CONTRATAPA

A 107 millones por hora

 Por Juan Gelman

El billón es muy largo y sin duda impresionante: nombra la cantidad de un millón de millones y la unidad va seguida de 12 ceros. A la izquierda. Cuando se aplica a los años luz que separan el sistema solar de alguna nebulosa, la cifra es inimaginable. Cuando se trata de dólares, también. ¿Cuánto pesará un billón de dólares? ¿Qué altura alcanzaría en billetes de un dólar? Hay una forma ciertamente distinta y aun sangrienta de medir ese guarismo: en el año fiscal 2005/2006 lo ha rozado el presupuesto de la llamada “guerra antiterrorista” declarada por la Casa Blanca. Claro que no todo está a la vista: la mitad se oculta en laberintos presupuestarios de diverso color.

El Pentágono gastó en las guerras de Irak y Afganistán 499.400 millones de dólares en el año fiscal mencionado, pero el eminente economista estadounidense Robert Higgs –profesor y directivo del Independent Institute de California– exploró la selva de partidas no destinadas al Departamento de Defensa y encontró el resto en otros ministerios y organismos (www.independent. org, 15-3-07). Al Departamento de Energía fueron a parar 16.600 millones de dólares para programas de desarrollo de armamento nuclear. El Departamento de Seguridad Interior, dedicado a espiar a medio país, obtuvo 69.100 millones de dólares. El Departamento de Justicia, 1900 millones, un tercio de los cuales financia al FBI. La entidad de asuntos relativos a los veteranos de guerra, 69.800 millones. Si se agregan las partidas que el Departamento de Estado, el Departamento del Tesoro y otras instancias oficiales alimentan directa o indirectamente la cruzada de W. Bush, se alcanza la astronómica cifra de 934.900 millones de dólares gastados en un solo año, es decir, 107 millones de dólares por hora. Pero, a no preocuparse: en el año fiscal 2007/2008 la cifra será mayor.

El presidente Bush subrayó que la seguridad nacional es la primera prioridad de EE.UU. para sustentar el aumento de los fondos destinados al Pentágono, que el 07/08 sumarán más de 583.000 millones de dólares. El 20 de marzo se cumplieron cuatro años de la invasión y ocupación de Irak y W. y sus adláteres se empecinan en lograr una victoria imposible, ignoran la pérdida de su mayoría republicana en el Congreso y las manifestaciones contra la guerra cada vez más nutridas que subrayan un vuelco de la sociedad civil norteamericana. Una encuesta reciente dibuja cómo ha descendido en pendiente el apoyo al conflicto: el 54 por ciento consideró que fue errónea la decisión de desatar la guerra, contra un 40 por ciento que la estimó correcta. En marzo del 2003 las proporciones fueron exactamente inversas: 20 y 75 por ciento, respectivamente (The Christian Science Monitor, 20-3-07). El descenso más pronunciado se registró en el electorado independiente: del 75 al 35 por ciento en el mismo período. También hubo algunas bajas entre los republicanos neoconservadores: del 94 al 83 por ciento. Según un sondeo de la cadena CNN, un 65 por ciento de los estadounidenses quieren la retirada de las tropas. W. Bush rebajó esa exigencia a “tentación”.

Las realidades de la guerra incumplieron las profecías del entonces número 1 del Pentágono, Donald Rumsfeld, quien predijo que iba a durar “6 días o 6 semanas o 6 meses cuando mucho”. Los casi 3.300 efectivos muertos y más de 50.000 heridos estadounidenses no recibieron precisamente la lluvia de pétalos de rosa que les auguró el número 2, Paul Wolfowitz. El conflicto desembocó en una guerra civil que viene costando la vida de centenares de miles de civiles iraquíes y la mayoría de los que siguen con vida no aprecia realmente la clase de libertad y democracia que la Casa Blanca les impuso. La empresa D3 Systems, especializada en encuestas de opinión en lugares incómodos como Afganistán o Bosnia y Herzegovina, entrevistó a más de dos mil pobladores de 450 vecindarios en 18 provincias iraquíes del 25 de febrero al 5 de marzo: el 78 por ciento de los interrogados se opone a la presencia de las tropas de EE.UU. y sus acólitos. Algo más: el 40 por ciento culpó de la violencia imperante a los efectivos invasores y/o a W. Bush; el 18 por ciento, a Al Qaida y a los jihadistas de otros países árabes; el 19 a las milicias chiítas o sunnitas y no más del 7 por ciento a Irán (BBC, ABC, USA Today, ARD, 19-3-07). Parece claro.

Los cuatro años de la guerra petrolera han desgastado a las fuerzas armadas estadounidenses. “Lo más perturbador es que tomará años para que el ejército y el cuerpo de marines se recuperen de lo que algunos funcionarios denominan una ‘espiral de muerte’ producida por la rotación cada vez más rápida de efectivos en las zonas de combate, que ha consumido el 40 por ciento del total de sus pertrechos, agotado a las tropas e impedido contar con el tiempo necesario para entrenar a quienes luchan contra las insurgencias actuales en el lugar” (The Washington Post, 19-3-07). Habrá más gastos. Cuando un panel de la Cámara de Representantes preguntó en febrero pasado al general Peter Pace, jefe del Estado Mayor Conjunto, si se sentía conforme con el estado de preparación de las tropas en EE.UU., respondió: “No, no me siento conforme”. En todo el mundo hay muchos, pero muchos, que por razones contrarias lo acompañan en el sentimiento.

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