CHILE
Las Termas de Chillán
Del
esquí al spa
A dos horas
de la ciudad de Concepción, un valle blanco cubierto de nieve alberga
un spa-resort de cinco estrellas y 29 pistas de esquí. Después del deporte,
los esquiadores se relajan en las cálidas aguas mineralizadas de las
Termas de Chillán, donde se ofrecen tratamientos de hidroterapia y fangoterapia.
Por Julián
Varsavsky
La
escena transcurre dentro de un sueño blanco. Una pileta circular
cubierta
por un luminoso solarium de vidrio despide un vapor termal blanquecino.
El agua es muy aceitosa, a tal punto que nos permite flotar boca arriba
sin más esfuerzo que un suave movimiento de pies y manos. Al
sumergirnos hasta el cuello, el vapor caliente acaricia la cara y dilata
los poros de la piel, y cuando lo aspiramos, sentimos que entra en nuestro
cuerpo como un torrente purificador.
Un pequeño túnel comunica la piscina cubierta con otra
al aire libre. Al cruzarlo, aparece de repente una gran montaña
tapizada de nieve desde el pie a la cima, donde los rayos del sol estallan
en una explosión de blancura. Estamos en la parte baja de un
gran anfiteatro blanco de lisura perfecta, que en lo alto parece ocultar
numerosas chimeneas que lanzan vapores blancos (se trata de las fumarolas
naturales). Un bosque de lenga, totalmente deshojado y con los ramajes
cubiertos de nieve, nace junto a la piscina. Casi como una ofrenda del
cielo, delicados copos aterrizan suavemente sobre el rostro del bañista
y se derriten por efecto del vapor. El sueño se repite por la
noche, en el mismo lugar, cuando las montañas se perfilan como
una sombra aun más oscura que el cielo, y el vapor agrega un
halo de misterio al ambiente. Es el momento oportuno para recostarse
boca arriba en la piscina sobre una de las camas de agua, pródigas
en hidromasajes. Al mirar hacia arriba vemos un cielo particularmente
negro, típico de los parajes apartados, donde las estrellas adquieren
un brillo especial y se multiplican hasta el infinito.
Salute
per acqua No es nada casual que la palabra spa
sea en realidad la abreviatura de esa frase latina. En las famosas Termas
de Caracalla, cuyos monumentales restos perduran a metros del Coliseo
Romano, podría rastrearse el origen de esta modalidad del turismo
que combina tratamientos de salud con placer, que a decir verdad tiene
más de lo último que de lo primero. Basta con recorrer
las instalaciones del spa del Gran Hotel de Termas de Chillán
para darse cuenta de que aquí nadie tiene aspecto de estar enfermo,
sino todo lo contrario.
Desde la época en que los indios pehuenches venían a este
lugar a cicatrizar sus heridas, las comodidades han mejorado notablemente,
a tal punto que en la actualidad se dispone de sofisticadas tecnologías
como la cápsula Thalatherm, de aspecto inconfundiblemente espacial,
donde el turista se introduce dejando la cabeza afuera, luego de ser
untado con fangos terapéuticos de origen volcánico. La
máquina lanza vapores húmedos sobre la piel para acentuar
la efectividad del barro, dejando el cuerpo sumido en la relajación
total. Además hay diversos tratamientos de fangoterapia y de
hidroterapia como, por ejemplo, el tratamiento de hidrospa, en el cual
la persona se recuesta en una tina con cien chorros de agua termal que
producen una profunda relajación, ideal para el reuma y el estrés.
Entre estos tratamientos, uno de los más divertidos para reducir
tensiones musculares y activar el sistema circulatorio es el baño
de pistón: 10 minutos a merced de un chorro de agua a presión
que brota de una manguera especial. Y después de esta recia ducha,
es muy aconsejable tomar un baño sauna o de vapor natural de
azufre. La masoterapia es un capítulo aparte, y nadie se retira
del spa sin antes disfrutar de una buena sesión de masajes en
todo el cuerpo, o una localizada en los pies o en el cuello y la cabeza.
También están los tratamientos de aromaterapia dentro
de una cápsula sensorial llamada sunspectra 9000, que combina
aromas, música y vibración corporal, y por último,
se ofrecen técnicas de talasoterapia en base a algas marinas
y de reiki.

A
toda velocidad Las Termas de Chillán se han consolidado como
uno de los centros de esquí más completos de Sudamérica.
Hay 29 pistas de diversas complejidades, que se despliegan entre los
bosques como los brazos de un pulpo, sumando un total de 46 kilómetros
de recorridos señalizados y un desnivel vertical de 1100 metros
(desde la cima hasta la base de lamontaña). Entre ellas hay una
de 13 kilómetros de extensión, que es la más larga
de Sudamérica.
Los amantes del snowboard disponen de pistas especiales y un sofisticado
snowpark. Entre las variantes se cuentan las motos de nieve
y los trineos con perros Alaskan Malamute, los mismos que utilizan los
esquimales en el Polo Norte. Para los más audaces queda la opción
del heliski, que consiste en subir en helicóptero
a la cima de la montaña y descender a todo vértigo por
una empinadísima ladera (la ascensión cuesta $ 60). Para
los niños hay una mini-escuela de esquí y un área
de juegos de nieve.
Un viaje a las Termas de Chillán ofrece una particular mezcla
de dos opciones opuestas por el vértice. Por un lado, el vértigo
y la silenciosa velocidad del deporte blanco. Y en el otro extremo,
el rélax absoluto del spa, el confort y la buena comida. En este
caso, los extremos se complementan.

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Datos
útiles
Cómo
llegar: LanChile vuela a la ciudad de Concepción vía
Santiago por un precio de alrededor de $ 330 (impuestos incluidos).
El vuelo interno dura 50 minutos, y luego se debe tomar un transfer
hasta las Termas de Chillán que tarda una hora y media.
Dónde alojarse: el Gran Hotel Termas de Chillán,
con cinco estrellas, ofrece todos los servicios de spa, piscina
termal con solarium, guardería infantil, sala de juegos
y cancha de squash. Un paquete de 7 noches en la segunda mitad
de julio cuesta desde $ 1565 en adelante por persona, de acuerdo
con el nivel de la habitación. En las semanas sucesivas
los precios van en descenso, hasta llegar casi a la mitad. En
la primera semana de setiembre el mismo paquete cuesta $ 970,
y durante el resto del mes hasta el 12 de octubre baja a $ 820.
Este programa incluye media pensión, los transfers desde
y hasta el aeropuerto de Concepción (el ticket aéreo
se paga aparte), 7 tickets de andarivel, uso de la piscina termal
techada, sauna, gimnasio, y uso de las pistas de esquí.
Quien no desee esquiar, puede cambiar el uso de las pistas por
un programa muy completo de spa. Hay un programa mini-week de
cuatro noches que cuesta $ 894 en la segunda quincena de julio,
y $ 468 a partir del 8 de setiembre. Aquí también
se puede optar entre los servicios de esquí o de spa. Teléfono
0056-2-233 1313. E-mail: opera@termachillan.cl
Hotel Pirigallo: El precio por persona con media pensión
es de $ 1095 en la segunda mitad de julio, $ 840 durante el mes
de agosto, y $ 600 desde setiembre en adelante.
Condominios: equipados con heladera y microonda. Uno para cuatro
personas cuesta por semana $ 1320 en la segunda semana de julio,
$ 1490 en la segunda mitad de julio, $ 1320 en agosto, y $ 950
desde setiembre en adelante.
Internet: www.termaschillan.com www.skichillan.com
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Un
tradicional centro de esquí chileno
El
histórico Portillo
La
estación de esquí de Portillo, a unos 164 kilómetros de Santiago de
Chile, ofrece magníficas pistas para esquiadores principiantes y expertos,
en el cálido marco familiar del hotel del mismo nombre. El origen de
este centro invernal donde se encuentra, dicen, “la mejor nieve del
mundo”.
Por
Graciela Cutuli
Los
comienzos de la práctica del esquí en la Cordillera están
vinculados al avance del trazado de la línea de ferrocarril trasandino
que unió Chile con Argentina pasando al pie del macizo del Aconcagua.
Esta epopeya se remonta al año 1887, cuando el gobierno chileno
de José Manuel Balmaceda encargó a ingenieros ingleses
el trazado y la construcción de una vía de ferrocarril
a través de los Andes, por el paso de Uspallata, para conectar
sí Chile con Mendoza y Buenos Aires. Para estudiar las condiciones
climáticas durante el invierno, la compañía inglesa
contratada recurrió a dos aventureros noruegos, que recorrieron
la zona durante toda una de las estaciones frías: y las hazañas
de que fueron capaces estos dos hombres fueron un factor decisivo para
conocer mejor la región y adoptar el trazado definitivo del ferrocarril.

El
tren del esquí A principios del siglo XX las obras ya estaban
avanzadas, y en 1910 ya se inauguró la línea entre Chile
y Mendoza. Curiosamente, el tren sirvió de elevación mecánica
para los esquiadores de la época. Los noruegos e ingleses sobre
todo contribuyeron a popularizar este deporte, por entonces totalmente
desconocido en el vecino país. Acompañados por aficionados
locales, utilizaban el tren para subir a las montañas y luego
deslizarse libremente por senderos y pendientes, hasta llegar a las
estaciones del valle. Aquellos pioneros fueron también los primeros
en cruzar las canchas que hoy pertenecen al complejo de Portillo, el
centro de deportes de invierno chileno al pie del Aconcagua.
Sin embargo, si bien el esquí tuvo un historia temprana en Chile
ya en 1909 se fundó el primer club, gracias a inmigrantes
alemanes residentes en Valparaíso habrá que esperar
hasta los años 40 para que empiece la historia de Portillo. El
desarrollo de esta estación de esquí está íntimamente
vinculado con la Laguna del Inca, un lago natural que puede definirse
como el epicentro del paisaje de la localidad cordillerana: en sus aguas,
donde se reflejan las altas cumbres que la rodean, no se tardó
en descubrir el potencial atractivo turístico de la zona.
Eran tiempos de realizaciones prestigiosas, lejos de las cadenas de
hoteles multinacionales, tiempos en que en las grandes obras se empeñaban
los gobiernos nacionales. Mientras en Argentina se construía
el hotel Llao-Llao, del lado chileno se empezó a proyectar, bajo
el impulso del presidente González Videla, el hotel Portillo,
sobre la base de un pequeño refugio de montaña a orillas
de la laguna. Así se armó una empresa estatal dedicada
a la construcción de un establecimiento de lujo en medio de la
montaña, con el propósito de desarrollar la zona a nivel
turístico y proponer a las clases altas chilenas un centro de
deportes invernales bastante cercano a Santiago. Había otra intención,
sin embargo: su proximidad con la frontera era un reaseguro en tiempos
de discusiones limítrofes entre la Argentina y Chile.
Tiempos de cambio Durante once años, el centro funcionó
como empresa pública hasta que el conservador Alessandri decidió
venderlo, en lo que fue una de las primeras privatizaciones de la historia
económica de Chile. En 1960 el centro fue comprado por norteamericanos,
y un año más tarde fue reinaugurado, con la
participación de importantes esquiadores estadounidenses especialmente
llegados para la ocasión. Pero la mayoría de la instalaciones
actuales provienen del reacondicionamiento que se hizo en 1966 para
la realización del Campeonato Mundial de Esquí de ese
año.
Junto a su cara deportiva, Portillo quiere ser también un centro
familiar, una pequeña boutique entre las grandes
tiendas del esquí, según las palabras de Henry Purcell,
su actual dueño. Muchas familias vuelven cada año a esquiar
en Portillo, y el hecho de que la estación se limite sólo
al hotel es una gran ventaja para quien busca un ambiente familiar para
sus vacaciones de invierno. A diferencia de otros lugares, no se privilegia
la vida nocturna, si bien figuras de la farándula también
aparecen a veces sobre las pistas de esquí.
Los habitués dicen que Portillo año tras año no
cambia, sino que mantiene su aspecto y su atmósfera, pero no
sucede lo mismo con el medio que le dio vida. Hace ya varios años
que la línea de ferrocarril ha sido abandonada y, como el tributo
que el encantador paisaje de la Laguna del Inca y Portillo tuvieron
que pagar al progreso, largas colas de camiones pasan en verano o invierno
por la ruta que une Chile con Argentina por el Paso del Cristo Redentor.
El ronroneo de los motores sube suavemente hacia las pistas, y se mezcla
con el suave ruido de los esquís al deslizarse sobre la nieve.
Esa nieve que los instructores de Portillo en su mayoría
profesionales que hacen la temporada boreal y austral cada año
dicen que es la mejor del mundo.
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Datos
útiles
Hotel
Portillo: las tarifas por la estadía semanal en Portillo,
por persona, oscila entre los 4700 y 1595 dólares en temporada
alta (mes de julio). En agosto, las tarifas bajan un poco, y oscilan
entre los 3770 y 1280 dólares por persona por semana. Hay
ofertas especiales para familias con niños. Las tarifas
incluyen cuatro comidas diarias y todos los servicios del hotel,
que organiza diversas actividades recreativas durante la temporada
para el entretenimiento de sus huéspedes.
Informes: Hotel Portillo, Renato Sánchez 4270, Santiago
De Chile teléfono.: (56) 2 263 0606.
E-mail: info@skiportillo.com Internet: www.skiportillo.com
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