EL MUNDO › LAS APUESTAS ESTáN ABIERTAS SEGúN PREFERENCIAS Y RUMORES TOTALMENTE OPUESTOS

Hoy empieza la elección del nuevo papa

A la ya compleja cuestión de geopolítica se le agrega una lista decisiva de asuntos pendientes: la posición de la Iglesia ante las cuestiones de sociedad, su postura ante los avances de la ciencia y la bioética.

 Por Eduardo Febbro

Desde Ciudad del Vaticano

Roma amanece con los ojos puestos en la perspectiva de la fumata bianca, el humo generado con productos especiales que le anunciará a la ciudad y al mundo los resultados del voto destinado a designar a quien reemplazará al renunciante Benedicto XVI. El sombrero de cobre por donde subirá el humo de los papeles quemados con los votos de los cardenales puede verse desde la Plaza San Pedro y, a partir de este martes, de allí saldrá la primera emisión de humo cuyo color traduce la decisión de los cardenales reunidos en la Capilla Sixtina: negro si el papa no salió electo al cabo de las primeras votaciones, blanco si el próximo papa ya tiene identidad. Por ahora, las apuestas están abiertas según preferencias y rumores totalmente opuestos. Algunos apuntan hacia un papa del tercer mundo; otros, en cambio, a la designación de un italiano. Desde el sábado pasado, los 115 cardenales electores más otros cuantos más con edad superior a los 80 años, pero que no formarán parte del cónclave, han intentado definir el perfil del futuro pontífice. Se trata de una suerte de hombre-milagro que, por un lado, debe restablecer la legitimidad de una Iglesia empañada por los escándalos financieros y sexuales y los enredados complots entre las tendencias; por el otro, debe ser capaz de responder a un desafío de orden infinitamente superior: un papa que responda al retroceso del catolicismo en Occidente, que aliente la fe en las regiones del mundo donde crece. A esa ya compleja cuestión de geopolítica se le agrega una lista decisiva de asuntos pendientes que van desde la posición de la Iglesia ante las cuestiones de sociedad, su postura ante los avances de la ciencia, la bioética por ejemplo, hasta la respuesta a las demandas de un mundo desarmado por el lobo global del liberalismo.

Acuciados por la prensa, los jerarcas de la Iglesia salen al paso con frases de gran altura. ¿Será un papa norteamericano, africano, latinoamericano, asiático o europeo? “Ah... Dios entiende todos los idiomas”, dijo con sabiduría teológica Carlos Amigo Vallejo, arzobispo emérito de Sevilla. La cultura del secreto que siempre caracterizó al Vaticano –sólo rota con la divulgación de los documentos secretos del papa, los Vatileaks– incrementa los rumores y las especulaciones. Hay quienes dicen que ya todo está cocinado, que el papa será del tercer mundo. Otros, en cambio, argumentan con igual sustento la versión contraria: el futuro papa será un italiano respaldado por un secretario de Estado del Tercer Mundo. En este puesto clave, los vaticanistas escriben el nombre del cardenal argentino Leonardo Sandri. Este jerarca católico acumula varias funciones clave en la estrategia actual de la Iglesia: en 2007, Benedicto XVI lo nombró prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales. El mismo año pasó a integrar el Consejo Pontificial para la promoción de la unidad de los cristianos y el Consejo Pontificial para el diálogo interreligioso. Al año siguiente, Sandri ingresó a la Congregación para la Evangelización de los Pueblos.

De este embrollo de nombres y rumores emergen dos figuras en torno de las cuales hay un absoluto consenso. Desde luego, ese consenso no es una verdad sino otra especulación respaldada por varias voces: se trata del cardenal italiano Angelo Scola, arzobispo de Milán, y del brasileño Pedro Odilo Scherer, arzobispo de San Pablo. El primero tendría el respaldo del ala reformista, mientras que al brasileño lo apoyarían los conservadores.

De la galería de nombres posibles ubicados detrás de estos dos favoritos desaparecieron los africanos, pero quedaron muchos nombres como alternativa: Marc Ouellet (Canadá), Sean O’Malley (Estados Unidos), Peter Erdo (Hungría), Christoph Schönborn (Austria), Luis Antonio Tagle (Filipinas) y el mismo Sandri, cuyo perfil hace de él un “papable” en caso de desacuerdo. Los misterios del cónclave son espesos y todos recuerdan la inesperada elección de Juan Pablo I, en 1978, y su célebre frase: “Que Dios los perdone por lo que han hecho”. Juan Pablo I murió apenas un mes después de haber sido elegido papa. El cónclave siguiente designó a un no favorito: Karol Wojtyla, quien fue elegido tras ocho sesiones de voto.

Esta vez, sin embargo, son tantas las cosas que Dios tiene que perdonar a los hombres que integran la Iglesia que las polémicas y los pactos raros a la hora del voto parecen excluidos. Hará falta mucho más que eso para tapar el enorme túnel negro que dejó la revelación de las calamitosas internas de la curia y del Vaticano. La fumata bianca es apenas una luz pasajera en un bosque sembrado de ojos que acechan entre las ramas.

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El cardenal argentino Jorge Bergoglio sale de la última reunión preparatoria para el cónclave.
Imagen: EFE
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