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¿Vos sabés quién sos?

DANIEL FANEGO Y PATRICIA ZANGARO, DIRECCION Y DRAMATURGIA RESPECTIVAMENTE
DE �A PROPOSITO DE LA DUDA�

Por Hilda Cabrera

El pedido que alentaban las Abuelas de Plaza de Mayo en la primera función de Teatro X la Identidad encontró amplio cauce en la escena. Desde A propósito de la duda hasta hoy la reflexiva demanda de Abuelas sensibilizó a más artistas y más público. Se dijo entonces que “ser un desaparecido vivo no es haberlo perdido todo”, que había padres, abuelos y familiares buscando a un hijo, y que “no es la duda lo que daña, sino la mentira”. La experiencia mostró que a través del teatro se podía sensibilizar y disipar dudas y encauzar apoyos para la búsqueda de los hijos secuestrados y apropiados durante la dictadura militar que hoy viven con la identidad robada o falseada. Generado por Abuelas, aquel primer montaje, estrenado el 5 de junio de 2000 en el Centro Cultural Ricardo Rojas (con dramaturgia de Patricia Zangaro y dirección de Daniel Fanego), recogía testimonios crudos, proporcionados por la Agrupación HIJOS, por nietos, Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Colaboraron artistas y técnicos en un semimontado que se suponía no se prolongaría más allá de las cinco funciones programadas. Pero A propósito... se quedó en el escenario.
El cruce entre testimonio y ficcionalización mostró nuevas facetas sobre el desgarro y la ternura, en tanto que los toques farsescos permitieron al público acercarse de manera diferente al mundo de lo siniestro. Fue así que la pieza se sostuvo hasta finalizar 2000, cumpliendo funciones en el Rojas y luego en el Centro Cultural Recoleta. Hubo incluso una presentación en Plaza de Mayo y un festejo de fin de año en la sala Entrecasa para recaudar fondos. Ese apoyo del público permitió a los organizadores diseñar una estrategia más ambiciosa para 2001. La intención era concretar un ciclo con varias obras. La respuesta fue nuevamente positiva y el 9 de abril se inició el hoy festejado ciclo que permitió estrenar en simultáneo cuarenta piezas breves, la mayoría escritas ex profeso y relacionadas todas con la identidad, el autoritarismo y el sometimiento. Esas obras, sumadas a la pionera A propósito..., podían verse todos los lunes, con entrada gratuita, en las salas adheridas al proyecto. Para reunir fondos se pusieron a la venta bonos contribución de un peso sobre diseño gráfico del dibujante Hermenegildo Sábat y remeras con un logo alusivo.
Las obras presentadas tuvieron todas carácter minimalista. Hubo trabajos sencillos, algunos cercanos a la crónica, y otros sutilmente elaborados. No siempre se contó con recursos suficientes, pero fue notoria la búsqueda de la excelencia. En A propósito... intervinieron 26 actores y actrices que jugaban diferentes roles, como los de una hija recuperada o un joven que acepta a sus padres adoptivos. Aparecían también represores y apropiadores de niños. Recogía testimonios directos y apelaba a una simbología muy puntual para describir el pánico, señalar el cinismo de los represores y manifestar la bronca.
Las obras que le siguieron tuvieron, como aquélla, un objetivo claro: el problema de la identidad robada. El tratamiento escénico sobre el engaño y la duda fue rico, por libre y diferenciado. Algunos autores lo ubicaron en el futuro, como sucedió en El inocente; otros percibieron que eran asuntos de toda época y lugar, problemáticas de las que no se puede evadir quien hace concesiones. Esto se vio en El nombre (una de las pocas piezas escritas con anterioridad al ciclo). Pero así como el sometimiento y los viejos rencores marcaron la puesta de El que borra los nombres, la intriga a Pri: una tragedia urbana, la caricatura y el pavor a Descamado y la irreverencia a La entrevista, hubo espacio para ficcionalizar situaciones trágicas y de profunda ternura. Entre otros, fue el caso del diálogo interior que sostenía una hija con su madre apropiadora en La tierra sabe lo que hace cuando tiembla, el metafórico muestrario de búsquedas de Sangre, piel, huesos, alma y las ensoñaciones rebeldes y poéticas de Contracciones.
Esa diversidad de situaciones planteadas, que podría extenderse a las demás obras que conformaron el ciclo, al igual que la puesta en primer plano de los sentimientos ambivalentes de los personajes de las distintas piezas, se constituyeron en un bien preciado.
El público supo valorar esa amplitud de criterio de quienes hicieron posible esta experiencia, que tendrá continuidad en 2002 con otras obras. Los organizadores parten de una base interesante. Se sabe que alrededor de 2500 personas se movilizaron todos los lunes para ver estos trabajos y que, al finalizar el ciclo, mas de 70 jóvenes concu-rrieron a Abuelas con dudas sobre su identidad y se acrecentaron enormemente las denuncias que aportaban datos. También que el ciclo reunió a unas setecientas personas, que trabajaron gratis y autofinanciaron sus espectáculos, a veces con ayuda de auspiciantes, y que lo hecho quedó registrado en el libro Teatro X la Identidad, editado por Eudeba y presentado en el III Festival Internacional de Buenos Aires.
Como en los trabajos de 2001, ejercer el derecho a la identidad seguirá siendo el tema central, más allá del estilo y de las técnicas que se elijan. El ciclo 2001 probó que se puede conmover a través de metáforas o formas directas. Entre otras, la utilizada por la murga contestataria de A propósito..., cuyos integrantes, descoyuntando rítmicamente el cuerpo, enfrentaban a la platea preguntando sin rodeos: “¿Vos sabés quién sos?”


El teatro militante

Por Roberto Cossa

La capacidad del teatro de Buenos Aires para meterse con la realidad es formidable. Desde que los hermanos Podestá le pusieron letra a la pantomima cirquera del Juan Moreira, hace más de un siglo, los escenarios porteños no dejaron de reflejar las pasiones, los hábitos y las conductas sociales de la gente. Mostró la realidad, sin dejar de ser teatro. Basta recorrer los textos sobrevivientes de los años del sainete, algunos estupendos. Ni qué hablar de las obras inaugurales de Florencio Sánchez, Laferrère, Defilippis Novoa y de las de sus continuadores: Eichelbaum y Discépolo. Todas ellas testimonio insoslayable de una época, de una comunidad, del imaginario de sus gentes.
En 1930 se produce un cambio sustancial: la aparición de una dictadura militar que modificará las relaciones de fuerza de la política argentina. El teatro inventa un instrumento: los teatros independientes. Es su manera de asumir la realidad, pero de una manera diferente. Se convierte en un teatro resistente. Por eso no se limita al hecho estético; crea una manera de producción nueva y eso lo convierte en un fenómeno masivo y perdurable.
En la década del '60 las nuevas condiciones del país debilitan la fuerza del teatro independiente que comienza a languidecer. Hasta la llegada de la brutal dictadura del ‘76. El teatro porteño responde con Teatro Abierto. Una vez más el teatro descubre una estrategia para enfrentar la realidad, sin dejar de ser un hecho estético.
A diferencia de los teatros independientes, Teatro Abierto es un movimiento coyuntural. Dura mientras permanece la dictadura. Una vez caído el régimen desaparece, más allá de los generosos intentos de prolongarlo en los tiempos de la democracia.
Con Teatro Abierto se cerró un ciclo del llamado teatro de la resistencia. Parecía difícil que se pudiera crear otro instrumento que reuniera masivamente a los teatristas para producir un fenómeno similar.
Hasta que en junio de 2000 se estrena A propósito de la duda y se despeja el camino hacia la aparición del ciclo Teatro por la Identidad. Nuevamente quedó demostrada la capacidad interminable del teatro de Buenos Aires para generar experiencias nuevas, imaginativas, que le permitan meterse con la realidad.
Como suele ocurrir –al menos así ocurrió con Teatro Abierto– Teatro por la Identidad surge de una necesidad: la de hacer teatro. Y nace con una obra, A propósito de la duda, la provocadora partitura de Patricia Zangaro.
El director Daniel Fanego cuenta las peripecias que atravesó A propósito de la duda, su origen, sus premuras, su ansiedades. A diferencia de las experiencias anteriores esta obra nació con el destino puesto: estar al servicio de la tarea que realizan las Abuelas de Plaza de Mayo. Un teatro decididamente militante. Y comenzó con un trabajo de investigación. Cuenta Fanego que escucharon relatos y experiencias de los referentes de Abuelas y de HIJOS, revisaron material periodístico y vieron testimonios audiovisuales.
Con ese bagaje Zangaro escribió el texto. Sabía que tenía que abordar un material épico y que el escenario se le iba a llenar de personajes. Además, que debía durar media hora. La autora apeló a la síntesis, se ciñó a los conflictos centrales y propuso una partitura abierta, de historias entrecruzadas. Daniel Fanego, luego, completó la narración arriba del escenario. Todo está dicho en la sugestiva pregunta que cierra el texto: “¿Y vos sabés quién sos?”.
Y quizás haya sido esa pregunta la que potenció el nacimiento de Teatro por la Identidad, un ciclo compuesto por 41 espectáculos breves del que participaron 600 personas entre actores, autores, técnicos y colaboradores. Asistieron unos 30.000 espectadores.
Teatro por la Identidad es la última experiencia de los teatristas de Buenos Aires para meterse a fondo con la realidad. Es heredero de Teatro Abierto y ambos tienen sus raíces en el Movimiento de Teatros Independientes. Pero tiene sus características propias. Nació al cobijo de una entidad de los derechos humanos y de su causa. Un origen que lo ennoblece.

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