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Jueves 15 de Marzo 2001

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HISTORIAS INTIMAS DE LAS TAPAS MAS
¿LLAMATIVAS? DEL ROCK NACIONAL DE LOS ULTIMOS TIEMPOS

LO PRIMERO QUE VES,
                ANTES DE ESCUCHAR

 

La elección, como en la mayoría de los casos, resulta arbitraria y por eso es que seguramente quedan afuera trabajos que merecen atención, también. Sin embargo, en esta producción, se trata de repasar el otro lado de la concepción de artes de tapa que, por una u otra razón, dejaron su huella. Tanto, quizás, como las canciones incluidas en los discos que ilustraban. Desde Los Piojos hasta Fun People, pasando por la Bersuit, Los Fabulosos Cadillacs y El Otro Yo, de cada una hay algo por saber. Sin olvidarse de los Redondos y su ilustre ilustrador.

POR CRISTIAN VITALE


Los Piojos Colores

Oski es el sonidista del grupo, pero desde que apareció Verde paisaje del infierno, también es un modelo de tapa. Claro, detrás del voluminoso integrante de la crew de la banda, subyacen imágenes y conceptos que exceden lo grotesco que ofrece el arte del disco. Hernán Bermúdez, uno de los dibujantes al que recurren Los Piojos desde la época pre-Azul, tuvo que leer parte de La Divina Comedia, de Dante Alighieri: “En la página central, me inspiré en el infierno de la obra de Dante. Leí ese capítulo y fui sacando los personajitos: demonios, minotauros y otro tipo de monstruos. Imaginé cómo podía llegar a ser el infierno”, explica Bermúdez, también encargado del piojo con dados que aparece en el interior del cd y del dibujo de la luna y la cabra. “Los discos de la banda tienen como una evolución. Están trabajados con colores primarios, después con secundarios, y así. Hay como una especie de orden lógico de una paleta cromática”, dice el creativo, que también colabora con La Chilinga. Bermúdez utiliza una técnica mixta. Trabaja sobre cartulinas de color, y combina acrílicos, óleo, pastel tiza, tintas y lápices de color, elementos que utilizó también para el arte de otras tapas del grupo: Azul y Ritual.
Sobre el disco en vivo editado en 1999, comenta: “La máscara que aparece en la tapa tiene que ver con la imagen de las diabladas del norte, que definen la historia cultural precolombina de Jujuy y de Oruro (Bolivia). Y los dibujos que aparecen detrás también se relacionan con las culturas andinas, con la diferencia que la máscara está adaptada a la imagen del piojo. Otra particularidad es que está hecha en blanco y negro, cuando en realidad casi siempre las imágenes del norte son muy coloridas”. Esas máscaras de colores saturados pueden apreciarse, por ejemplo, en un disco del grupo chileno Los Jaivas, Alturas del Machu Picchu, de una estética más o menos comparable. La diferencia, básicamente el color, está dada por el trasfondo: “Los colores saturados los guardé para el fondo, donde aparecen figuras que se vinculan con la alfarería precolombina. Por eso, los colores tienen que ver con el pigmento de la tierra. La imagen fuerte era la idea de Ritual, hablar de que en un recital de Los Piojos se da una especie de comunión muy poderosa entre la banda y la gente. La bajada a tierra fue pensar en los carnavales como cosa más primitiva, no tan rioplatense. Al hablar de Ritual en ese marco, estás hablando del hombre casi en estado puro, fuera de la civilización. Y en ese momento salen ese tipo de sentimientos. Te olvidás de quién sos o de si odiás a alguien”, cuenta Bermúdez, que trabajó este concepto sobre una idea original del cantante y líder del grupo, Andrés Ciro.

  
Fun People Soledad

Lo esencial no es invisible a los ojos. No muchas bandas en la Argentina tienen tan claro este concepto como Fun People. Todo el merchandising del grupo hardcore –remeras, posters, discos, etc.– apunta directo a la sensibilidad de sus fans (ver pág. 3). Cualquier cd de Fun People, también, puede ser transformado en tapa de vinilo para coleccionistas. Así lo han hecho con varios de sus discos, entre ellos The Fun People Experience (1998) –cuyo homenaje a Jimi Hendrix queda claro en la tipografía utilizada–. Boom Boom Kid fue el mentor de tapas como las de Todo niño sensible sabrá de qué estamos hablando (1997), The Art(e) of Romance (1999) y el flamante Angustia No, No. Sobre esta última –dos raras manos en busca de contacto– contó: “Hay un mensaje subliminal muy obvio en las manos, que todavía no ha sido captado por nadie. Una de ellas tiene tatuados los cinco puntos que todos sabemos lo que significan en la jerga de la calle. Es una cosa bastante fuerte. Hay tapas más directas, qué sé yo, un chabón que le da un garrotazo en la cabeza a un policía, etcétera. Pero nosotros intentamos dar el mismo mensaje, con una tapa simple y sutil a la vez”. Hay una declaración de principios en el contenido de la tapa. “La angustia también tiene que ver con los cinco puntos. Soy una persona que no cree que haya justicia en la Argentina, que no quiere ver a los milicos sueltos y me angustio todos los días. Por eso lucho con mi forma de ser, con el arte de tapa, la música y las letras. Todas las cosas, para mí, tienen la misma importancia. La idea final es hacer algo positivo contra la angustia.” Y la otra, menos evidente, la soledad: “Las manos también significan un abrazo para toda la gente que está sola como yo. Es una manera de decir: ‘Me quedo solo como una forma de protesta’. Son muchas las personas que se quedan solas para no sentirse mal. Yo no estoy con nadie, porque no quiero estar con nadie y soy feliz así. Entonces, si alguien agarra el disco y ve la tapa, deja de sentirse mal si capta el sentido”. La tapa de Kum-Kum (1996), en cambio, es una de las más risueñas del grupo. Dos niños, desnudos y asexuados, corriendo por un parque, extraídos de un dibujo animado de los años ‘80: “Es una tapa que me marcó muchísimo. Tenía que ver con esas cosas que no quería perder de mi infancia a medida que estaba creciendo. El concepto era como una regresión, como una vuelta a la infancia. Lo ideal hubiese sido copiar los chicos tal cual eran, pero como nunca más lo pasaron por televisión ni hay remeras, no pudimos reflejarlo fielmente”, comenta BBK.

  
El Otro Yo Energía

Cada vez que los hermanos Aldana, Ray y Ezequiel se encierran a componer la primera canción de un próximo disco, hay mil ideas dando vueltas. El arte de tapa –sobre el cual tienen absoluta y total libertad de decisión- surge en medio de ese proceso. “Estamos comprometidos desde siempre con la composición integral de nuestro arte. La idea de las tapas y de los videos la vamos pensando al mismo tiempo que las canciones. Por ahí estamos componiendo una canción en la sala y ahí nomás a alguien se le ocurre una idea para el video o para la tapa. Nuestra inspiración excede el límite de lo musical, es muy pictórica. Y jamás dejamos las ideas en manos del diseñador”, cuenta el baterista. A Ray, por ejemplo, se le ocurrió algo singular para ilustrar el último disco, en vivo, Contagiándose la energía del otro (un planeta de gente emitiendo rayos al más allá). Hizo una encuesta entre el público que asistía a los shows durante una gira barrial y de ahí sacó el nombre. “Se me ocurrió pedirles a todos los chicos que nos iban a ver que me describan en pocas palabras qué les pasaba en los shows. Y las palabras que más se repetían eran: contagiándose y energía. Por eso, encerré en esas frases el título del disco. La idea era hacer un planeta de gente con amigos y seguidores de El Otro Yo. A la diseñadora le fuimos pasando fotos de todos los recitales y le dimos el concepto que era esa bola de gente. En el caso de El otro yo del otro yo (1997), la ideóloga principal fue la chica de la banda, María Fernanda Aldana, y luego Ray le dio forma definitiva. “Ella tenía experimentos muy íntimos. Tenía cosas escritas con música. En realidad, iba a ser un casete triple, no pensamos que el proyecto iba a crecer. En aquel momento, todo el tiempo me daba vueltas por la cabeza la idea de que en ese tiempo éramos tres. Era el número clave. Así se me disparó la cabeza y empecé a idear todas cosas relacionadas con ese número.” Los alfajores triples, según Ray, no solamente representan el tres sino que están relacionados con las canciones tiernas del disco: “En el disco mío, por ejemplo, hay un montón de canciones de amor, que son dulces y empalagan como el alfajor. En el de Cristian, pasa algo parecido. Por eso terminamos poniendo alfajores en lugar de un sandwich triple. Cerraba mucho más”. Para Abrecaminos (1999), el concepto del arte de tapa es más industrial que culinario. “Se relaciona con unas topadoras que vi en el campo, mientras estábamos de gira con nuestros amigos de Attaque. Me gustó mucho esa estética, la volcamos a la tapa y después a Cristian se le ocurrió salir a tocar con mamelucos”, relata Fajardo.


Bersuit Grotesco

Hacía tiempo que les obsesionaba la idea de poner una muñeca en la tapa. Finalmente, en Hijos del culo, hubo algo de eso. “Aquella obsesión proviene de la etapa pre-Libertinaje”, cuentan. Es más, la primera idea para el arte de tapa de aquel disco era una muñeca con una gorra de policía en la mano, “pero el Pelado se tildó diciendo que no quería una gorra de policía en su disco”, cuenta Eduardo Pereyra, uno de los diseñadores de aquel multivendedor disco. Bien barroca era: una figura de piedra con tetas, parada sobre el mar y señalando el cielo, al lado de una gigante cara triste, cuyo cuello desaparece en el horizonte. ¿Qué es esto? Ni siquiera Pereyra lo puede decodificar con precisión. “El dibujo que trajo el Pelado era complejo. Las figuras que finalmente quedaron en el disco estaban sobre una pared, que era muy fea estéticamente. Por eso nosotros le empezamos a buscar la vuelta y decidimos llevarla totalmente al ridículo: le pusimos agua. El tema era resaltar lo grotesco de esos cuerpos. Y creo que la idea del Pelado tenía como trasfondo la transgresión, en donde lo grotesco de las figuras apareciera como la representación grotesca de ellos mismos. Además, le daban mucha importancia al cielo como símbolo de libertad, por eso hicimos que predominara el color celeste”, recuerda.
Para Hijos del culo, la decisión de la banda significó casi un giro de 180 grados en cuanto a las intenciones. El manager Daniel Kon se comunicó con Alejandro Ros, habitual encargado de artes de tapa para artistas de otro “palo”: Gustavo Cerati, Fito Páez, Illya Kuryaki y una buena cantidad de las ediciones independientes o electrónicas de la última década. “Fue inesperado para mí”, recuerda Ros. De un par de reuniones se llegó a la decisión de utilizar las fotografías de Salvador Batalla, habitual compañero de correrías de la banda. Ros pidió todas sus fotos y de ahí eligió las que se adecuaban a un concepto único, sencillo, contundente. “Las más freaks de todas”, define. Y de todas esas salió la imagen principal. La nena de tapa de los ojos desorbitados es la sobrina del fotógrafo: “Yo tenía unos ojitos sueltos por ahí. Primero se los había puesto a la foto del osito, que también aparece en el librito. Pero después, jugando, los pegué en la nena. Así quedó”. Para el diseñador, este singular trabajo resultó “como un trabajo de curación. Una pequeña muestra de arte, las fotos están dispuestas así en el librillo del cd”. ¿Una definición del concepto básico? “Insano”, resume Ros. Y en el final de su testimonio, pide un lugar especial de mención para Artaud, el disco de Spinetta-solista camuflado bajo el nombre del grupo Pescado Rabioso. “Es la mejor tapa del rock nacional”, dice. Hay que creerle.


Los Cadillacs Tango

Flavio y Vicentico querían hacer visible el espíritu tanguero, el aroma porteño que dominaba Fabulosos Calavera (1998). Con ese fin, fueron a caminar por San Telmo y dieron con Martiniano Arce, famoso filetero del barrio. La elección no pudo ser más acertada: la tapa del disco que cambiaría “la historia del rock nacional” –según el pomposo slogan de la compañía BMG, que había contratado al grupo por una importante cantidad de dólares– llamó la atención casi a la par de las intenciones “expansivas” musicales. “Como el filete es un arte que está muy relacionado con el tango y ellos querían incluir un par de tanguitos en el disco, me vinieron a ver. Hicimos un boceto, reflexionamos sobre los colores y la tapa salió casi naturalmente. No hubo mucho que hablar”, explica Arce. Las figuras dominantes de aquella tapa eran los dragones y las calaveras. “A los dragones traté de darles toda la polenta que permite el filete, y a lascalaveras traté de ubicarlas de forma tal que no desarmonizaran con el fileteado. El resultado fue que, a pesar de que son figuras poco compatibles con el Buenos Aires de ayer, pudieron compartir un lugar con las típicas letras que adornaban los camiones antiguos, sin que pareciera una ridiculez”, comenta el artista.
El concepto fue totalmente distinto en La marcha del golazo solitario (1999), el último disco del grupo. La imagen de tapa –la parte de atrás de un arco de metegol, con el tanteador neutro– fue sacada por Marcos Bertucelli, fotógrafo y cuñado de Vicentico. La idea básica, concebida por el cantante, resultó menos ambiciosa que en la tapa precedente. Se buscó más austeridad y se hizo hincapié en el material fotográfico, contrastando con el trabajo artesanal de Fabulosos Calavera. La idea, se entiende, es darle la espalda al gol, dejarlo solo. ¿Será también el fin de la alegría?


Rocambole, siempre con los Redondos

El sonido y la furia

Pocos creativos gráficos en la historia del rock nacional aparecen tan vinculados con un grupo como Rocambole a Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Artesano y dibujante desde las épocas de La Cofradía de la Flor Solar –fines de los ‘60–, Ricardo “el Mono” Cohen es el responsable del arte de tapa de los nueve discos que el grupo editó hasta el momento.

–¿Cómo encaran Los Redondos el proceso creativo de cada diseño?
–En general, toda la trayectoria gráfica de Los Redondos se basó en un concepto previo. Mi tarea consistió siempre en hacer visible lo que musicalmente quería transmitir la banda. Normalmente, Solari baraja una historia y, luego de reunirnos en una especie de tormenta cerebral, yo busco visualizar ese concepto a través de imágenes generadas por mi propio ensueño. Y por la lectura de letras o la escucha de los climas musicales. La idea es trabajar las partes visuales de ese concepto global.

–¿Cuál es entonces el concepto que subyace en la gráfica de Momo Sampler?
–Había una idea general acerca de la impostura, que se relacionaba con antiguos mitos que afloraban en el carnaval. Entonces, el objetivo era oscilar entre ambas ideas. A caballo de todo eso, se empezó a trabajar en las imágenes. Se pensó en caretas, espejos y en muchas cosas. Hasta que al final se llegó a la máscara que figura en el disco.

–El arte de Ultimo Bondi a Finisterre es totalmente distinto del de Momo Sampler. ¿Con qué idea fue concebido?
–La propuesta era reflejar una especie de viaje cruzando la frontera que divide el pasado del futuro. Un viaje hacia eso que se nos representaba como el futuro: la ordalía tecnológica. Se habló mucho, durante el trabajo de tapa, de buscar toda una estética relacionada con los modernos video games, que hoy, a diferencia de los pasados, tienen una profundidad espacial impresionante.

–¿Cuáles son, para vos, las cinco mejores portadas del rock nacional?
–Instituciones, de Sui Generis; la de Claudio Gabis y la Pesada del Rock and Roll, la del primer disco de Almendra, Artaud, de Pescado Rabioso y cualquiera de Los Piojos. Creo que ellos se preocupan mucho por la estética y la gráfica, mucho más que algunos de sus contemporáneos.

–De todas las que hiciste para Los Redondos, ¿cuál es la que más te gusta?
–La de Oktubre. Fue una tapa que se adecuó a las técnicas de realización que había en ese momento. Teníamos una técnica limitada. Tuve que recurrir a pocos colores, a una imagen contundente y además buscar que transmitiera el espíritu del disco, que era un homenaje a todas las revoluciones que, a lo largo de la historia, han tenido como protagonistas a los de abajo. Me pareció que la estética de las vanguardias soviéticas venían bien para tomar como referencia, porque eran limitadas en colores, austeras, contundentes y expresivas.