EL MUNDO › TERMINO LA GUERRA, PERO EL EJERCITO RUSO PATRULLA GEORGIA COMO “FUERZA DE PAZ”

Los rusos no se mueven de Osetia

Sigue la tensión en el Cáucaso. A pesar de la retirada de la zona de conflicto, el ejército de Putin permanece enclavado en partes de Georgia. El acuerdo de Sarkozy permite a los rusos quedarse en “zonas de distensión”.

 Por Shaun Walker *

Desde Karaleti

La ciudad georgiana de Gori empezaba a recuperar su cotidianidad ayer, después de la retirada de las tropas rusas. Sin embargo, el clima de tensión entre Rusia y Occidente seguía siendo palpable. Las tropas lideradas por Moscú confirmaron ayer que se quedarán en territorio georgiano, en la ciudad portuaria de Poti y en la base permanente que instalaron en la ruta a Osetia del Sur, una región que está afuera de la “zona de distensión” reconocida por las potencias occidentales en el acuerdo de cese del fuego.

Soldados de paz rusos fuertemente armados apuntaban ayer sus ametralladoras a los periodistas de The Independent y sostenían que según los acuerdos internacionales era “ilegal” la presencia de periodistas en la zona controlada por ellos. Ninguno de los acuerdos firmados entre Rusia, Europa y Georgia dice algo semejante. Tampoco permiten el puesto de control que instalaron los soldados rusos en la entrada del pueblo georgiano de Karaleti.

Desde la semana pasada docenas de soldados están cavando trincheras a la vera del camino que conduce al pueblo, mientras que camiones blindados cortan el paso. Uno de los soldados que vigilan la ruta asegura que el puesto de control está para “mantener el orden” y que se quedará allí en el “futuro próximo”.

El acuerdo de cese del fuego impulsado por el presidente francés Nicolas Sarkozy y apoyado a desgano por el gobierno georgiano, permite a los rusos instalar puestos de control en la “zona de distensión”, alrededor de los límites de Osetia del Sur y de Abjasia. Moscú ya adelantó que establecerá al menos 18 puntos de control en esa área. Pero esta zona supuestamente se extendería solamente 6,4 kilómetros de los límites de los dos enclaves separatistas. El pueblo de Karaleti está a 24 kilómetros de esa frontera y justo al lado de una base del ejército de Georgia.

Tanto en Karaleti como en otros pueblos de etnia georgiana que quedan en el camino a Tshhinvali, la capital de Osetia del Sur, muchos de los pobladores todavía sufren los destrozos de la guerra. La mayoría de las casas fueron bombardeadas por los jets rusos o incendiadas por las milicias osetias, y a pesar de que esta semana llegaron dos convoys con ayuda humanitaria, los vecinos aseguran que no tienen ni suficientes medicinas ni comida. Según denunciaron hace semanas, antes de quemar los negocios, las milicias saquearon todo.

A pocos kilómetros del puesto de control ruso, soldados georgianos se reúnen y ven pasar a un convoy, que trae más hombres. Esperan la retirada de sus vecinos. Hace unos días, los rusos cedieron en el pueblo aledaño de Igoeti, lo más cerca que los rusos llegaron a la capital de Georgia, Tiflis. Allí ayer todo lo que quedaba del puesto de control ruso eran algunos bloques de concreto.

Camino a Gori, las tropas rusas ya fueron reemplazadas por sus pares georgianos. Ayer era la primera vez que se veían soldados locales en esa región, después que habían tenido que huir de los bombardeos rusos hace dos semanas. Dentro de la ciudad, cientos de pobladores volvían a sus casas o a lo que quedaba de ellas. Hasta hace unos días, las calles del centro estaban desérticas, casi como en un pueblo fantasma. Sólo los ancianos o los enfermos se quedaron durante la toma de los rusos; el resto huyó con todos sus familiares o se asentó en los centros para refugiados en las afueras de la capital.

De a poco las calles volvieron a llenarse de vida. La mayoría de los negocios seguían cerrados, pero el mercado había abierto. Decenas de funcionarios locales repartían cupones para comprar comida en el centro. “Es muy denigrante tener que hacer cola para recibir un cupón, pero en este momento es imposible conseguir comida de otra forma”, dijo avergonzado un hombre de unos setenta años.

En la costa del Mar Negro las tropas rusas estaban instaladas en otro puesto de control, éste afuera de la ciudad portuaria de Poti. Despejando cualquier duda sobre una próxima retirada, desde Moscú el vicejefe de gabinete Anatoly Novogitsyn aseguró que sus fuerzas seguirán patrullando esa ciudad. “¿Deberíamos sentarnos del otro lado del alambrado? ¿De qué serviríamos entonces? Ellos manejarían sus Hummers, transportarían municiones... ¿y nosotros sólo debemos contar sus armas?”, cuestionó.

La presencia de Rusia dentro del territorio georgiano sigue irritando al gobierno estadounidense y al de las principales potencias europeas, que han pedido sin cesar una retirada total e inmediata. Pero Occidente ha demostrado en estas últimas semanas que no puede apoyar con acciones concretas su enojo.

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

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Una mujer flamea la bandera de Georgia en las narices de los soldados rusos en Poti.
Imagen: AFP
 
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