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LONDRES
Antes de la fiesta

  Navidad es lo
que se prepara

En las semanas previas a la Navidad, la capital inglesa se enciende a pleno para iluminar los preparativos de la fiesta que también tiene sus claroscuros. Alegrías y peleas en un día que empieza a celebrarse a la mañana con buena comida y abundantes tragos.

Por Andrew Graham-Yooll

Hay que visitar Londres en Navidad, pero antes. Es un espectáculo de luces y exceso consumista que todos podemos gozar con los ojos, aunque no tengamos en los bolsillos la posibilidad de llevar el placer a la posesión. Los preparativos para Navidad son siempre un espectáculo en Londres, con el “encendido de las luces” en las principales calles del West End como ceremonia anual que dirige el intendente de Westminster, la parte oeste de Londres donde están las grandes casas de compras, en las calles Oxford, Regent y Bond. Los ingleses siempre dirán que lo lindo de la Navidad son los preparativos, esto está en toda la expectativa que produce la expectativa en los niños y la reunión con amigos y familiares. Eso es en las semanas anteriores a la gran fecha. La verdad es que el día mismo tiene historias de horror.
Los ingleses celebran la Navidad el mismo día 25. La Nochebuena es para la misa, entre los creyentes que quedan, y los preparativos finales de la comida de Navidad. El día mismo por lo general comienza con abundancia de tragos después del desayuno, sigue con un almuerzo de pavo y gran cantidad de agregados de ricos comestibles y salsas, y más tragos, a lo que se le agrega la torta de Navidad, alrededor de las seis de la tarde, cuando ya la noche lleva tres horas de comenzada porque oscurece a las tres de la tarde, y luego más tragos. Muchos tragos. Para sobrevivir a este festín el 26 es feriado: el Boxing Day, o día de las cajas, cuando se guardan los regalos o se reparte lo que sobra. Es el día cuando se intenta superar las rencillas, o batallas campales en la familia, que hace que cada año la mayoría de los ingleses informe que “detesta la Navidad”. No es difícil imaginar las dificultades: allí están, todos los parientes reunidos, y algunos amigos ebrios que intervienen en las peleas sin ser invitados a hacerlo, el día corto y la noche cerrada, el frío afuera, obligan a pasar el tiempo en espacios interiores limitados. Es la receta para el estallido.
El placer antes de la fiesta Por eso es tan agradable la época de los preparativos. La temporada de Navidad comienza en Londres alrededor del primero de septiembre, cuando los comercios terminan sus liquidaciones de verano, y sacan el arbolito de Navidad para advertirle al consumidor que debe comprar temprano para su propio beneficio y evitar los apretujones de último momento.
Es cierto, es un placer. Son motivo de regocijo las librerías. La gente que entra en ellas buscando un libro de regalo, para un amigo o aun para sí mismo, tienen una mirada especial. No es que parezcan ni más ni menos inteligentes que el que compra en la camisería de enfrente, pero el comprador de libros tiene una intensidad de búsqueda que es divertida. El despliegue en las librerías Waterstones y Hatchards, en la avenida Piccadilly, era riquísimo. Allí estaban desde una versión inglesa de Isabel Allende, hasta el nuevo Premio Nobel, V.S. Naipaul, con su libro sobre la Argentina, El retorno de Eva Perón. La magnífica obra sobre Trieste, de la autora de libros de viaje Jan Morris, que antes de su cambio de sexo era James Morris, y autor de una excelente historia del imperio británico. Las nuevas novelas de Ian MacEwan (Atonement), y de Salman Rushdie (Furia), se apilaban junto a las nuevas producciones de Michael Ondatjee (canadiense originario de Sri Lanka), la inglesa Joanna Trollope, y el inglés Piers Paul Read, que entre nosotros se conoció con su crónica de los sobrevivientes uruguayos en los Andes.
Pero no hay que detenerse ahí. A lo largo de los años he tenido una rutina londinense en Navidad. Primero llevaba a mi hija menor a mi oficina (supongo que ahora tendría que ser el paseo con mis nietos, pero ellos viven lejos de Londres), a saludar a los colegas. No sé si los padres llevan a los niños a la oficina para jactarse de sus hijos, o realmente por curiosidad de los menores. De la oficina había que participar de un almuerzo con amigos, bien rociado de vino o cerveza. A la tarde cuando yaoscurece, era de rigor un paseo por Leicester Square, donde tradicionalmente se instala un parque de diversiones. Lo más importante de nuestros preparativos para Navidad era poder jugar un rato en los autitos chocadores.
Un paseo casi gratis, con la excepción del pasaje, es por las escaleras mecánicas del subterráneo. La publicidad teatral, de viajes, de todo tipo que está instalada al lado de la escalinata es casi una exposición de la ocurrencia publicitaria. Claro también están las grandes exposiciones, desde una sobre la autora Agatha Christie en Egipto en el nuevo y flamantemente reformado Museo Británico (a la que se le ha agregado para mejor ilustración un coche dormitorio del Orient Express, hasta disfrutar de la nueva galería Tate, producto de una reforma de una antigua usina eléctrica. Mi lugar favorito siempre ha sido el Museo de Retratos, donde desfilan las estrellas y políticos de todos los tiempos y que se renueva cada seis meses.
Quizás lo más divertido, pero no para menores, es ir al Soho, la zona tradicional de casas de masaje, prostíbulos y boîtes de dudosa fama, para ver como son decorados los diferentes negocios. La serpentina y guirnaldas está en todas partes, entre las botellas de vino del restaurant portugués, y el despliegue de Santa Claus y nieve artificial en la vidriera de un night club. Pero este año lo más atractivo, realmente, fue una guirnalda entrelazada en los accesorios de un Pornoshop. Las preparaciones para la Navidad londinense muestran todo, hasta las fantasías eróticas.