ECONOMíA › “EN ARAS DEL BIENESTAR GENERAL”, EN ECONOMIA LOS PREFIEREN CONGELADOS

De aumentar salarios, ni hablemos

Aun admitiendo que los precios se dispararon más que lo esperado, el ministro Remes Lenicov negó toda posibilidad de ajuste en los sueldos del sector público, así como en el nivel general de salarios privados. Tampoco hay cambios, “por el momento”, a la indexación de las deudas bancarias por el CER.

 Por Raúl Dellatorre

El Gobierno “no puede ni siquiera pensar” en un aumento de salarios en el sector público ni “hacer planteos generales (de incremento) para el conjunto de los trabajadores privados, desgraciadamente, en aras del bienestar general”. De un sablazo y con el mismo filo, Jorge Remes Lenicov cortó las ilusiones de que quien vive de un salario pueda, al menos, seguir de cerca la carrera de los precios. El ministro de Economía dejó señalados a los sectores de ingresos fijos (trabajadores) entre aquellos que deberán pagar los costos para salir de la crisis. “Está claro que no son medidas populares”, dijo Remes al referirse al conjunto de políticas aplicadas por el Gobierno desde enero. Y se justificó por la falta de compensaciones para los sectores populares que se verán afectados por subas de precios de los bienes de consumo e indexación de sus deudas bancarias (ratificó la vigencia del CER) enunciando que “nuestra obligación es bregar por el equilibrio general, crear las condiciones para salir de la crisis”. Lo hizo en el marco de una rueda de prensa con diarios y agencias nacionales en la que, además, describió los puntos pendientes para un acuerdo con el Fondo Monetario que obligarán a proseguir las negociaciones en mayo.
El conductor del equipo económico recurrió a la hipótesis habitual del tipo “qué hubiera pasado si...” para justificar la rebanada que recibirán los salarios reales frente a la inflación. “Para ver la situación de los sectores de ingresos fijos (trabajadores), debemos recurrir a la historia contrafáctica”, dijo con formalidad de profesor universitario. “Sin adoptar las medidas que asumimos, el nivel de desempleo sería hoy catastrófico”, sentenció. Pero los sectores de ingresos fijos no sólo sufrirán ante los bienes de consumo, sino también ante sus deudas bancarias. “De momento, el CER (coeficiente de estabilización de referencia) queda como fue preestablecido”, precisó.
Con una mesura más propia de un eclesiástico que de un hombre de tribuna política, Jorge Remes Lenicov presentó ayer un informe sobre las diferencias que separan al gobierno del Fondo y hacen imposible, por ahora, un acuerdo. Justo un día antes de la culminación de la misión de Anoop Singh (parte mañana rumbo a Washington), Remes consideró que “ahora estamos en el punto de señalar la posición del gobierno argentino con respecto a cuatro o cinco diferencias importantes con el FMI que nos preocupan”.
Las diferencias no sólo son importantes sino que hacen a la viabilidad política del plan económico del actual gobierno. Uno es el equilibrio fiscal en la Nación y las provincias. Con grandes esfuerzos y recortes, las autoridades llegaron a presentar un esquema en el que el superávit primario –antes del pago de intereses de la deuda pública– alcanza un valor equivalente a 0,8 de punto del PIB. El Fondo reclama llegar a 1,4 punto. “El superávit es la única garantía de que la Argentina va a pagar la deuda”, señaló Remes poniéndose en la ropa del FMI y los acreedores. “Estamos solicitando tiempo para llegar a un superávit mayor; otros países entraron a situaciones de crisis con superávit fiscal y pudieron utilizar al Estado (el déficit) como impacto contracíclico (reactivante)”, describió el ministro, tan afecto a compararse con “otros países a los que queremos parecernos”. Argentina enfrenta a la crisis con las armas cambiadas: reduciendo el gasto público. En la práctica, jugando a favor de la recesión.
El segundo punto de discrepancia con el Fondo es la política cambiaria, ya que mientras el organismo reclama una liberación total, el Gobierno entiende necesario mantener las intervenciones del Banco Central para nivelar la flotación, al menos, hasta que se firme el acuerdo y “vayamos teniendo más confianza externa”, en palabras de Remes. “Es un problema de tiempo”, reiteró.
El tercer punto discordante está referido a la ayuda que el Gobierno pretende de los países centrales, el G7, para que respalden a las empresasradicadas en el país con deudas con el exterior y “nos ayuden a hacer tratativas en conjunto”, apuntó el ministro. Es lo que técnicamente denominan “stand still”, es decir, mantener el status quo hasta fin de año, sin declaraciones de default ni acelerar decisiones de abandono del país.
El cuarto punto está directamente vinculado a las ilusiones del Gobierno de poder generar un rebote o reactivación en los próximos 60 días. Tal cual adelantó Página/12 el último sábado, el ministro había reclamado fondos “frescos” para prefinanciar y financiar exportaciones, para capital de trabajo de las empresas y reestructuración del sistema financiero. “Argentina está con capacidad productiva moderna, intacta y ociosa, que se mueve si se logra recuperar la confianza”, fue el diagnóstico que trazó Remes Lenicov. “Y es la propia reactivación la que va a generar confianza; por lo tanto, no podemos priorizar el equilibrio macro y esperar que a partir de allí recién se genere la confianza”, agregó. El Fondo exige, primero, el ajuste, para recién después ir en busca de fondos frescos del Banco Mundial, el BID, el G7 y los que pueda aportar el propio FMI.
Estas trabas no sólo ponen distancia de un acuerdo con el Fondo, aunque el ministro haya señalado ayer que “estamos más cerca que hace un mes”. También relativizan la posibilidad de ver una recuperación productiva a corto plazo aunque, otra vez, el optimismo de Remes desbordó sus propios datos, cuando señaló que “estamos llegando al piso (de la depresión) y hay sectores que ya están saliendo”. Tal cual describió el jefe del Palacio de Hacienda ayer en su presentación ante la prensa, los distintos aspectos de su política (fiscal, cambiaria, monetaria, de precios y tarifas de recuperación financiera) están integrados entre sí y, a su vez, éstos a la ayuda del Fondo. En consecuencia, si el acuerdo se cae, ¿también cae el plan de Remes y por tanto el actual equipo económico?, quiso saber Página/12 y se lo preguntó al ministro.
“El programa está todo atado, es integral. Si un solo aspecto falla, el resto se resiente. Argentina tiene que hacer un esfuerzo por armar una política macroeconómica consistente y reinsertarse en el mundo, que se logra a través del acuerdo con el FMI. Seguimos apostando a conseguir los recursos y el apoyo del Fondo, lo demás son especulaciones”, respondió Remes Lenicov.

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Jorge Remes Lenicov, ministro de Economía, con un plan firme y bien custodiado. Ayer, junto al vocero presidencial, Eduardo Amadeo.
 
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