esquel lleva el nombre de Alfredo Fortabat, cuál otro podría ser.

 

 

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