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SUJETOS DESTITUIDOS EN LA SOCIEDAD ACTUAL
Testimonio mudo del des-existente

En situaciones de �extrema violencia� social, como la actual, conjuntos de sujetos, como los desocupados, pueden ser reducidos a una condición que la autora de este ensayo llama �de pura presencia�: son mirados sin ser vistos, des-existen. Habría semejanzas y diferencias entre este estado y el del desaparecido.

Por Janine Puget *

En casos de extrema violencia, un sujeto o conjunto puede quedar reducido a un estado de pura-presencia por lo cual es mirado sin ser visto: es testimonio mudo en espera de un testigo. El concepto de “pura presencia” me fue sugerido a partir del de “nuda-vida” propuesto por Giorgio Agamben. Para este autor el lenguaje y la ley son categorías contingentes de la condición de humanidad siendo la nuda-vida, o pura vida, la categoría necesaria. En el estado de nuda-vida, el sujeto ha sido destituido del lenguaje o aún no lo ha adquirido. El autor propuso este concepto después de Auschwitz, cuando volvió a cuestionarse acerca del significado lógico y gnoseológico de lo humano, que la mayoría de los filósofos adscriben al lenguaje y a la ley. El ejemplo paradigmático de nuda-vida en los campos de concentración nazis fue el musulmán, testimonio mudo de la ferocidad de la Shoah, y del cual sólo pudieron dar cuenta sus testigos, si bien parcialmente. El musulmán tenía una presencia invisible: se veía de él un cuerpo, pero no su humanidad. En la lógica de la expulsión, el musulmán es el paradigma del expulsado. Me ocuparé más adelante de otros expulsados a los que intentaré comparar entre sí.
Las relaciones de poder –imposición– originan diversas situaciones básicas de las cuales dependen la modalidad vincular, la identidad y la pertenencia-
1. Las presencias (de dos o más sujetos), al inscribirse, instituyen reglas que legislan lo permitido-prohibido y regulan los intercambios. El exceso viola las reglas y produce desorganizaciones, imponiendo una superposición de leyes que invalidan el significado de la ley. Ello atenta contra la constitución de la pertenencia y de la identidad.
2. Las presencias imponen un límite dado por la mera potencia (fuerza) de cada sujeto. Ello instaura varios afuera-adentro, incluido-excluido y la regulación proviene del par posible-imposible. Aquí el exceso se manifiesta como dominación o aniquilación de uno de los polos por el de mayor fuerza, creando una asimetría vincular, y como resultado la potencia subjetivante del vínculo se invierte creando des-subjetivación.
Un extremo de imposición es el que crea sujetos que quedan reducidos a un estado de pura presencia a quienes se mantiene sobrevivientes biológicamente –musulmán, desaparecidos, des-existentes–. Aquí hablaré de un par posible-no-posible.
Los efectos de presencia exponen a los sujetos a realizar un recorte entre las múltiples variables en juego. Así se producen marcas, representaciones y conflictos, propios de cada contexto, que resultan de transformaciones singulares y propias. En este intersticio entre lo general y lo singular, semantizado como lo diferente, se generan las prácticas que tienden tanto a la humanización como a su opuesto, la creación de no-hombres donde la diferencia se maneja matando –genocidio, crímenes–, expulsando –marginales y des-existentes– o recluyendo -sistemas carcelarios y discriminatorios– a quien por ser diferente no es aceptado o no tiene lugar, como sucede por ejemplo en luchas sostenidas por el racismo, por diferencias étnicas, religiosas, socioculturales, económicas.
La producción subjetivante oscila entre prácticas basadas en el reforzamiento de las semejanzas entre los miembros de un grupo y aquellas basadas en un trabajo psíquico que parte de la transformación creativa de la alteridad y la ajenidad. La ilusoria y frágil agrupación por semejanza se quiebra cuando por algún motivo, nimio o no, los excesos intolerables referidos a la percepción de diferencias hacen explosión, modificando el sistema de inclusión-exclusión que hasta el momento regía. Así se producen nuevas desorganizaciones o nuevas marginalidades, nuevas agrupaciones, nuevas divisiones, ya se trate de un pequeño grupo, un barrio, una institución, una clase social. Voy a proponer algunas ideas para pensar algunas de las nuevas formas de violencia. Una de ellas es lo que llamo la guerra entre empleador y empleado, de la cual surge –descartable– el desempleado. Debe leerse dentro del contexto de la guerra económica y, si bien no produce los mismos efectos que un genocidio, es sin embargo válido establecer comparaciones.
La pérdida súbita de una pertenencia social en la red laboral destituye al trabajador de su pertenencia y lo define como un no-existente, ubicándolo bruscamente en un afuera, algo así como un extra-muro. Consideremos la escena en que una persona es declarada prescindible, descartable, sólo porque se ha decidido reducir al personal por razones económicas y no porque haya fallado en su capacidad laboral.
Un representante de una entidad anuncia a otro, que hasta ahora era sujeto de la empresa, que ya ha dejado de serlo: ya no es. Quien da este mensaje establece un diálogo con quien ya no es, o sea con quien era el que ahora ya no es persona para ese contexto, por lo cual hay una diferencia entre la enunciación y el enunciado. La enunciación se dirige al que era, el enunciado dice: “Ya no es”: situación enloquecedora, ya que el mensaje es productor de desestabilización. El que era y ya no es será informado de la decisión por alguien encargado de este tipo de noticias. Dicha persona le dirá que la empresa nada tiene contra él pero que “son decisiones que vienen de arriba”. Incluso tendrá un trato amistoso con él, sin reconocer este nuevo no-sujeto, dado que es imposible reconocer a un sujeto como no-existente, y por supuesto es imposible hablarle.
Así se crea un sujeto invisible para el conjunto, un sujeto que desaparece: no-sujeto que, al quedar excluido del circuito laboral, pasa a ocupar un lugar en el extra-muro. De allí saldrá como mendigo o delincuente o manifestante o con algún otro ropaje; el no-sujeto como tal es invisible.
En todo caso, la manipulación de las personas la realiza un sujeto o conjunto no responsable, al cual no se le puede hablar: el responsable es un ente sin nombre: gobierno, ministerio, empresa; lo cual agrega un factor de impotencia. El mal, así, fue implementado muchas veces por sujetos apacibles, aparentemente meros instrumentos de una fuerza oculta. Quienes respondían a la “obediencia debida” eran también meros instrumentos de fuerzas anónimas.
Es posible pensar la conflictiva del des-existente a partir de algunos ejes que la pondrán en relación con la del desaparecido. Orientará la comparación las diferencias y semejanzas en la transmisión histórica, las formas de gobierno y sus prácticas y los procesos de subjetivación.
Cabe considerar una transmisión histórica desde la continuidad, que incluye fenómenos de repetición, y desde la discontinuidad, a partir de la cual habrá que detectar nuevas formas. En este caso además de tener sus propias cualidades y significados, cabe la posibilidad de otorgar un nuevo significado a aquello que ya sucedió, partiendo de criterios de semejanzas y diferencias.
Desde la continuidad, la dictadura creó una figura novedosa –la desaparición– y un acontecimiento –el golpe del 24 de marzo– en el que se conjugaron dos dictaduras: una proveniente de la fuerza militar argentina, y otra en sumisión a otra dictadura económica foránea. Ello entronizó el no disenso, la obediencia a una entidad invisible, el terror con efecto multiplicador sobre las mentes, los obstáculos para reaccionar. Los actuales des-existentes comparten algo de aquel pasado y a menudo, sin protestar, aceptan.
Desde la discontinuidad, la producción de des-existente es un hecho novedoso, que tiene sus características propias y obliga a pensar en el contexto social que los crea. Una villa miseria no es un campo de concentración ni es un campo de desaparecidos sino un lugar desde dondesalen representantes de los des-existentes bajo diversas formas: marchas, cortes de ruta, mendigos, delincuentes.
Pero, desde la continuidad, el desaparecido y el des-existente tienen en común la exclusión de un dado contexto mediante métodos violentos, aunque los respectivos espacios de exclusión difieren fundamentalmente.
Cada forma de gobierno da origen a prácticas específicas: esto incluye la estrategia que incluía producir un desaparecido; también puede incluir la producción del des-existente considerado tan solo como un subproducto, como una de las consecuencias posibles o inevitables. En ambos casos, con justificaciones diversas, los efectos del ejercicio del exceso de poder instauran excluidos sin derecho a la vida.
Las prácticas des-subjetivantes pueden resumirse en pocas palabras: destitución de la singularidad, pérdida de la identidad, aberrante mal trato, humillación. Los muertos sin tumba, los desaparecidos, plantean el grado extremo de discontinuidad, de agujero. Al des-existente, al no ser ni muerto ni torturado sino tan solo no ser, sin que le importe al conjunto, se lo deja vivir en el extra-muro sin protección de la ley laboral. No tiene contra quién rebelarse y además puede imaginar que es mejor no hacerlo porque así podrá tal vez reingresar en la red laboral. Es como si se lo vistiera con otro ropaje. Cuando reaparezca, lo hará imponiendo la lógica de su nueva pertenencia, que se opone o se superpone a la lógica de los incluidos.

Bibliografía

- Agamben, Giorgio: Lo que queda de Auschwitz: el archivo y el testigo. Homo Sacer III, Ed. Pre-textos, 2000.
- Arendt, Hannah: Los orígenes del totalitarismo, 3. Totalitarismo. Alianza Universidad, Madrid, 1987.
- Puget J.: “Are we confronted with a new form of social violence? Unemployment as a new way to create a disappeared social subject”. In Apssa FALL 2000 Meeting. Psychonalytic perspectives: the IPA at the United Nations, children and their future un a trouble world.

* Extractado del trabajo “La creación de des-existentes”, destinado al II Congreso de Familia y Pareja: “Dinámica inconsciente vincular y clínica vincular”, del 3 al 5 de mayo, convocado por Aappg, Aeapg, APA y Apdeba.

 

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