DEPORTES › AL BORDE DEL CAMINO EN EL RALLY DE LA ARGENTINA

Guasos, ricos y no tan famosos

La prueba cordobesa por el campeonato del mundo puede disfrutarse con poca o mucha plata en el bolsillo. Noticia repetida: el multicampeón Sebastián Loeb ya está de nuevo en la punta. Marcos Ligato, el crédito local, quedó fuera de combate.

 Por Pablo Vignone

Desde Villa Carlos Paz

Una curva de tierra a la izquierda, en Colonia Hogar, un caserío perdido en las Sierras Chicas, al norte de la provincia. Sobre las cenizas de un fuego que ardió toda la noche, un guaso empuña la guitarra criolla y le arranca a la gente una serie de tonadas y chacareras, mientras otro usa una heladerita térmica para la percusión y uno se anima a pasar la gorra, aunque sin éxito. “Sacarles un peso a ustedes es más difícil que arrancarle una muela a un dogo”, bromea. Circulan el fernet y el tinto, y hay sereno clima de fiesta. “Locro 20, chori 10”, reza un cartel puesto de apuro y la radio trae un grandilocuente relato de hazaña. Comienza el desfile, a cada minuto se desliza una máquina de 300 HP en pleno derrape, escupiendo ripio y despertando aplausos. Se puede ser feliz con muy poco.

También con mucho. Este Rally de la Argentina tiene opciones más exclusivas, aunque no siempre mejores. A cien metros de la beatífica curva se puede acceder a las carpas VIP, previo pago de entre 1000 a 1200 pesos. Por ese dinero hay desayuno, almuerzo y merienda, más algunas atracciones: un desfile de modelos, por ejemplo, con la vedette Ximena Capristo como numerito especial, o la posibilidad de codearse con algunos ex famosos, como los ex futbolistas Claudio López (ahora un perfecto corredor de rally, participante del torneo argentino) o Luis Fabián Artime. Y, por supuesto, rally. Tribunas tubulares montadas al borde del camino recto, bien derecho, permiten ver brevemente el paso raudo de los bólidos, en dos oportunidades a lo largo del día. Poco después de pasar a fondo por Colonia Hogar, el noruego Petter Solberg vio hundido su liderazgo, quebrado con la rotura de un extremo de dirección de su Ford. Y fue allí que el clásico del rally (que no es Ford versus Chevrolet como en el TC, sino Ford versus Citroën) vuelve a volcarse para el resultado más transitado: Sebastián Loeb va adelante, dispuesto a ganar por séptima vez consecutiva en Córdoba, por apenas una décima de segundo sobre su compañero Mikko Hirvonen; Solberg se reengancha hoy en el undécimo puesto, a más de 14 minutos del líder.

En las carpas VIP no hay discusión sobre el asado, al menos, lo que en la montaña –curiosamente– está en disputa. Porque la prohibición de encender fuego en la foresta cordobesa se extendió a la ceremonia tradicional luego de que ayer mismo la Justicia local diera lugar a un amparo de una fundación de protección del medio ambiente. Fue una sorprendente definición la del gobernador José Manuel De la Sota, que en menos de una semana pasó de elogiar el asado a recomendar “llevar sandwiches de jamón y queso o de mortadela, pero no prender fuego”.

Las que se prendieron fuego fueron las esperanzas locales de que el crédito de Río Ceballos, Marcos Ligato, pudiera pelear la punta en el Grupo de Producción. Con buenos parciales, conociendo los caminos, terminó sufriendo cuando en una curva las dos ruedas delanteras de su Subaru doblaron en distintas direcciones y el auto siguió de largo. Continúa, pero muy retrasado: séptimo, a más de diez minutos del peruano Nicolás Fuchs, que va al frente.

Otro motivo menos de atracción para este rally, organizado como siempre por el Automóvil Club Argentino, que hoy parte de excursión al Valle de Calamuchita, para disputar siete pruebas especiales con 166 kilómetros de furia. Un duro golpe: ayer se quedaron cinco de los 14 autos que pelean en la máxima categoría. ¿Cuántos llegarán mañana a las altas cumbres?

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Sebastián Loeb y su Citroën, una fórmula ganadora en el rally cordobés.
Imagen: Télam
 
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