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Jueves 18 de Octubre de 2001

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EL NUEVO DISCO DE PULP, SEGUN JARVIS COCKER

La vida es bella

Tres años después del sombrío This is hardcore, la banda más inteligente del rock británico reaparece con una obra agridulce de amores y abandonos titulada, no sin ironía, We love life. Producido por Scott Walker, el séptimo disco en la historia de Pulp responde a cualquier expectativa positiva. Palabra.

POR ROQUE CASCIERO

Si se hiciera un ranking de “buenos respondedores de entrevistas”, el nombre de Jarvis Cocker debería figurar en el Top 5, por lo menos. El flaco y pálido cantante de Pulp siempre parece capaz de encontrar la más ocurrente respuesta, incluso si la pregunta es de lo más mundana. Ejemplo extraído de un chat reciente:
—¿Cómo titularías tu autobiografía?
–Mi autobiografía... Primero que nada, ya hice mi autobiografía, porque las canciones son el único modo que tengo de seguir el rastro de lo que me pasó en la vida. Soy muy malo para sacar fotos. Si al llegar a viejo me pusiera senil –si es que ya no lo estoy–, será muy difícil hacer un recuento de mi vida. Nunca llevé un diario, así que las canciones son lo más cercano que tengo para recordarme ciertas partes de lo que viví. Supongo que el mejor título para la autobiografía sería: Por favor no te quedes dormido.
Afortunadamente, el ingenio y la inteligencia de The Jarv –tal como se lo conoce en el Reino Unido– no sólo aparecen aquí. We love life, el álbum de Pulp que aparecerá la semana próxima, confirma al cantante como el songwriter más lúcido de su generación. Cocker abre sus ojos y sus oídos a lo cotidiano, y luego lo plasma en canciones que siempre ofrecen un giro extraño. “Disfruto de obtener inspiración de las cosas de todos los días; otra gente probablemente disfruta de meterse en un jacuzzi y garcharse modelos con tetas de siliconas... Bueno, yo también puedo disfrutar de eso de cuando en cuando”, ironiza. La vida cotidiana se metía en This is hardcore, su anterior trabajo: “No soy Jesucristo aunque tenga las mismas iniciales/ soy el tipo que se queda en casa a lavar los platos”, decía en “Dishes”. Y ahora vuelve a colarse. En “Bad cover song”, por ejemplo, compara al nuevo amor de su ex pareja con una mala versión de una canción. “Es como los últimos Tom y Jerry, cuando podían hablar; como los Stones a partir de los ‘80”, canta el maestro de la sorna. We love life fue producido por Scott Walker, una oscura leyenda del rock tan influyente como escurridiza (ver aparte). “Quizá ‘Wicker man’ sea la canción del disco que captura mejor nuestra colaboración con Scott, porque es la más larga y porque desde un comienzo él quiso trabajarla. Creo que hizo un gran trabajo en sacar a la luz la historia. Es un largo divague sobre cosas que me pasaron en Sheffield (su ciudad natal) y él se las arregló para darles un poco de vida”, asegura Cocker.
Con Walker, Pulp grabó el disco con el método más antiguo: todos los músicos tocando al mismo tiempo, como si estuvieran en vivo o en la sala de ensayo. “Intentamos hacer el disco con el productor de los dos anteriores, pero no parecía salir bien”, explica el vocalista. “Los integrantes de la banda teníamos una idea bastante acabada de lo que queríamos. En esos casos, generalmente uno se autoproduce. Nosotros teníamos una idea fuerte aunque algo vaga de que queríamos hacer algo diferente. Hubo cierto aire de incertidumbre hasta que Scott dijo que le gustaría trabajar con nosotros. Todos sabíamos que queríamos grabar de un modo más natural, simplemente meternos en un estudio y tocar. Al comienzo de nuestra carrera grabábamos de ese modo porque no teníamos dinero. Pienso que, si uno tiene una banda, debe hacer el intento de grabar de ese modo, porque tiene la posibilidad de conseguir algo de humanidad en lo que hace. No hay que preocuparse si alguna partecita está más rápida o más lenta; al menos podés obtener algún clima, sentimiento o emoción. Una batería electrónica no te da ese feeling.”
Sin embargo, Cocker aclara que este método es el que mejor lo representa... por ahora: “Quizá la semana próxima me vaya de vacaciones a Dusseldorf, me meta de lleno en el tecno alemán y de repente decida que las secuencias son lo máximo. Grabar tocando al mismo tiempo pareció lo adecuado para este disco y no sé qué haremos en el futuro. Uno tiene que hacer lo que le parece apropiado en cada momento en particular”. Aquí y ahora, Pulp vuelve al ruedo con un álbum que, en cuanto a sus climas, podría ser descripto como una mezcla de sus dos trabajos anteriores: tiene esa sensación vital de salir a comerse el mundo un sábado a la noche que exudaba Different class, pero también hay rincones sombríos que hacen pensar en los momentos más opresivos de This is hardcore. Quizá la mejor muestra sea la canción “I love life”: a pesar del título optimista, arranca con la frase “Aquí llega tu cuento para ir a la cama, mamá y papá te han sentenciado a vivir”.
Muchas de las canciones de We love life tratan sobre romances fallidos y corazones partidos, dice Cocker. “No hay nada que valga más la pena a la hora de escribir. Uno tiene que escribir sobre cosas que tienen una resonancia emocional. La música afecta a las emociones antes que al intelecto. Eso es lo que me atrae de crear música. Pero no puedo componer sobre una relación amorosa mientras está sucediendo; sólo después, cuando ya terminó. Escribir una canción es como darle el beso de la vida a un muerto. Lo resucitás cuando escribís sobre él y cuando intentás revivir las emociones que sentiste entonces.”
¿Querrá Cocker resucitar el cadáver del britpop? Todavía hay cierto sabor agridulce en su respuesta: “Odio esa palabra, britpop”, confiesa. “Para nosotros fue una situación extraña, porque hacía mucho tiempo que andábamos dando vueltas. En ese momento pensé que era el momento ideal: tomemos el poder, hagamos una revolución. Parecía que existía la posibilidad de lograrlo. Me siento afortunado de haber vivido ese tiempo y de que hayamos sido considerados parte de eso. Supongo que nos benefició, aunque nunca creí que fuéramos una banda de ese tipo.”