CULTURA › ENTREVISTA CON PACO IGNACIO TAIBO II

De la Coca-Cola y el cuaderno del Che

Una charla entre amigos con el escritor mexicano autor de una famosa biografía de Guevara y de “neopoliciales latinoamericanos”, que va de cateo experto de Coca-Cola –la mejor, parece, es la de Kuwait– a la primicia del descubrimiento del cuaderno verde donde el Che anotaba sus poemas favoritos, pasando por la existencia de América latina.

 Por Miguel Bonasso

El hombre de bigote morsa que fuma un Gitane tras otro saca un conejo de la galera y lo regala como primicia a Página/12: ha llegado a sus manos el Cuaderno Verde de Ernesto “Che” Guevara, que permaneció oculto durante treinta y seis años, en poder del G-2 boliviano. El cuaderno podía verse en aquella conocida foto del Che, donde se lo ve trepado a un árbol y haciendo anotaciones. Durante mucho tiempo se pensó que era su famoso Diario, pero Paco Ignacio Taibo II aplicó la lupa y descubrió que el comandante Guevara estaba escribiendo poemas de amor en el todavía inédito “Cuaderno Verde”. Que llegó a las manos del escritor y a las del editor de Planeta, Jesús Anaya, de una manera bastante parecida a la de las novelas policiales que escribe Paco y que lo han situado como el patrón, o el “propietario”, como él prefiere decir, del neopolicial latinoamericano. Su detective Belascoarán Shayne transita por nueve relatos traducidos a una veintena de idiomas y algo ha hecho para la fama internacional de Taibo, un astur-mexicano que nació en Gijón en 1949 y vive desde los nueve años en México, donde también frecuenta el periodismo de altura, milita en el PRD de Cuauhtémoc Cárdenas y hace reír a sus poblados auditorios con una malhablada irreverencia que suele cebarse con los dueños del poder. Sin perdonar a antiguos amigos que ya no lo son, como el ex canciller de Vicente Fox, Jorge Castañeda, a quien Paco Ignacio Taibo II (o PITII como se lo suele sintetizar) hizo rodar por el suelo en un torneo dialéctico sobre la existencia o no de América latina.
Además, es autor de una cincuentena de libros, entre los que sobresale una monumental biografía del Che, que ha sido traducida a veinticinco idiomas y lleva vendidos más de medio millón de ejemplares. El jueves último emocionó e hizo reír a centenares de oyentes argentinos en un diálogo con el autor de esta nota sostenido en la Feria del Libro: fue durante la presentación de su novela Retornamos como sombras, que acaba de editar Planeta. El relato, que PITII clasifica como “novela de aventuras total”, atrapa y hace reír a carcajadas, especialmente cuando el autor la emprende con ese Adolfo Hitler que tiene un solo testículo y sufre de aerofagia hasta combinar los ¡achtung! con indiscretas pedorreas. La presentación fue un anticipo de este diálogo entre dos amigos que se quieren mucho y se pusieron a delirar y reflexionar antes de un asado de bienvenida.
Otros datos para el retrato: Paco es un genial promotor cultural, que conduce esa “Disneylandia leninista” que es la Semana Negra de Gijón, por la que pasan todos los veranos unos 400 invitados que son la flor y nata de los géneros populares (novela negra, no ficción, comic, etc.) y se divierte un millón de turistas. Está casado con una santa que se llama Paloma y tiene una hija encantadora que se llama Marina. Por si todo esto fuera poco, asegura ser el mejor catador de Coca-Cola del universo.
–¿Qué te parece la Coca-Cola de Buenos Aires en comparación con la de Aguas Calientes?
–Es mala (risas). Mi teoría es que estos huevones de aquí no utilizan el maravilloso azúcar de caña que deben tener en Tucumán. Deben de estar endulzando con fructuosa. Lo cual me parece símbolo ominoso de los tiempos.
–Sigues pensando que la botella chica de Aguas Calientes es la mejor del mundo...
–Después de la kuwaití, a pesar de mi diferencia ideológica con esos marranos... A propósito de la Coca- Cola, te cuento que vengo de un debate muy interesante: en México la izquierda puritana ha decidido boicotear los productos norteamericanos a raíz de la guerra. Entonces, yo dije ¡están locos!, estos huevones están locos, porque además decían: “Vamos a boicotear el cine de Hollywood, que es el producto número uno de exportación de los Estados Unidos”. Yo les decía: el único sector progresista que queda de los Estados Unidos está en Hollywood, y un poco en las grandes ciudades de la Costa Este.
–A pesar de Steven Spielberg, que apoya a Bush...
–A pesar de todo. Cómo vas a boicotear películas como Pelotón o Wall Street. Mira, cualquier transformación que se produzca en este planeta tiene que pasar por un alianza con la comunidad liberal norteamericana, si no construimos esa alianza no hay manera de cambiar el mundo. Entonces, en una serie de charlas que di en un CCH (escuela pública de enseñanza media) hice una defensa apasionada del cine de Hollywood y propuse una alianza entre la izquierda y esa Rita Hayworth que se saca los guantes en Gilda. Además, para enloquecer a la izquierda puritana que puebla los CCH me llevé dos Coca-Colas y las puse sobre la mesa. Obtuve un silbido generalizado y un revolotear de banderas rojas. Entonces dije: primero, el Che bebía Coca-Cola. Segundo, esta Coca- Cola que estoy bebiendo es producto del honorable y honesto trabajo de los obreros mexicanos de Tlanepantla y por eso es buenísima, porque no mean en los tanques, a diferencia de otras Coca-Colas en donde los obreros mean en los tanques. Y lo sé bien porque yo fui asesor de ese sindicato en una huelga salvaje hace quince años. Con esos argumentos me fui ganando el derecho a la palabra. A la charla siguiente me aplaudieron un poco y terminaron aceptando que a mí me iban a dejar hablar a pesar de la Coca-Cola.
–¿Quiénes meaban los tanques de la Coca-Cola?
–Cuando Vicente Fox, el actual presidente de México, era gerente de la Coca-Cola de Guanajuato se dice que los obreros meaban en los tanques. Yo no lo puedo afirmar categóricamente porque, conociendo el rumor, me abstuve de la Coca-Cola de Guanajuato por un par de años...
–¿Qué balance trazas de la batalla que vienes dando desde hace años por el “neopolicial latinoamericano”?
–Pues significó una batalla importante. En América latina teníamos una especie de envidia de la centralidad neoyorquina o parisina. Buena parte de nuestros intelectuales querían ser más snobs o vanguardistas que sus mentores de Nueva York o París. Y esta especie de nostalgia de la centralidad del imperio era decadente, y no sólo decadente sino imbécil. Yo creo que los ‘60 produjeron la ruptura al construir una generación de consumidores de cultura con unas lógicas eclécticas, informales, hasta lograr que Wagner, Gardel, José Alfredo Giménez (el bolerista) y Beethoven se tomaran de la mano. La generación de los sesenta dijo, entre otras cosas, el consumo cultural es democrático, y entonces el comic y la literatura policial entraron por la puerta grande. Pero la batalla por la novela policial no tuvo tanto que ver con la dignificación de un género que ya era digno como con su nacionalización. Había que nacionalizar el género, de manera genuina, sin borrarle las huellas. No se trataba de imitar, de convertir a John Smith en José Pérez, sino de nutrir nuestra novela policial con la realidad de América latina, donde hay una terrible relación entre los policías y los ciudadanos.
–Desde hace un tiempo largo ya tus narraciones vienen trascendiendo el neopolicial clásico. Reaparece con mucha fuerza la historia. Como en la novela que vienes a presentar en Buenos Aires, Retornamos como sombras. Por cierto, debo confesarte que me reí a carcajadas con ese Hitler que se pedorreaba... (risas). ¿Es cierto que el Führer sufría de aerofagia?
–Es rigurosamente cierto. Toda la parte del expediente médico es cierto... El hombre grande de Alemania gritaba ¡ach-tung! Y por abajo: prrrrr. Además se metía un jarabe para la tos que tenía arsénico que le estaba paralizando el brazo izquierdo. Hablaba del cuerpo como un templo y se repletaba de pastelillos vieneses, no fumaba porque era contra la salud y sin embargo consumía concentrados de yogur de toro para promover la impotencia...
–Para promover la potencia, será.
–No, porque el efecto del yogur era el contrario del buscado por Eva Braun. Además, era escopeta de un solo caño. Era monocojónico. Los servicios secretos ingleses tienen un trabajo fabuloso sobre el único huevo de Adolfo Hitler.
–Dices en Retornamos como sombras que a ti mismo se te torna poco claro dónde comienza la ficción y dónde termina la historia. Hay un close up de los personajes de ficción, como Pioquinto Manterola, que se recortan sobre el friso histórico, que me remite a un antecesor importante: el Benito Pérez Galdós de los Episodios nacionales.
–Me estoy moviendo a otra esquina que sería la novela de aventuras total. No sé muy bien qué es eso. Primero le puse el nombre y luego empecé a perseguirla, como lector y como autor. Intenté una definición mejor y la única que me salió es: Lenin controlando Disneylandia.
–¿Cómo es eso?
–Es un poco así: el ratón Mickey te recita poemas de Ho Chi-Minh, Bambi se declara miembro de Greenpeace y el Tío Rico McPato se revela borracho amigo de Bush y miembro de la industria armamentista. Esa es un poco la idea: la sociedad del espectáculo subvertida, la gran novela de aventuras con toda la tradición decimonónica que viene de Victor Hugo y compañía, traída al principio del tercer milenio con la tradición honorable de la izquierda revolucionaria de los ‘60.
–Bueno, tú has dicho que muchos luchadores revolucionarios de los sesenta, derrotados en los setenta y ochenta, hallaron refugio en la novela negra, la novela de aventuras y el comic. ¿Es tan así?
–Fíjate si es cierto esto que recuerdo un encuentro de literatura negra en Praga y de repente alguien en broma dijo: ¿Dónde estabas tú en mayo del ‘68? Y el catálogo de respuestas ofrecía toda la gama de la militancia de la juventud radical de los años ‘60: Yo estaba encerrado en Montjuic en la reunión de los intelectuales contra Franco; yo estaba en el Mayo francés; yo estaba en la larga noche de Tlatelolco. Todos habíamos estado en los grandes movimientos políticos y sociales de los sesenta. Ahora bien, ¿por qué nos refugiamos, Miguel? Porque si la revolución es imposible no deja de ser necesaria. En los sesenta pensábamos que la revolución estaba a la vuelta de la esquina y de repente estos cabrones empezaron a estirar las calles y las estiraban, las estiraban y la esquina ya no estaba donde debería supuestamente estar. Pero no disminuyeron ni un ápice las condiciones materiales de nuestros pueblos de América latina, que están pidiendo a gritos un cambio profundo. La revolución en un sentido menos cerrado y limitado a 22 días de lucha armada y toma del Palacio de Invierno, en un proceso mucho más rico, que va desde la resistencia civil gandhiana, hasta la Comuna de París, pasando por lo que se te ocurra. Pero sigue siendo una prioridad en estos tiempos de debilidad de los proyectos alternativos frente a la catástrofe y el descrédito del modelo neoliberal.
–Además de novelista, Paco, eres un animal político. ¿Cómo ves el México de Fox desde esa perspectiva?
–Guau... Mira, México está en un proceso de transición extraño, se nos vendió una transición pactada de muy baja calidad. La idea del foxismo es que todo tiene que cambiar para que todo siga igual. Un barniz de cambio político para mantener el proyecto neoliberal a todo trapo. Ya sabes: 70 millonarios y millones de pobres.
–Es el libreto que impera desde el río Grande hasta la Patagonia...
–Sí, pero no funciona.
–Acá explotó el 20 de diciembre. Pero no se pudo generar una fuerza política alternativa que interprete y represente el movimiento del 20 de diciembre.
–Entre otras cosas porque no tenemos un proyecto económico claro. Tendríamos que empezar a desarrollar experiencias que hay por ahí en el mundo como los bancos populares hindúes, ¿no? Empezar a generar estructuras alternativas donde la nueva sociedad empiece a generarse dentro de la vieja, volver a desarrollar las redes de cooperativas de consumo popular...
–Regresando un poco al plano cultural, pero sin abandonar del todo el sentido político que obviamente tiene lo cultural, la capacidad de universalización que ha tenido la ideología neoliberal no ha tenido como respuesta una contraparte unitaria de los países de América latina, y te digo no sólo en el terreno de una unidad política hacia la cual sería deseable marchar sino ni siquiera en el plano de aquella integración cultural que hubo en tiempos del boom latinoamericano. Las editoriales, por ejemplo, publican fundamentalmente a los autores locales y consideran que no tiene mayor interés editar a otros autores de América latina.
–Sí, a mí de hecho me ha costado menos trabajo publicar en Bulgaria o Japón que en Argentina. Ahora también es cierto que son opuestos de mediano plazo, y que tiene que construirse lentamente. En Colombia me publicaron hace cuatro años y ya después de cuatro años de estarme publicando me va igual de bien o mejor que en Bulgaria o Japón. Pero también es una responsabilidad de los escritores, tenemos que empezar a actuar como puentes. A promover encuentros como la Semana Negra de Gijón, donde internacionalizamos a un montón de colegas. La comunidad de izquierda intelectual latinoamericana tiene que volver a plantear el proyecto de América latina. Y volver a establecer puentes. Hay que volver a articular, es un proceso lento, pero indispensable. Fue el tema de mi última confrontación con Jorge Castañeda, antes de que se volviera promotor de Fox y luego su canciller. Un mano a mano en una conferencia titulada “¿Existe América latina?”. Tuvo la palabra primero Jorge Castañeda y dijo: “América latina no existe, no hay un solo periódico que trascienda fronteras, la carretera Panamericana no sirve para un carajo, se corta treinta veces en el tapón del Darién, no tenemos programas de televisión trasfronterizos, no hay ningún partido político con una perspectiva latinoamericana como en su época fue el APRA peruano, etc.”. Y terminó repitiendo: “América latina no existe”. Yo hice una intervención de 30 segundos y le dije al público: probablemente esté de acuerdo con la mayoría, no con la totalidad de los argumentos de Jorge, pero ¿no es verdad que la idea de América latina es muy bella?, y me callé. Se produjo un aplauso que duró tres minutos, él retomó la palabra y dijo que la idea de una América latina será todo lo bella que le pueda parecer a Paco Taibo, pero no hay nexos comerciales, cuando se construyen tratados, se construyen mirando al norte, no hay interrelación, hay conflictos nacionalistas, entre 25 países, y siguió y siguió. Cuando terminó me volvió a tocar el uso de la palabra y dije: estoy de acuerdo con muchos de los argumentos de Jorge, pero... ¿no es verdad que la idea de América latina es bellísima?, ¿no es maravillosa?, y otra vez el aplauso duró tres minutos. Entonces Jorge tomó el micrófono y dijo: “No se puede discutir con escritores”. Dejó el micrófono y se fue. (Risas.)
–Y se fue a darle un abrazo a Colin Powell...
–En ese momento todavía no se abrazaba con Powell. Entonces me tocó a mí y dije: “Vieron cómo le gané y no me costo ningún trabajo. ¿Por qué no me costó ningún trabajo? Porque América latina es un proyecto que con su pura enunciación tiene el poder de derrotar la lógica formal, racional. Porque es muy fuerte la idea de un continente sin fronteras, intervinculado, solidario, apoyándonos todos, construyendo un poder popular. Es muy fuerte la idea cultural de América latina que nos hemos construido la generación que está aquí, que va desde el “hondo bajo fondo donde el barro se subleva”, cantado por Quilapayún, hasta la lectura de poemas de chicanos, las películas colombianas, las canciones de Silvio Rodríguez o mis novelas policíacas, construyendo puentes y puntos de referencia.
–Tú eres un buen pontonero, creador de intercambios muy divertidos como el de La Semana Negra. Me gustaría detenerme en tu tarea en la Semana Negra que lleva ya 16 años, ¿no? Pero que no se hace en América latina, sino en Gijón, tu tierra natal, por otra parte...
–Ah, sí, tuvimos que irnos a Europa, pero eso es una vieja historia. El boom latinoamericano se hizo en Barcelona. Tuvimos que ir a Europa para encontrar un punto de reencuentro para volver a relanzar.
–Cuéntale al lector de Página/12 qué cosa es la Semana Negra.
–No es fácil: es una Disneylandia leninista, mezclada con la capacidad pantagruélica de los asturianos. Comidas recias, fabadas, una cultura alcohólica generosa y poco agresiva, más salsa y rock and roll en abundancia, mezclado con teatros, conciertos y el debate literario a mitad de la calle. Un festival multicultural que reúne unos 400 invitados y un millón de personas de público.
–Antes de encender el grabador me prometiste una primicia para este reportaje. O la sueltas o no te invito con el asado que estás olfateando.
–Ahí te va: el descubrimiento del famoso cuaderno verde que te da una dimensión diferente de lo que escribía el Che cuando estaba trepado arriba de un árbol –¿te acuerdas?–, esa foto famosa de Bolivia en donde está escribiendo. No era el diario. Con lupas logré ver que era un cuaderno verde. Es un cuaderno de poemas que estuvo desaparecido treinta años y por fin apareció. Lo tengo en mis manos en México. El mero cuaderno, no una copia. Fue robado de la mochila del Che y luego fue a dar a una caja de seguridad del G2 boliviano, desapareció de esa caja y ahora apareció misteriosamente en mi casa treinta años después.
–¿Cómo?
–Tú sabes mejor que nadie que esas preguntas no se contestan.
–¿Qué vas a hacer con el cuaderno verde?
–Estamos preparando la edición del Cuaderno Verde, con Planeta. El Cuaderno Verde es un cuaderno de poemas del Che pero no de su autoría; él copiaba los poemas que más le gustaban...
–¿A qué poetas copiaba?
–Esa es la sorpresa. ¿Quiénes eran los poetas que el Che antologó? Sesenta y nueve poemas copiados a mano. Además, el Che por un rasgo de coquetería intelectual no ponía los autores. La primera tarea cuando llegó a mis manos el Cuaderno Verde fue identificar la letra del Che, autentificarlo. Y la segunda, fue ¿de quién son estos sesenta y nueve poemas? Me tuve que meter a hacer estudios profundos de literatura hispanoamericana. Y están todos identificados. Es la antología personal del Che. Además, la gran sorpresa es que no es una antología política: es una antología intimista, el contrapunto con la lucha armada es una antología intimista. Poemas de amor...
–¿En qué conspiración literaria andas metido últimamente?
–Además del Cuaderno Verde, estoy por sacar una edición corregida y aumentada del Che, que será la número 35 en español y donde profundizo algunas cuestiones. Y hay también algunas revisiones. Algunas de las cuales tienen que ver con la Argentina. Como la revisión, por ejemplo, de la leyenda negra de Tania, que me parece absurda e injustificada. La que decía, te acuerdas, que había sido agente de los servicios secretos alemanes y que había traicionado al Che al trabajar para los rusos. Y la otra es ya la confirmación con pelos y señales de que la segunda parte de la operación boliviana terminaba en la Argentina y además mucho más pronto de lo que parecía. El Che estaba analizando, todavía no estaba muy claro dónde, después del fracaso de Salta, la zona donde iban a operar no estaba clara. Pero estaban construyendo la segunda parte de la operación que se desprendería de la columna madre. También se aclara en su favor el papel que jugó el argentino Ciro Bustos, al que se convirtió en una especie de el traidor y no hay tal. El tipo aguantó hasta el último momento. Laguerrilla del Che fue entregada por los desertores, no hay ninguna duda al respecto. Ya lo maticé mucho y añadí mucha información. En Italia me abordó un exiliado argentino que me contó con pelos y señales la construcción de un segundo campo de entrenamiento en La Habana, entre los años ‘66 y ‘67, donde había un montón de argentinos de diferentes grupos que luego formarían parte de las diferentes organizaciones armadas de la década siguiente. Pero que en aquel momento estaban todos participando de un proyecto de entrenamiento para la guerrilla del Che.
–Una pregunta que no tiene nada que ver aparentemente con lo que venimos hablando. ¿Qué pensarías de nosotros si llegase a ganar Menem aquí?
–Si eso ocurre no vuelvo más a la Argentina. No piso Argentina. Es como si me dijeras qué pensaría si pudiera reelegirse en México Carlos Salinas. El constructor del proyecto neoliberal y de la crisis bendecido por una elección presidencial. Sería un acto, verdaderamente, de falta de memoria histórica. De impudor nacional. No piso Argentina. No vuelvo.
–Creo que yo tampoco.

Compartir: 

Twitter

 
CULTURA
 indice

Logo de Página/12

© 2000-2022 www.pagina12.com.ar | República Argentina | Política de privacidad | Todos los Derechos Reservados

Sitio desarrollado con software libre GNU/Linux.