ECONOMíA › LOS MERCADOS DE MAIZ, TRIGO Y CARNE AL ROJO VIVO

Nubes de tormenta sobre el campo

Carbap llamó a tomar medidas de fuerza. La Sociedad Rural y la Federación Agraria han presentado quejas por los controles oficiales.

 Por Fernando Krakowiak

Las nuevas medidas que aplicó el Gobierno para mantener controlados los precios de la carne, el trigo y el maíz empeoraron aún más la relación con las entidades del campo y podrían derivar en un nuevo paro agropecuario. La Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (Carbap) llamó el viernes a tomar medidas de fuerza “en defensa de la producción nacional”, la Sociedad Rural ya se había manifestado días atrás a favor de que “se respeten nuestros derechos de trabajar libremente” y la Federación Agraria advirtió que “los pequeños y medianos productores no pueden ser la variable de ajuste en la lucha antiinflacionaria”. Los empresarios rurales cuestionan la intervención estatal que les recorta las ganancias. Sin embargo, en el Gobierno afirman que los controles son inevitables para garantizar el abastecimiento del mercado interno y frenar la inflación en un contexto de cotizaciones internacionales record y aumento de la demanda. Lo que sigue es un detalle de la situación en cada uno de los mercados.

- Trigo. A comienzos de octubre el trigo llegó en el mercado de Chicago, la Meca de los commodities agrícolas, a su mejor cotización de los últimos diez años por el efecto de la sequía en Estados Unidos, Europa y la India. Esta presión internacional coincidió con una pobre cosecha local, pues entre las campañas 2004/05 y 2005/06 la producción cayó de 15,9 a 12,5 millones de toneladas y se espera que en la temporada 2006/07 alcance apenas los 13,6 millones. En la medición del Indec los alimentos panificados tienen una incidencia en la inflación de 5 por ciento, similar a la carne. Por lo tanto, la reacción del Gobierno no se hizo esperar. En los días siguientes los molinos y los exportadores desaparecieron del mercado, según los productores, por “sugerencia” oficial, y el precio comenzó a caer. Actualmente, los compradores no ofrecen más de 370 pesos por tonelada, mientras que los productores piden cerca de 500 pesos. Esta diferencia hizo que en varias jornadas no se concretaran operaciones, dejando las bolsas virtualmente paralizadas.

- Carne. El cierre de las exportaciones produjo un derrumbe de los precios en Liniers que se mantuvo a lo largo de casi todo el año, pese a la flexibilización posterior de las ventas. En el nuevo escenario los productores perdieron margen de ganancia a manos de la industria, pues entre agosto de este año y el mismo mes de 2005 el valor de la hacienda en Liniers cayó 5,9 por ciento, mientras que los seis cortes vacunos que monitorea el Indec en las carnicerías aumentaron 9,8 por ciento en promedio durante el mismo período (la baja que logró el Gobierno se produjo en relación con los altos precios de marzo, pero no con respecto al año pasado). La diferencia se suponía que debía servirles a los frigoríficos para absorber una suba en Liniers sin trasladarla al consumidor. Esa suba comenzó a mediados de octubre, luego de que los productores retuvieran hacienda para engordarla con el pasto primaveral. En un mes las cotizaciones del mercado treparon 10 por ciento, pero el viernes pasado el Gobierno decidió distribuir un listado de “precios sugeridos” para ponerle un techo a la recuperación. Los consignatarios cuestionaron duramente la intervención y el conflicto promete seguir.

- Maíz. El cierre del registro de exportaciones de maíz se decidió, según dejaron trascender las autoridades el viernes, para ponerle freno a la especulación de aquellos empresarios que comenzaron a tramitar autorizaciones de venta al exterior antes de tener compradores firmes e incluso sin siquiera haber comenzado a sembrar. Las maniobras pusieron en riesgo el abastecimiento interno porque se estaban comprometiendo exportaciones antes de tener certezas sobre la producción que finalmente se alcanzará. Esa fiebre por el maíz se debe a la suba del precio, que aumentó de 207 a 390 pesos la tonelada en el último año (88 por ciento) debido a la mayor demanda, fundamentalmente para la producción de biocombustible en Estados Unidos.

En este escenario de precios en alza y demanda creciente parece difícil evitar el conflicto con los productores si se quiere frenar la inflación y garantizar el abastecimiento interno.

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La suba de los precios internacionales aumentó la presión de los productores.
 
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