JUJUY
Salinas grandes, Purmamarca y Tilcara
El color
de la Puna

Un valle
de sal de 2000 kilómetros cuadrados en las alturas del sur de la Puna:
son las Salinas Grandes, un espejismo blanco en medio de la nada. En
la Quebrada de Humahuaca, el poblado de Purmamarca quedó anclado en
el tiempo, a la sombra del cerro Siete Colores. Y a los pies del Pucará,
una fortaleza indígena casi milenaria, el pueblo de Tilcara, centro
arqueológico del noroeste argentino.
Por Julian
Varsavsky
La escena transcurre
en otro planeta. Tras la huella de la camioneta han quedado pueblitos
con cinco casas y una iglesia, y allí parece que termina el mundo.
De pronto, pasando la Cuesta de Lipan, la Puna Sur se extiende sobre
una planicie desértica totalmente blanca que se pierde en el
infinito.
En las Salinas Grandes, a 3500 metros sobre el nivel del mar, no hay
arbustos, ni siquiera una rama seca; solamente se vislumbra un suelo
liso con resquebrajamientos en forma de pentágono de un metro
por lado, que se reproducen con la exactitud matemática de una
telaraña. La única excepción son unas misteriosas
pirámides de sal acumulada por los trabajadores de la salina,
que brillan con el sol. Difícilmente otro paisaje pueda transmitir
mejor la idea de la nada absoluta; la dolorosa belleza del reino de
la desolación.
Abandonamos el camino y nos internamos a baja velocidad hacia las profundidades
de la salina, un valle de sal que parece no tener fin. Hacia el norte
la mirada es infinita y se diluye en un horizonte blanco. En cambio,
hacia el este y el oeste, la salina sí tiene fin, al pie de unas
serranías que detienen la visión. El sol oblicuo del atardecer
va tomando posición para un encuentro muy particular con la luna.
No se trata de un simple y melancólico crepúsculo: es
algo que ocurre cada 13 de agosto. Tras una montaña comienza
a descender el sol de las siete, un globo rojizo que ya no enceguece.
Enfrente, tras otra montaña, la luna asoma apenas la curva de
su disco perfecto, y refleja hacia nosotros la luz del sol yaciente.
Nuestra indiscreta presencia en medio de aquel gran anfiteatro blanco
se ve conmovida en lo más íntimo. En cinco minutos el
círculo de fuego hunde medio cuerpo en el ocaso, mientras la
luna revela la mitad de su esfera radiante. La velada de los dioses
dura unos instantes, tiempo en el que se pasan la posta para iluminar
a los mortales. No llegan a verse entre sí de cuerpo entero,
y el sol desaparece bajo una luminosidad roja, mientras la luna llena
destella un color malva que se extiende por todo el cielo y desciende
sobre la puna blanca... y sobre nosotros.

El arco iris
de Purmamarca Tras una hilera de álamos, al costado de la
Ruta 52, se vislumbra un arco iris de piedra; una montaña con
franjas horizontales de mucho más de siete colores; rojo arcilla,
violeta, rosa, verde claro, turquesa, amarillo, azufre, naranja, celeste,
blanco, gris...
Los cerros jujeños deslumbran no sólo por su belleza sino
también por la originalidad de sus colores, que hacen a estos
paisajes únicos en el mundo. En semejante contexto está
el poblado de Purmamarca, al pie del escarpado cerro Siete Colores.
Sus callecitas de tierra suben a la montaña, y las casas de adobe
parecen brotar de la tierra. Pareciera que el tiempo no roza este pueblo
fundado en 1594. Unas veinte manzanas se arremolinan alrededor de una
iglesia con techo de madera de cardón, construida en 1648. Del
interior de un negocio fluye la aguda melodía de una baguala,
ese canto anónimo de los valles inspirado en la pura soledad.
En lo alto del cerro un cementerio de altura le otorga trascendencia
a cada sosegado paso de los habitantes del pueblo, en su mayoría
gente mayor.
Los turistas llegan por la mañana hora ideal para fotografiar
el cerro y parten en una hora. Cuando se van, el pueblo queda
casi desierto y recupera su serenidad. Pero en esa hora alterada, los
purmamarqueños se vuelven esquivos, ya que generalmente los turistas
les toman fotos mientras los atosigan con preguntas, sin esperar la
meditada respuesta que viene detrás. En los pueblos de la Quebrada
de Humahuaca la gente no grita; el silencio los acostumbra a hablar
despacio, casi en susurros. La barrera de la timidez se levanta, justamente,
cuando uno se acerca con timidez y les habla sin urgencia, evitando
hacer demasiadas preguntas. Al entrar en confianza, quien antes se expresaba
con monosílabos, es capaz de relatar su vida en un extenso monólogo.
Es el caso del señor Aramayo Valdivieso, quien sale de la iglesia
avanzando con pasos lentísimos y másde 90 años
a cuestas. En el camino se detiene a observar un antiquísimo
algarrobo y se muestra dispuesto a entablar conversación: Mi
apellido es mitad quechua y mitad español, comenta haciendo
una larga pausa antes de proseguir. Al rato ya habla solo, sin que se
le pregunte, y cuenta que bajo la sombra del algarrobo de mil años
bajo el cual estábamos parados, el cacique Diego Viltipoco y
otros jefes indios se conjuraron para resistir al español, conformando
un ejército de 10.000 guerreros. Una de las estrategias urdidas
por el cacique fue simular una conversión al cristianismo para
acercarse al enemigo y estudiarlo antes de atacar. Y fue también
aquí, bajo el árbol, que Viltipoco fue sorprendido mientras
dormía, victima de una traición. Así lo recuerda
una placa al costado del tronco.

Por los recovecos
del Pucara Nos dirigimos por la Ruta 9 hacia el pueblo de Tilcara
la capital arqueológica del NOA, 30 kilómetros
al sur de Purmamarca. A cada lado de la carretera se levantan altísimas
cadenas montañosas de color rosado, con una extraña gama
de vivos colores cerca de las cumbres, donde se descubren los primeros
cardones.
Se ingresa al pueblo cruzando un puente sobre el río Grande.
Gran parte de las casas son de adobe, y por sus calles empedradas sin
autos corretean los chicos y las gallinas. Algunas llamas pastan en
el patio de un hotel, y ciertas casas tienen una vitrina en el frente
con una gran vasija indígena desenterrada en el lugar.
Una empinada calle con escalones conduce hasta lo alto de un cerro.
Allí, entre cardones gruesos como el tronco de un árbol
y casas de piedra, se capta un panorama de Tilcara donde sobresalen
los campanarios amarillos de la iglesia de 1797. Y a un kilómetro
del pueblo, también en las alturas de un cerro, se erigen los
restos del Pucará de Tilcara, un asentamiento fortificado de
antigüedad casi milenaria. Fue descubierto en 1908 por Juan Ambrosetti,
y en 1948 se lo restauró parcialmente con un criterio muy discutido
por los arqueólogos actuales.
Ingresar en los recintos cuadrangulares de este laberinto de muros y
casas de piedra inspira un silencio reverencial. Este poblado fortificado,
donde vivían unas dos mil personas, ocupaba 17.000 hectáreas.
Algunas casas están reconstruidas y se ingresa en ellas por entradas
muy bajas, agachando un poco el cuerpo. En su interior hay esculturas
actuales que reproducen a indígenas omaguacas de tamaño
natural. Uno podría pasarse horas recorriendo los recovecos del
Pucará, o caminando entre los cardones con el pasto hasta las
rodillas, sobre grandes piedras milenarias desperdigadas que alguna
vez sirvieron para sostener los muros de una infranqueable fortaleza.

Magia en Tilcara
¿Qué tiene Tilcara de especial? No se sabe, pero todos
los sienten. Todos hablan de su magia, al margen de los delirios místicos
de algún cultor porteño de la new age que
vende piedras rúnicas en la plaza. Aquí el
misticismo es cosa seria. Así como los ancestrales habitantes
del Pucará no encontraban a Dios en el cielo sino en la tierra,
los tilcareños siguen hoy ofrendando alimentos a la Madre Tierra
en medio de emocionantes rituales. Tilcara yace sumisa a los pies de
una fortaleza sagrada, la máxima expresión de los habitantes
del Kollasuyo en la zona. Aquí, el peso de una cultura se nos
viene encima, desde lo alto de una colina. No hay forma de escaparle.
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Datos
útiles
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- Desde
San Salvador de Jujuy parten micros muy económicos hacia
toda la Quebrada de Humahuaca. Tilcara es el lugar ideal para
utilizarla como base.
- Un paquete turístico de 3 días y 2 noches (aéreo
aparte), incluyendo traslados y alojamiento en Purmamarca, un
trekking por el Valle de los Colorados, la visita a Tilcara, mountain
bike en Maimará, rappel y la excursión en 4x4 a
las Salinas Grandes, cuesta $ 297 por persona, con pensión
completa. Agencia de Viajes Marco Polo. Telefax 0388-423-0751
email: aventur@imagine.com.ar
Sitio web: www.lanzadera.com/marcopoloadventures
- La cabalgata en Tiraxi se contrata en el complejo turístico
El Refugio. Ruta 9 . Km.14 (pasando el puente de Yala). Tel.:
0388-4909344 e-mail: elrefugio@arnet.com.ar Se ofrecen otras excusiones
de turismo alternativo.
- Informes: Secretaria de Turismo de San Salvador. Urquiza 354.
Tel.:03884221326 e-mail: setjujuy@cootepal.com.ar
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Datos
útiles
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- Desde
San Salvador de Jujuy parten micros muy económicos hacia
toda la Quebrada de Humahuaca. Tilcara es el lugar ideal para
utilizarla como base.
- Un paquete turístico de 3 días y 2 noches (aéreo
aparte), incluyendo traslados y alojamiento en Purmamarca, un
trekking por el Valle de los Colorados, la visita a Tilcara, mountain
bike en Maimará, rappel y la excursión en 4x4 a
las Salinas Grandes, cuesta $ 297 por persona, con pensión
completa. Agencia de Viajes Marco Polo. Telefax 0388-423-0751
email: aventur@imagine.com.ar
Sitio web: www.lanzadera.com/marcopoloadventures
- La cabalgata en Tiraxi se contrata en el complejo turístico
El Refugio. Ruta 9 . Km.14 (pasando el puente de Yala). Tel.:
0388-4909344 e-mail: elrefugio@arnet.com.ar Se ofrecen otras excusiones
de turismo alternativo.
- Informes: Secretaria de Turismo de San Salvador. Urquiza 354.
Tel.:03884221326 e-mail: setjujuy@cootepal.com.ar
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