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Jueves 28 de Junio de 2001

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SANDRO, EL GITANO, EL HOMBRE DE LA ROSA, EL ELVIS DE LAS PAMPAS, EL PADRINO DEL ROCK NACIONAL...

Fire

Starter

Está claro que Roberto Sánchez es el cometa más poderoso de la prehistoria del rock hecho en la Argentina, en tiempos en que una campera de cuero era poco menos que un disfraz alienígena. A propósito de la reedición que Página/12 hará de sus seis primeros discos –cuando todavía no era ídolo de señoras para el Gran Rex, en sus días de morocho argentino beat–, el No rastrea su influencia en el siglo XXI y encuentra la huella del prócer aquí, allá y en donde se te ocurra. Mirá, mirá...

POR JAVIER AGUIRRE

Vos, que te sentís un rocker hecho y derecho, lo ves a Sandro por Crónica TV algo subido de peso, en un teatro con varias funciones colmadas por señoras –todas tías– que arrojan, frenéticas, bombachas por el aire. Lo ves en películas viejas, por Volver o por accidente, paseándose con Susana Giménez o con la hot teen Soledad Silveyra. O hasta tenés que escuchar a María Martha Serra Lima hablando de sus amoríos con él. Creés haber oído –será la famosa y prejuiciosa “universidad de la calle”– que Sandro es grasa, o kitsch, o cursi, o berreta, o bizarro; todas palabrillas difíciles de comprender y fáciles de revolear por la cabeza. Sin embargo, dejando de lado el tendal de sospechas y mirando a Sandro con ojos empecinadamente rockers, podrá redescubrirse algo que también es difícil de comprender a esta altura de las cosas, pero además absolutamente imposible de revolear por la cabeza de quien no lo merece: el tipo es el primer gran salvaje del rock nacional.
Primero, los datos. Hay cartas fuertes para fundamentar su condición de pionero rocker, o incluso de Hombre de Cromagnon del Rock Argentino: pertenece a la generación La Cueva –codo a codo con Litto Nebbia, Javier Martínez, Tanguito, Billy Bond, Moris y los otros–, cantó versiones en castellano de artistas como Elvis Presley y los Hollies, andaba vestido de cuero –¡ojo, primera mitad de los ‘60, en América del Sur!–, etcétera. Pero, además de los datos contundentes de biografía, hay otros méritos de inconfundible cepa rocker. Y hablamos de figuritas difíciles, como su estampa de bad boy y vampiro eléctrico, su leyenda de ganador con las minas (ganador mal, eh; Echarri, un poroto), o su trayectoria de cagarse en las entrevistas y en la tilinguería mediática.
Vayamos al principio. Una anécdota sobre su primera etapa musical, al frente de Los de Fuego, antes de volcarse al camino de la canción melódica. El propio Sandro contó esto hace un par de años a la revista Los Inrockuptibles: “Los de Fuego salían vestidos de colorado, se tiraban por el piso a los gritos. Es más, solíamos romper una guitarra por show antes de que The Who existiera. Cuando tocábamos una versión de ‘Gasta tu sueldo en rock’ de Little Richard, le indicaba al público, cantando, que hiciera todo lo que yo decía. Por ahí revoleaba una silla y después no quedaba nada. Eran barras pesadísimas que destruían todo. Hacíamos pogo y esas cosas, hace treinta y cinco años”. Epa 1: ¿saben de algún arqueólogo del rock argentino que consiga datos anteriores sobre bardo? Epa 2: ¿sabían de alguien que se adjudicara haber hecho algo antes que los Who?
La influencia de Roberto Sánchez en nuestro puro rock nacional está aquí y allá (ver recuadro), pero... ¿exactamente dónde? El cantante de Babasónicos, Adrián Dárgelos, piensa que “todos incorporaron a Sandro, desde Divididos y Attaque 77 hasta Los Fabulosos Cadillacs, Virus o Babasónicos; pero su influencia es tan masiva que les llegó a todos, incluso a los que nunca fueron a ver un concierto suyo. Se convirtió en un eslabón importantísimo en la música popular argentina”.
El guitarrista de los Pericos, Juanchi Baleirón, destaca una particularidad en el origen rocker de Sandro: “En ese momento, en la época de Los de Fuego, el rock and roll era un nuevo ritmo, un baile provocativo; pero no un modo de vida, ni todo lo que a partir de la segunda mitad de los ‘60 empezó a entenderse como cultura rock”. De todos modos, Juanchi reconoce ese algo más que tan bien se advierte en algún paraje entre las cejas de Sandro: “El tipo era un salvaje, tuvo siempre mirada de zorro y cara de guacho, pero en el buen sentido, en el de salir a comerte la noche”. Epa 3: ¿un salvaje que tocaba rock and roll aun antes de que existiera la cultura rock, y cuya influencia posterior resulta tan vasta que excede a quienes lo vieron en vivo? Al mejor estilo de leyendas rockeras como David Bowie, George Harrison y hasta el Indio Solari, los miles de rumores y sombras de anécdotas en torno a su vida personal, tan guardada detrás de su mansión/fortaleza de Banfield, vienen sirviendo desde hace décadas para llenar los abismos que quedan entre sus esporádicas apariciones públicas. Gonzalo Córdoba, guitarrista de Suárez, supone en Sandro “una vida entera sin caminar por la calle, bien de estrella de rock o hasta de Hollywood”. Y agrega la pieza que faltaba: “Además de ser uno de los pioneros del rock argentino, es sin dudas nuestro primer glam-star”. Epa 4: ¿si Sandro es un glam-
star... significa que, cronológicamente, le ganó de mano a San Marc Bolan, de T-Rex?
Viene bien recordar la existencia de los dos discos tributo que el Gitano recibió en 1999 desde el rock; uno de corte mainstream (con Divididos, Caballeros de la Quema, Visitantes, Gieco, Bersuit y hasta Molotov entre sus suscriptores), y el otro nacido en el under (con bandas como Refinado Tom, Gigantes y Eléctrico Caramelo). Pero de lo que casi no se ha hablado aquí es de él como músico, y si bien es cierto que las canciones suyas que más trascendieron pertenecen a su período melódico-popular y no a sus orígenes rocanroleros, estaría bien hacer un lugarcito para mirar al Sandro–artista y no tanto al Sandro–fenómeno–popular. Antonio Birabent (quien grabó versiones de “Porque yo te amo” y de “Tengo”) lo define como “un intérprete inconmensurable, un talento argentino de exportación, el creador de un estilo, un artista con peso propio y un buen ejemplo de amplitud musical, en cuya carrera los diversos géneros van y vienen al punto tal que él es un cantante de rock, pero también mucho más que eso”. Epa 5: ¿o sea que Sandro es rocker, pero no “sólo” rocker?
Probada punta de flecha del rock and roll en castellano, espíritu latino de Elvis Presley, pionero del bardo, influencia absoluta, salvaje de las noches y misterio de los días... Ahora tienta pensar que esta nota no valía la pena, y que nadie parece dudar de los méritos de Sandro como padre –o al menos como tío piola– del rock argentino. Epa.

Los años salvajes
La leyenda cuenta que la primera vez que Sandro jugó a ser el Elvis criollo en público fue a fines de los ‘50, en un festival escolar en el que estaba a cargo de una versión mímica sobre la grabación original de “Hotel de los corazones destrozados”. El disc jockey inexperto que estaba a cargo del asunto rompió el disco de pasta, así que Roberto Sánchez tuvo que poner, además del cuerpo, la garganta para interpretar el clásico de Presley. Pocos años después, el 13 de septiembre de 1963 (a pesar de las ligeras imprecisiones temporales y espaciales a las que él mismo abonó, sólo despejadas casi treinta años después en la biografía de Víctor Pintos Tanguito, la verdadera historia), Sandro entró por primera vez a los estudios CBS y registró “¿A esto le llamas amor?”, una bossa nova de Paul Anka traducida por Ben Molar, y “Eres el demonio disfrazado”, un foxtrot firmado por Billy Giant–Debbie Baum–Kaya. Esas dos grabaciones son las que abren el primer CD de los seis que editará Página/12. Así que Presentando a Sandro, que sale a la calle este domingo junto al diario (compra opcional: 6 pesos), es el verdadero génesis musical del Gitano. Entonces fueron editados bajo el nombre de Sandro con Milo y su conjunto (Milo era el seudónimo de Lucio Milena). Un par de meses después, el 13 y el 26 de noviembre del ‘63, cantó y grabó “Choza de azúcar” y “Dulce”, respectivamente, también incluidos en la primera entrega de esta colección. También figuran sus primeras grabaciones con Los de Fuego (rótulo que apareció recién en el tercer disco del artista), “Hay mucha agitación” y “Las noches largas” (¿se les ocurre algún título más rockero?). De los mismos años salvajes es el material recopilado en el resto de los CD’s que conforman la serie semanal Sandro de colección: Alma y Fuego, El sorprendente mundo de Sandro, Beat Latino, Al calor de Sandro y los de Fuego y Sandro y los de Fuego. Una oportunidad perfecta para juntar y (re)encontrarse con los pedazos de un cometa que sigue quemando. Y mucho.

 

Genoma gitano

Más allá del genial personaje Tu Sandro (mezcla bizarra de Sandro y Tu-Sam que Diego Capusotto exhibe en “Todo por dos pesos”), la herencia genético–artística del célebre Gitano se puede ver en muchos hombres fuertes del rock argentino. Aquí, un detalle de los rasgos sándricos más visibles en varios de los emblemas rock de ayer y hoy.

Intimidad mítica
Los célebres secretos de su vida personal son celosamente guardados murallas adentro, y su negativa a dar entrevistas o a salir en programas tipo “Versus” lo convierten en fábula y propician rumores paranormales. Herederos: Luis Alberto Spinetta, Indio Solari.

Personalismo meta–artístico
Nadie discute sus canciones ni su trayectoria, pero el impacto social del hombre de carne y hueso, como figura, como héroe popular, ya ha devorado a la obra en sí. A él lo conocen todos; a sus discos, apenas muchos. Heredero: Charly García.

Glamour a prueba de todo
Su elegancia basada en criterios estéticos nacidos en cierto incierto rincón de los ‘70 lo convierten en una figura cool, seductora, impactante y alejada de cualquier pavote vaivén de la moda actual. Herederos: Juanse, Adrián Dárgelos, Sergio Pángaro.

Divo mainstream
Es una estrella entre las estrellas; un hombre del cine, la TV, los escenarios y las revistas. Se anima a hacer cualquier cosa, siempre y cuando se le antoje, e impone sus propios tiempos. Heredero: Fito Páez.

Sensibilidad escénica
Su porte entre frágil y demoledor, cada vez que se planta en un escenario, resulta un golpe siempre ganador. Entregando su pecho al público, su cuerpo a la canción y su voz al espectáculo, se convierte en dios cuando comienza el show. Herederos: Federico Moura, Miguel Abuelo.

Cantor de gravedad
Su voz, además de grave, es solemne. Llena el escenario de calidez, de hombría y de pasión; y no se priva de degustar cada palabra, cada verso. Heredero: Gustavo Cerati.

Universalismo popular
Su imagen y su aura no son elitistas –ni caretas– sino que tienen raíces, conjuro y efecto en las casas más humildes. Exponente absoluto del héroe de clase trabajadora. Herederos: 2 Minutos,Pity Alvarez.

Imperialismo latino
El concepto “Sandro de América” evidencia su condición de ídolo panamericano y de artista argentino de exportación. Herederos: Fabulosos Cadillacs, Soda Stereo.

Línea dura
Su glamour, su seducción y su popularidad no disimulan su lado salvaje ni su elemento heavy–tanguero, duro y pesado. ¿O acaso los versos “blanca diosa”, “dame de tu boca esa furia loca” o “tu amor me condena a la dulce pena de sufrir” no te hacen pensar en “Blanca, Blanca” como título alternativo para el clásico “Rosa, Rosa”? Heredero: Andrés Calamaro.