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La oposición y Franja deshojan
la margarita de la nueva FUBA

El sábado
se renovaría la conducción de la federación. Los independientes y
la izquierda pueden ganar, tras 18 años de dominio morado.

Por Javier Lorca

Por primera vez desde el regreso de la democracia, Franja Morada está al borde de perder la conducción de la Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA). El triunfo opositor depende de si las agrupaciones de izquierda y las independientes logran consensuar un frente común. El punto de la discordia entre ellas consiste en que las primeras quieren una presidencia compartida (seis meses para cada sector) y las segundas pretenden retener el cargo todo el año y dejarle la vicepresidencia a la izquierda. Mientras –aun cuando reconoce que dejó de ser hegemónica– Franja no da por perdida la conducción de la federación y apuesta a reconstruir parte de la diluida Alianza.
La junta representativa de la FUBA se reunió el martes a la noche y definió que el congreso para elegir las autoridades de la federación durante el 2002 sea en la sede Parque Centenario de la Facultad de Ciencias Sociales, el sábado (siempre y cuando la crisis que está atravesando el país lo permita). El congreso se conforma con 130 delegados: 65 representan a los centros estudiantiles de las trece facultades (cinco por cada uno) y otros 65 corresponden a las distintas agrupaciones, según la cantidad de votos cosechados. Para sesionar, es necesario un quórum mínimo de 66 delegados. Si bien el dato no se conoce hasta después de la acreditación de los delegados –el mismo día del congreso–, los cálculos preliminares indican que Franja reunirá entre 30 y 40. Los independientes y la izquierda tendrán poco más de 30 delegados por sector. Además, el MNR (PSP) tendrá unos 12 y, entre agrupaciones como la JUP, el LAI, EUBA y el PTS habrá otros 12 o 13 votos.
El bloque opositor a la Franja está dividido en dos. Por un lado, trabaja en conjunto el sector hegemonizado por las agrupaciones independientes: TNT, FANA, EVET, El Mate, CEUP (la Mariátegui y la Cooke), NBI, Punta del Iceberg, SLM!, El Colectivo (Alternativa Agronómica, El Gradiente, Frente de los Estudiantes, LEI), La Grieta, la Venceremos, Pyre, La Revuelta, La Red, AMBO, GES. El otro bloque está integrado por la CEPA, el MST, el PO y el Frente Amplio de Estudiantes Populares (Felipe Vallese, El Agite y la Kusch). Los mismos grupos lograron un acuerdo el año pasado que les permitió obtener la secretaría general de la federación.
“La oposición va a acordar –estimó Hernán Ons, de El Colectivo–. Estamos armando un acuerdo programático para dejar de pensar a la FUBA como una espacio manejado por una agrupación. Como ninguna va a tener hegemonía, apostamos a armar un frente sólido para que la federación sea manejada por una mesa política integrada por todas las agrupaciones.” La pretensión de este sector es que la presidencia de la FUBA quede para un militante del TNT y la vice, para la un dirigente de izquierda, seguramente de la CEPA. Rodolfo Kempf, de esa última agrupación, destacó que dentro de la oposición hay un consenso global “para defender la educación pública y gratuita, reclamar más presupuesto para becas y sueldos docentes”, entre otras cosas. “Lo que no está cerrando es el tema de las listas –admitió–. Nosotros impulsamos la presidencia compartida para construir una nueva forma de conducir, buscando una verdadera síntesis entre las diferentes fuerzas.” Las negociaciones seguirán hasta el mismo sábado.
Paralelamente, los universitarios radicales no se dan por derrotados y creen que podrán conservar la federación que conducen ininterrumpidamente desde 1983. “Franja Morada sigue siendo claramente la primera minoría. Dejamos de ser hegemonía, pero conducimos cinco centros de estudiantes. El resto de las fuerzas no forma un bloque único y, por separado, tienen la mitad de los delegados de Franja”, dijo Oscar Zoppi (Franja), actual presidente de la FUBA. “Estamos bien posicionados –siguió–. Estamos hablando con las agrupaciones que estaban en la Alianza para armar unfrente que combata los ajustes y los ataques a la universidad.” Pese a esas expectativas, el MNR, la única agrupación que podría equilibrar la balanza, se presentaría por separado, sin aliarse con nadie.

 

OPINION
Por Alberto Kornblihtt *

¿Universidad o enseñadero?

La universidad debe cumplir el papel de producir conocimiento, como una de las actividades esenciales. Esto implica no sólo una gran actividad en investigación, sino el desarrollo de la educación basada en el pensamiento crítico, el lugar desde donde se piensa la autonomía política y cultural de una sociedad. A una institución educativa que no cumpla estos requisitos, que carezca de investigación científica, que no tenga infraestructura, becas y subsidios para la investigación, no puede aplicársele más término que el de enseñadero. Otra característica de la universidad pública, y que está vedada a los enseñaderos privados, es la de ser un centro de discusión de ideas y de cuestionamiento constante del sistema, no importa cuál sea éste; implica promover el debate ideológico, desestabilizador, motor esencial de toda transformación social.
La educación superior es un gran negocio en el modelo económico neoliberal: sus dueños no tienen más armas para luchar contra la universidad pública que el ataque y el incesante intento por desprestigiarla. Ella compite con garra: es buena y es gratuita. Y es, por eso mismo, mucho mejor que los enseñaderos privados. Al fin y al cabo, “en la Argentina, las únicas universidades son las públicas”. A pesar de ello, en los últimos 10 años avanzó enormemente la idea de que la universidad debe prestar servicios, ser un sujeto entre la oferta y la demanda. “La universidad debe seguir siendo gratuita porque es un lugar que la sociedad debe mantener apartado de las transacciones, de los contratos de utilidad. La gratuidad expresa la voluntad, social y colectiva, de mantener ese lugar fuera del pago de servicios”, dice Horacio González. Pensar a la universidad como una entidad pública parece ser, hoy, un razonamiento utópico: la universidad está siempre en la mira, como un lugar parasitario, quizá porque para la dirigencia político-económica del país la producción de saberes y sentidos no tenga, precisamente, sentido. Los argumentos utilitarios sobre la capacidad de la universidad para generar sus propios recursos y autofinanciarse muestran cómo la educación pública es, para el Estado, un gasto innecesario. Con todo, la universidad es un lugar que congrega, año tras año, a muchos miles de estudiantes y es, por lo tanto, un lugar de poder, un lugar de control y, en tanto multitudinario, un espacio de libertad. Suficientes razones –el conocimiento, la libertad– como para luchar y defender.

* Profesor de la UBA.

 

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