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norteamerica en guerra

OPINION
Próximos atentados
Por Eduardo Aliverti

El miércoles pasado, La Nación publicó un artículo del francés Guy Sorman que quizá resuma como nada el pensamiento y la determinación de los estadounidenses. 
Dice Sorman que �(...) estamos preparados para detener a un dictador retirado como el chileno Augusto Pinochet�, pero no para que el tribunal de La Haya contra los crímenes de guerra tenga �una función preventiva�. Agrega que �es necesario que el crimen sea perpetrado para que nos permitamos sancionarlo� y que �ése es el precio, un poco alto, de nuestro honor�.
Dos referencias, concluyentes. El ataque se produjo a 28 años exactos del golpe preparado por la CIA que derrocó a Salvador Allende, cuando el �dictador� Pinochet era imprescindible para los intereses norteamericanos en la región. Y, respecto de la necesidad de perpetrar el crimen para permitirse sancionarlo, valga el aviso publicado por un tal Ben Cohen en el sitio AlterNet, colocado en la red unos días antes del atentado y reproducido en este diario: �Enemigo se busca. Necesítase serio enemigo para justificar aumento presupuesto Pentágono. Contratistas de Defensa desesperados (...) La administración Bush propuso incrementar el gasto (militar) en 33 mil millones de dólares y tiene mucha prisa por encontrar un enemigo�. En efecto, hay que ser muy tonto para no relacionar el componente reactivador que sumas como las que están en juego tendrían sobre una economía norteamericana en recesión. Hacen falta todas las letras: sin entrar en la consideración de teorías autoconspirativas ni nada que se le acerque, el terrorismo, igual que el negocio de las drogas, es funcional a los intereses de la economía estadounidense.
Hacia adentro del territorio norteamericano es probable que se establezca una cotidianidad cuasi policíaca, y hacia fuera intentarán la militarización regional. So pretexto de la lucha contra el terrorismo, ardides como el Plan Colombia, los conflictos de baja intensidad o la supervisión de las fronteras serán inyectados como nunca: un movimiento de pinzas que conjugará la justificación presupuestaria de la prepotencia armada con el control social en los países subdesarrollados.
El Gobierno y la dirigencia política argentinos, después de preguntarse si están dispuestos a sumarse a cualquier locura que Washington implemente en las próximas horas o días, tendrán que responder a ese otro futuro de más largo plazo y aliento. Y yendo más allá todavía, cabe discernir si ese escenario servirá una oportunidad para profundizar la dependencia o para construir un espíritu patriótico de autodeterminación.


 

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