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LA SALUD MENTAL BAJO UNA CRISIS QUE
“ALTERA GRAVEMENTE EL ORDEN DE LAS COSAS”
“La Argentina sufre una catástrofe psicosocial”

El artículo toma �el hilo conductor de lo catastrófico� para examinar el panorama de la salud mental y definir propuestas de intervención cuyas modalidades �son diferentes de las que valen en situaciones normales�.

Cuadrito de “El Eternauta”, con guión de Héctor G. Oesterheld y dibujo de Alberto Breccia. “La extensión masiva de la crisis en salud mental permite definirla como catástrofe social.”


“La otra opción es que se arriesguen a aceptar su llegada al mundo real y superen el ‘esto no debería suceder acá’ para acceder al ‘esto no debería suceder en ninguna parte’. Pero para eso deberían aceptar también que nunca se tomaron ‘vacaciones del Curso de la Historia’, sino que su paz se compró a base de catástrofes en otras partes. Ahí reside la verdadera lección de estos atentados.”

Slavoj Zizek

Por Miguel Tollo *

Nos estremecimos ante el horror de la catástrofe del 11 de setiembre en Nueva York. El terror recorrió nuevamente nuestro cuerpo sacudiendo la presunta normalidad de su estar. Esas imágenes, y el apego hipnoide de nuestras mentes, sugerían algo más. Además de un futuro amenazante miles de kilómetros al norte, probablemente evocaban el pasado y la actualidad de nuestros horrores sociales, al sur.
Los 30.000 desaparecidos, la guerra de Malvinas, los atentados a la Embajada de Israel y la Amia, y hasta nuestra actual situación social, surgían hilvanados a las imágenes por el hilo conductor de lo catastrófico. ¿Podría esto develar la condición de catástrofe social a la que hemos llegado y en la que vivimos?
Catástrofe, según los diccionarios, es “un suceso infausto que altera gravemente el orden regular de las cosas”. Hace varios años, en su trabajo “Población y Salud Mental”, Mirta Clara conceptualizaba nuestra realidad social en términos de “catástrofe urbana”, la cual “conlleva problemas de destrucción en conjuntos poblacionales, procesos de desestructuración de familias, de parejas y de sujetos cuyo punto en común es el sufrimiento humano prolongado en la cotidianeidad”.
Si me permito hablar de “catástrofe” es con el fin de enfatizar el carácter colectivo de la situación de destrucción por la que atravesamos, y agrego “social” con la intención de quitarle toda posible asimilación al orden de los procesos y acontecimientos naturales.
La hipótesis de que el panorama de la salud mental puede definirse en términos de catástrofe social surge de considerar algunos aspectos de la crisis que se advierten en:
u la violencia y la imprevisibilidad de los cambios en los sujetos y sus respectivos grupos de pertenencia y referencia (familia, barrio, sindicato, grupo político, etcétera).
u la simultaneidad de su acontecer con una sincronicidad que complica su asimilación y elaboración subjetiva.
u la extensión masiva de su impacto (una fábrica que cierra, una ciudad que se queda sin su principal fuente laboral, una obra social que quiebra y deja sin cobertura a sus beneficiarios, un Estado que se retira de su función garante del bienestar general, etcétera).
u en lo que respecta a la clínica de los casos individuales, se comprueba la sumatoria y combinación de trastornos, sin que necesariamente exista entre los mismos conexión causal. Su concomitancia complejiza la comprensión y dificulta su resolución.
u no siempre la población se une por el problema común, tal como fuese señalado por Enrique Pichon-Rivière en el artículo de 1968 publicado en esta sección el jueves pasado. A veces se acrecienta la desconfianza, la dispersión y la fragmentación comunitaria, dando lugar a un contexto poco continente.
u los dispositivos abocados a la resolución de los problemas sanitarios no se encuentran indemnes y están directa o indirectamente implicados en la crisis (muchas veces sin conciencia de ello) * los trastornos se multiplican por efecto dominó o catarata (en la etimología griega de ambos términos, “catarata” y “catástrofe”, cata significa desmoronamiento).
u se instala una conciencia de supervivencia con parámetros y estilos de vida precarios, que pueden o no consolidarse en el tiempo. Se observa que no preocupa tanto si esa ética de la supervivencia entra en contradicción con las pautas y valores culturales correspondientes a los que podríamos denominar períodos “normales”.
u la magnitud y la velocidad de los sucesos impiden el desarrollo de relevamientos y evaluaciones que permitan a los que intervienen operar con eficacia.
Aun cuando la utilización del término “catástrofe” implique la reunión de diversos fenómenos bajo una misma caracterización, no sería lícito homogeneizar la presentación de los mismos en una sola línea explicativa o clasificación. Lo utilizamos con el fin de establecer un marco general para la redefinición de los dispositivos con los cuales intervenimos en situaciones normales (si las hay). De ahí surgen algunas propuestas:
u no apegarnos a un pensamiento causalista, que ha sido la principal herramienta utilizada por la ciencia occidental para interpretar y exponer en generalidades (leyes) los cambios en la naturaleza, imponiendo a los hechos una regularidad y estabilidad de la que habitualmente carecen muchos de los fenómenos subjetivos y sociales. Sería interesante dar más lugar a aquellos pensamientos que se animan a incluir la discontinuidad y la incertidumbre.
u en este sentido no parece adecuado –ni posible– aislar fenómenos o prever riesgos y factores de riesgo que configuren procesos lineales, debiendo entonces implementar recursos desde una perspectiva epidemiológica no tradicional.
u estimular procedimientos grupales que faciliten procesos de elaboración en donde cobra importancia la producción de significaciones colectivas sobre lo vivido.
u no es la población la que debe acomodarse al dispositivo asistencial sino, por el contrario, éste es el que debe modificarse en función de cada situación.
u tener en cuenta que las modalidades de intervención en situaciones de catástrofe son diferentes de las llevadas a cabo en situaciones normales. Esto nos conduce al desafío de pensar modelos de salud mental idóneos para responder a la realidad.
u si bien consideramos aquí el impacto de la crisis en la salud mental y las transformaciones que exige en los dispositivos específicos, la complejidad de todos los problemas poblacionales derivados reclama una política transversal que integre esfuerzos desde distintas áreas del Estado.
u privilegiar y alentar la construcción de redes sociales, y al mismo tiempo profundizar este concepto desde las prácticas en donde efectivamente esas redes son viables, sustentables y capaces de producir vínculos y lazo social.
u las prácticas de los trabajadores de la salud mental requieren espacios legitimados y reconocidos que propicien la reflexión sobre las condiciones y el sufrimiento inherente a las mismas.
Quizás el 11 de setiembre haya comenzado la primera guerra mundial del tercer milenio. Pero el derrumbe ya había ocurrido en cientos de lugares del Tercer Mundo, a quienes el poderoso mercado les declaró una guerra económica sin misiles ni tropas, pero con un poder de destrucción jamás visto en la historia de la humanidad.

Bibliografía Bonano, Osvaldo; Bozzolo, Raquel; L’Hoste, Marta: Presentación al espacio de investigación de la Asociación Argentina de Psicología y Psicoterapia de Grupo. 2001.
Clara, Mirta: Población y salud mental.
García de la Huerta, Marcos: Sobre catástrofes y monstruos, 2001.
Lewciwicz, Ignacio: Seminario “Catástrofe, trauma y acontecimiento”, dictado en el Colegio de Estudios Avanzados en Psicoanálisis. 2000.
Noji, Eric y otros: Impacto de los desastres en la Salud Pública. publicación de la Organización Panamericana de la Salud. 2000.
Pichón-Riviere, Enrique: “Situaciones catastróficas”, clase dictada el 2 de agosto de 1968 publicada en la Revista Grupal.
Woodcock, Alexander-Davis, Monte: Teoría de las catástrofes.

* Ex presidente de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires (APBA).

 


 

REPORTAJE A UN EXPERTO EN EL TEST DE LAS MANCHAS DE TINTA
“El Rorschach examina al sujeto bajo estrés”

Por Rubén Ríos

Danilo Rodrigues Silva es doctor en Psicología especialista en el test de Rorschach, decano de la Facultad en Psicología y Ciencias de la Educación de la Universidad de Lisboa, Portugal, y miembro de la Asociación Europea de Evaluación Psicológica. Además realizó numerosas publicaciones sobre estudios y análisis del Rorschach, más conocido como “test de las manchas”. Rodrigues Silva estuvo recientemente en el país para participar en el Tercer Congreso Iberoamericano de Evaluación Psicológica organizado por la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad de Palermo, en conjunto con la Asociación Iberoamericana de Evaluación y Diagnóstico Psicológico (AIDEP).
–¿A qué se debe la larga persistencia en el uso del test de Rorschach?
–Pienso que sucede porque el Rorschach, de hecho, es un instrumento que tiene grandes posibilidades. En cambio, innumerables instrumentos aparecidos después, desde 1921 cuando se publicó este test, han sido olvidados. Originalmente fue presentado como un test de percepción, no de imaginación. Rorschach no pudo desarrollar su test, porque murió al año siguiente, pero fue desarrollado por los colegas que lo acompañaron en Suiza. En los años 30 el test ya se encontraba en Estados Unidos y empieza la escuela americana con importantes autores que le dedican muchos estudios al Rorschach.
–¿Se modificó de alguna manera el uso del Rorschach desde 1921?
–En 1939 hubo un gran artículo de Frank sobre los que él llamó test proyectivos. Entre estos incluyó el Rorschach, pero nunca fue considerado un test proyectivo por el mismo Rorschach. Los test proyectivos tienen la propiedad de que los estímulos presentados siempre suponen un grado de estructura mínimo y que, por eso mismo, son fundamentalmente ambiguos. En el Rorschach los estímulos son manchas de tinta y, por lo tanto, el número de respuestas puede ser inmenso.
–¿Hay un criterio de lectura del test o hay varios criterios?
–Hay varias perspectivas interpretativas, si a eso se refiere. Todo depende de la teoría de la personalidad que manejemos. Un fenomenologista tiene una interpretación, un cognitivista tiene otra, un psicoanalista tiene otra interpretación. Finalmente, quizás empleamos lenguajes y teorías diferentes para referirnos a un mismo fenómeno, la estructura de la personalidad. Hay muchos sistemas de lectura del Rorschach. Desde los 80 vengo practicando el sistema comprensivo del test que es autoría de Exner. Este autor de alguna manera salva al Rorschach, que a finales de los 60 se hallaba en un período de acentuada crisis, muy malo en realidad para todos los test proyectivos. Exner dotó al Rorschach de las características de estandarización que debe tener un instrumento de evaluación de la personalidad. Lo importante es que el protocolo de Rorschach produzca respuestas válidas, representativas de la personalidad de la persona.
–¿Cuál es, en última instancia, el fundamento del Rorschach?
–Al presentar láminas con manchas de tinta, le pide algo al sujeto. El sujeto moviliza su inteligencia, sus rasgos y estilos de personalidad para resolver el problema. Entendemos que las respuestas del sujeto son representativas de su personalidad, no sólo en su funcionamiento sino también en sus maneras de encarar las dificultades, sus motivaciones, sus conflictos, sus reacciones frente a problemas inesperados. El Rorschach puede mostrar si el sujeto es capaz de ponderar, de resolver, de reflexionar o no en situación de estrés.
–¿Hay una teoría sistemática del Rorschach?
–Sobre todo los estudios de Exner han demostrado que el Rorschach tiene garantía, que cumple con las exigencias psicométricas. Mucho se ha validado del Rorschach, pero también hay mucho que no. El Rorschach es uninstrumento, sobre todo, psicológico. Y como tal es un instrumento de evaluación, estandarizado, que satisface las exigencias de la teoría de la medida, con garantía y variedad. Si ese instrumento se lo aplica bien, obtenemos muestras de comportamiento. Después, la teoría que lo interprete es otro problema. En el fondo no sabemos tan bien por qué el Rorschach funciona.
–Esto vuelve a la cuestión de sus fundamentos.
–Así es. No sabemos tan bien cual es ese fundamento del Rorschach. Hemos podido estandarizar la aplicación pero es muy complejo y hay muchas cosas que todavía desconocemos. Por ejemplo, en el Rorschach hay cinco láminas que son grises y cinco que son coloridas. Se ha comprobado que el color es un estímulo fuerte para la producción de respuestas, en relación a las que carecen de color. Pero esto es verdad para los adultos, no para los niños. En mi trabajo pude observar que los niños de alrededor de nueve años responden con un número de respuestas idénticas tanto a las láminas acromáticas como a las cromáticas. Lo que quiere decir que el color en estos niños no tiene ningún efecto multiplicador en la producción de respuestas. Por qué sucede esto no lo sabemos.
–Cuales son las aplicaciones concretas del Rorschach?
–Se aplica en la clínica para sugerir modos posibles de tratamiento. Se aplica en el campo de la psicología de la salud, forense y judicial. Pero también en el estudio y evaluación del tratamiento que ha sido recomendado, si ha producido efectos o no. El Rorschach se usa en psicología infantil, en general a partir de los tres años, aunque también se lo ha aplicado a los dos años.

 

POSDATA

Sexo. Ateneo de supervisión en educación sexual, coordinado por Gloria Fernández en APBA, el 6 de 9 a 11. 4345-7422.
Más sexo. “Intervenciones en educación sexual”, curso con León Gindin, Irene Intebi, Diana Resnicoff y Carmen González en CAECE, 4878-7878.
Presos. “Incidencias de la práctica analítica en pacientes privados de libertad”, ateneo con Pablo Melicchio y Leonor Pagano en Colegio de Psicólogos de Morón, el 13 a las 11. 4629.4566. Gratuito.
Psicomotor. “Capacitación y diagnóstico del desarrollo psicomotor”, con Vitor da Fonseca en Fundación Argentina de Educación Psicomotriz, 6 y 7 de 9.30 a 18. 4771-4600.
Eréctil. “Disfunción eréctil en atención primaria y diabetes”, por Martín Rodríguez en la Sociedad Psicoanalítica de Mendoza, el 12 a las 21. Gratuito. 424-0987.
Transferencia. “A...Z. Un caso a construir. En el límite de la transferencia”, ateneo por Luis Bisserier en Agrupo, el 10 a las 21. 49516083. Gratuito.
Oficio. Jornadas “El oficio del psicoanalista”, del Centro Sigmund Freud. 12 y 13 de octubre. 4823-9450.
Depresión. Seminario “Depresión, diagnóstico diferencial, abordaje y terapéutica en los distintos cuadros clínicos”, en la Liga Israelita, 4582-0421.
Apego. "Avances en la teoría del apego", por Patricia Crittenden (Instituto de Rela-ciones Familiares de Miami), desde hoy en Universidad del Salvador. 4821-8665.
Bioética. “Bioética y derechos humanos”, con Eva Giberti, Gregorio Klimovsky, Martha Pelloni, Estela Carlotto, Pedro Cahn, Lino Barañao, Eugenio Zaffaroni, Adolfo Pérez Esquivel, Juan Carlos Tealdi y otros. Comité de Etica del Hospital de Clínicas. 5 y 6 de 9 a 19 en la Facultad de Medicina de la UBA. 5950-9088 int. 2129.
Temporalidad. “Temporalidad del inconsciente”, por Juan B. Ritvo en Centro Psicoanalítico Argentino, desde el 6 a las 19. 4822-4690. “Identidad y diferencia”, por Raúl Zoppi, desde el 12 a las 20.
Historia. Primer Congreso Latinoamericano de Historia del Psicoanálisis, 5 y 6 de octubre de 9 a 19 en Vicente López 2220. Asociación Latinoamericana de Historia del Psicoanálisis.

Mail de estas páginas: [email protected] . Fax: 4334-2330.

 

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