EL MUNDO › OPINION

El nuevo plan económico de Venezuela

 Por Alfredo Serrano Mancilla

Las cifras de la Cepal, FAO, PNUD, OIT, Unesco y Latinobarómetro afirman lo contrario a la catástrofe anunciada por los amantes de las profecías autocumplidas. Venezuela, en su década ganada (2002-2012), tiene un PIB que se triplica, elevado superávit comercial, gasto social real per cápita multiplicado por tres, ingresos públicos suficientes, ingreso promedio anual real creciente, salario real mínimo más alto, cuatro millones de nuevos empleos, caída a la mitad del desempleo, desigualdad y pobreza en descenso y un pueblo más alfabetizado y politizado, que apoya mayoritariamente a su democracia.

Ahora bien, ¿existen problemas económicos en Venezuela? Sí, claro, obviamente, como en todas las economías del mundo, y Venezuela no es la excepción. No obstante, la diferencia respecto de lo que pasa en Europa es que estas dificultades estructurales son propias de una acelerada transformación económica democratizadora. Los cambios políticos en el país caribeño han permitido nuevas condiciones sociales inclusivas acompañadas de un aumento sostenido del consumo para las mayorías excluidas. En esta primera década ganada del chavismo, el capitalismo especulativo se aprovechó en Venezuela, por un lado, de la gran mejora del poder adquisitivo y de una amplia satisfacción de necesidades básicas gracias a las exitosas políticas públicas y, por otro lado, de una deficitaria capacidad productiva interna e ineficiencias institucionales en el control y gestión de otras políticas económicas. Por tanto, la metamorfosis socialista a favor del pueblo exige, si se desea que sea duradera, de modificaciones necesarias en la economía real.

Las derrotas electorales de Capriles en octubre del 2012 y abril de 2013 provocaron un cambio táctico en la forma de operar de la oposición. La guerra económica es la estrategia preferida para efectivizar el deseado cambio político. Como si se tratara de un golpe económico en cámara lenta, desde la primera derrota opositora, el dólar ilegal fue multiplicando su valor (desde 10 a 50); la inflación se fue disparando (desde 20 por ciento a 50 por ciento); y los índices de desabastecimiento siguen creciendo (del 13 al 21 por ciento). Sin lugar a dudas que este ataque no es sólo responsabilidad del comportamiento buitre del capitalismo, sino que éste se beneficia de algunas debilidades estructurales de la economía real venezolana, especialmente de dos de ellas: los fallos en la política de control y gestión de asignación de divisas para importaciones de bienes necesarios, y la incapacidad productiva para construir una vigorosa oferta interna acorde con la creciente demanda interna. Por todo ello, la propuesta de paz económica del presidente Maduro, a partir de la autocrítica, de nuevo asumiendo errores –hablando hasta de agotamiento de una primera etapa–, se concentra en una propuesta integral a favor de la economía real, que satisfaga: a) en lo coyuntural, afrontar al capitalismo especulativo, y b) en lo estructural, consolidar una base económica y productiva que permita sosteniblemente acompañar materialmente las políticas sociales. Ese es el nuevo orden económico interno propuesto para forjar la transición hacia el socialismo bolivariano, que deje de obsesionarse por medidas nominales (por ejemplo, la fallida devaluación de hace meses), y se centre en acciones estratégicas de índole real, como las mencionadas en la propuesta del presidente: 1) regular eficientemente las importaciones mediante un Centro Nacional de Comercio Exterior que evite prácticas especulativas, 2) una política de control para la conformación de precios justos, 3) creación de un presupuesto nacional en dólares acorde con las exigencias reales de un Estado que exporta petróleo en divisas e importa –según necesidades– en esa misma moneda, 4) un mercado financiero que premie el ahorro interno en bolívares y que logre repatriar capitales del exterior, 5) hacer más virtuosos los canales de distribución del comercio, centrándose en la mejora de los sistemas de transporte en el país, y 6) procurar una política productiva ambiciosa que eleve la oferta venezolana real para satisfacer la demanda actual. Seguro que restan más acciones económicas a considerar, como una política tributaria efectiva y más progresiva, una reforma bancaria a favor del cambio de matriz productiva, pero éste ya es un primer paso suficiente para abrir una siguiente etapa. Este plan económico constituye una renovada estrategia integral en base a acciones de economía real que requerirán de una nueva arquitectura institucional pública, con más y mejor gestión, con eficiencia socialista tanto en la distribución de los recursos como en la generación de los mismos. El socialismo bolivariano, en Venezuela, de nuevo, con esta propuesta, se impone a sí mismo su próximo desafío para evitar caer en la trampa económica del capitalismo. Chávez, en su Plan de la Patria, ya avanzó sobre la urgencia de esta nueva etapa. Así, el chavismo, una vez más, se revitaliza a partir de repensarse a sí mismo, procurando construir la revolución en revolución.

@alfreserramanci

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