CONTRATAPA

Niños y alerta turístico

 Por Eva Giberti

El grupo parece estar formado por un padre que lleva de su mano a tres de sus hijos e hijas para mirar cómo llegan los cruceros al puerto. Pero nuestra atención nos advierte algo más. El adulto no está interesado en observar las naves, sino en acercarse a los pasajeros varones, especialmente si viajan solos, de manera que éstos puedan observar a las criaturas.

Los turistas, que en su mayoría viajan con la decisión de conocer mundo y disfrutar, no se interesan por la oferta que el rufián les pone delante. Este es uno de los principios más difundidos por las organizaciones que promueven el turismo: los viajeros habituales, preocupados y ocupados por su viaje no quieren ser confundidos con los “buscadores” de aventuras con niños y niñas. Es uno de los motivos que nos conduce a rastrear a “esos otros”, los que han incorporado la explotación sexual de niños, niñas y adolescentes en el ámbito del turismo.

Cualquiera que haya viajado por América latina habrá encontrado al descender de un barco o de un avión grandes carteles diciendo: “Tener sexo con niño es delito”. O bien: “En este país se cuida a los niños”. El interminable trabajo de la institución internacional Ecpat comenzó como una campaña desde los años ’90 en contra de la prostitución infantil en el turismo asiático, estrechamente ligado con el turismo sexual infantil, y sus aspectos de la oferta y la demanda de este fenómeno, junto con Save the Children –con quienes trabajamos– y Casa Alianza en el Caribe, preocupados por el fenómeno en América latina. Fue lento su ingreso entre nosotros, pero ya comenzamos mediante la iniciativa del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, acompañado por el Ministerio de Turismo y por la Oficina Nacional de Migraciones que ha instalado, merced a la colaboración de Aeropuertos 2000, un circuito de carteles advirtiendo que nosotros también cuidamos de nuestros niños. Y que tener sexo con niños es un delito que se sanciona con la cárcel.

La campaña ha comenzado por sensibilizar ¿a quiénes? A toda la población, si bien los lugares claves son los puertos, aeropuertos y pasos internacionales. Hubo quienes no entendían de qué estábamos hablando al mencionar Explotación Sexual Comercial infiltrada en el turismo, que históricamente se denominó incorrectamente Turismo Sexual. La desviación del nombre se debe a que determinados visitantes del exterior no llegan en busca de paisajes nuevos, sino de niños que, en el Cono Sur, no han sido infectados por el virus del VIH, como sucede en otros países.

“¿Cómo se las arreglan los turistas para seducir a los chicos y a las chicas?”, fue la primera pregunta. Porque los rufianes son expertos y no improvisan. Las redes que se ocupan de ofrecer “mercancía infantil” están distribuidas mundialmente y no han sido escasas las compañías de turismo que ofrecían, junto con el paquete de “nuevas experiencias en un país lejano”, el exotismo de niños seleccionados por los reclutadores, particularmente aquellos que provienen de áreas carentes. O bien tramitan los encuentros sexuales de los visitantes coyunturales con los mayorcitos de doce o trece años, tarea que algunos adolescentes arriesgan iniciar a cambio de dinero para paco o comprar zapatillas de marca.

“Un turista no viene para eso...” es otro de los argumentos. Entre ellos se introducen pedófilos, o bien sujetos “curiosos” que buscan la oportunidad de ensayar estos contacto lejos de sus países, donde temen ser sancionados.

Estos adultos no siempre llegan caminando y con los niños de la mano. A veces descienden de taxis que conocen dónde se pueden encontrar criaturas “disponibles”. Estas redes incluyen múltiples miembros activos, incluyendo a los kiosqueros que conocen dónde “paran” los chicos cercanos a determinados hoteles.

Esta índole de turismo, perseguido en el mundo, se asentó en distintos países. Lo describí en el año 2004, en Página/12, cuando enuncié: “El alquiler de niñas para el turismo sexual ha sido denunciado reiteradamente; las técnicas son varias: los representantes de las criaturas las ofrecen a los clientes que las llevan consigo para vacacionar juntos durante una temporada (sistema largamente descripto por revistas europeas), o bien cuando llega un tour de visita a un país”.

En el año 2004, la Asociación de Ejecutivas de Empresas Turísticas realizó su congreso en Buenos Aires y convocó a las empresas hoteleras para trabajar con ellas. Posteriormente se constituyó el Código de Conducta destinado a la hotelería, apoyado por diversas instituciones internacionales.

La historia de la infiltración de la delincuencia sexual adulta en el turismo tuvo en la hotelería su primer articulador, cuando se facilita el ingreso de niños y niñas en las habitaciones que determinados turistas han alquilado. Este Código, entre sus indicaciones, alerta: “Capacitar a todo el personal vinculado a la empresa frente al tema de prevención de la explotación sexual comercial de niños, niñas y adolescentes, e informar a sus usuarios sobre las consecuencias legales en nuestro país de la explotación y el abuso sexual de niños, niñas y adolescentes”.

Es un tema que permaneció lateralizado entre nosotros, a pesar del cultivo de este delito en décadas anteriores, que no se limitó exclusivamente al turismo internacional, también al interno.

El Programa las Víctimas contra las Violencias comenzó mediante la sensibilización de los operadores expertos en migraciones, para ir un paso más allá de la rutina aduanera. Así se alerta, mediante folletos y carteles: la Copa de las Américas está muy cerca. Avanzamos sensibilizando a las personas de zonas carentes donde suponemos que los niños y niñas podrían ser tentados o arrastrados por sus cuidadores.

Una diferencia clave: no se trata de Explotación Sexual Comercial solamente, sino de su infiltración en el turismo, lo que implica la oferta de nuestras criaturas para el jolgorio sexual del delincuente ocasional o sistemático.

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