DEPORTES › DE FELIPPE, A VEINTISéIS AñOS DE MALVINAS

Omar se fue a la guerra

Esperaba debutar en la Primera de Huracán y terminó en un pozo de combate. En un nuevo aniversario del 2 de abril, relata su experiencia “porque los que estuvimos allí tenemos que contarla”.

En diciembre de 1981, Omar De Felippe fue dado de baja en el servicio militar y se disponía a seguir con su vida normalmente. Siempre con el fútbol como pasión, esperaba el debut en la Primera de Huracán, club en el que había realizado todas las inferiores. Pero el país tenía otros planes con él y otros tantos jóvenes. “En un momento no quería hablar de Malvinas. Pero un día me crucé con un chico de 18 años que me dijo que la historia la debían contar los que estuvieron ahí. Y tenía razón. Hubo muchos soldados que no pudieron volver y por ellos me parece que lo mejor es que contemos lo que ocurrió”, comenta De Felippe en diálogo con Página/12.

–¿Cómo se enteró de que debía ir a combatir a Malvinas?

–Fue en los primeros días de abril, no recuerdo justo la fecha. Vino un soldado a mi casa a la madrugada, cerca de las 5 de la mañana, con una carta de citación para que en una hora me presentara en el Regimiento 3 de La Tablada. Lo recibió mi vieja, Rosa. Imaginate cómo estaba, me despertó llorando para darme la noticia.

–¿Cómo era un día en las islas?

–Antes de que llegaran los ingleses, la mayor parte del tiempo nos la pasábamos haciendo pozos. Todo estaba orientado para que no pensáramos en nuestras familias. En ese momento nos podíamos comunicar con ellos con aerogramas o con algunas cartas. Después, cuando empezaron los combates, ya no hubo más contactos.

–¿Cómo soportaban la diferencia de infraestructura y de armamentos que había con los ingleses?

–No nos dábamos cuenta hasta que veíamos los combates. Nos llamaba la atención cómo se manejaban con los helicópteros o cómo ubicaban los cañones. Después, cuando llegó el momento de la rendición, los soldados ingleses nos miraban y no podían creer el armamento con el que contábamos.

–¿Qué pensó en el momento de entregar las armas?

–Algo de alivio, porque se terminaba ese día a día que era muy complicado y podíamos volver a ver a nuestras familias. Y también una bronca muy grande por tener que entregar lo que hoy sigue siendo nuestro. La verdad nunca pensé que ese momento iba a ser tan duro.

–¿Cómo fue la vuelta?

–En el viaje veníamos hablando con varios compañeros y pensábamos en cómo nos recibiría la gente. El primer impacto lo tuvimos en el sur, creo que fue por Rawson cuando bajamos y nos cruzamos con una señora que estaba haciendo los mandados. Debían ser cerca de las siete de la mañana. La señora se detuvo, vino hacia donde estábamos nosotros y nos regaló la bolsa con pan que llevaba. Nos asociaba con el hambre.

Producción: Mariano Verrina

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