EL MUNDO › LA ESTRATEGIA BéLICA DE OCCIDENTE CONTRA EL ESTADO ISLáMICO EN SIRIA E IRAK DESPUéS DE LOS ATENTADOS EN PARíS

Una respuesta militar con final incierto

El investigador Scott Atran considera que los jihadistas buscaron esta ofensiva para profundizar el antagonismo y expandir sus fuentes de reclutamiento. Y agrega: “Los bombardeos endurecen a la población civil”.

 Por Marcelo Justo

Desde Londres

La respuesta de los líderes del primer mundo a los atentados de Francia ha seguido un libreto previsible: horror, reivindicación de los valores occidentales y promesa de una respuesta que, según el presidente francés François Hollande, será “implacable”. Palabras más, palabras menos es la misma reacción que hubo a los atentados contra Charlie Hebdo en enero, contra el transporte público en Madrid (2004) y Londres (2005) o contra ese protoatentado que fueron las Torres Gemelas del 11 de septiembre.

En Malasia este domingo Barack Obama se apegó al mismo texto. “Vamos a destruir al Estado Islámico. Recuperaremos las tierras que ocupa, le quitaremos sus fuentes de financiamiento, perseguiremos a sus líderes, desmantelaremos sus redes y sus líneas de suministro”, dijo el presidente. No son palabras vacías. La respuesta militar y policial se ha hecho sentir desde la invasión de Afganistán e Irak hasta la virtual coalición que está forjándose entre Estados Unidos, Francia y Rusia contra el Estado Islámico (EI) a la que muy pronto se puede sumar el Reino Unido.

Las coaliciones lograron el derrocamiento de los talibán y de Saddam Hussein a quien, entre otras cosas, acusaban de instigar el terrorismo. ¿Resultados? Uno de los más claros es el actual caos en Irak y el surgimiento de Estado Islámico, un movimiento más sangriento aún que Al Qaida. Es decir que, como mínimo, la estrategia bélica despierta interrogantes. Si no sirvió en el pasado, ¿servirá ahora? Pero también, ¿cuál es la alternativa?

El investigador Scott Atran, que ha hecho un extenso trabajo de campo con jihadistas tanto europeos como de Medio y Lejano Oriente, considera que la estrategia del Estado Islámico es buscar esta respuesta militar para profundizar el antagonismo y expandir sus fuentes de reclutamiento. Atran cita un editorial publicado en marzo por Dabiq, la revista por Internet de Estado Islámico, que detallaba esta estrategia y anticipaba los atentados de París. “El editorial usaba una cita de Osama Bin Laden cuando dijo que George W. Bush tenía razón al hablar de “un mundo dividido en el que se está con nosotros o con los terroristas”. Según el editorial, había llegado la hora de lanzar “un nuevo golpe para dividir más al mundo y destruir cualquier zona gris que no sea de enfrentamiento”, señaló a Página/12 Atran, autor de Talking to the enemy: Faith, Brotherhood and the (Un) making of terrorists (Hablando con el enemigo: Fe, Hermandad y (Des) hacerse de terroristas).

Es una estrategia de largo aliento. En un manual de 2004, titulado Idharat at Tawahoush (Sobre cómo manipular el caos), ese precursor del Estado Islámico que fue la rama iraquí de Al Qaida, señalaba que había que “exponer la debilidad de Estados Unidos para que abandonen la guerra psicológica e indirecta y se vean forzados a intervenir directamente”. Atran confirmó la eficacia de esta fórmula en el curso de una extensa investigación mundial que incluyó entrevistas de jihadistas, simpatizantes y población afín en Francia, España, el Reino Unido, Líbano, Marruecos, Irak, Jordania, Libia, Arabia Saudita, los territorios palestinos, Sri Lanka, Filipinas, Indonesia y Siria.

En su testimonio en abril ante el Consejo de Seguridad de la ONU, Atran señaló que los militantes más comprometidos en la Jihad no están inspirados tanto en una lectura del Corán como en una ideología subyacente. “Cuando le preguntamos a la mayoría de los miembros del Estado Islámico en Irak qué era el Islam contestaban “mi vida”. No sabían mucho del Corán o de la historia de su religión. Todo lo que pensaban, lo habían aprendido de la propaganda de Al Qaida y Estado Islámico. Y más que una religión, lo que incorporaban era una causa excitante con promesas de gloria y autoestima. El término “nihilista” que usa Occidente para describirlos no significa nada para ellos que ven a la Jihad como un movimiento igualitario, fraternal, “cool” y convincente”, señaló Artan a Página/12.

Este mensaje es particularmente seductor entre los jóvenes. Una encuesta de ICM de 2014 indicaba que uno de cada cuatro jóvenes franceses entre 18 y 24 años tenía una opinión favorable o muy favorable de Estado Islámico (EI), a pesar de que los musulmanes solo constituyen entre el 7-8 por ciento de la población nacional (es decir que franceses no musulmanes simpatizan con la organización). En el Reino Unido el porcentaje con opinión favorable de Estado Islámico es del 7 por ciento, nuevamente muchos más que el 5 por ciento de musulmanes británicos. “En nuestra investigación los combatientes crecen a partir de redes de amigos, familiares, vecinos y compañeros de escuela, cada uno con su propia ruta al Islam. Como se vio en París estos grupos actúan con un fuerte grado de entrenamiento, planificación colectiva y control central de Estado Islámico”, indicó Atran.

El porcentaje de musulmanes que favorecen EI es una clara minoría que, de creer en las encuestas, es todavía más reducida en los países de Medio Oriente (solo un 3 por ciento de los egipcios, un 5 por ciento de los sauditas y un 1 por ciento de los libaneses simpatizaban con EI). Pero para una organización que se alimenta de combatientes suicidas estos porcentajes son más que suficientes para avanzar en su estrategia. Según escribió este fin de semana en el dominical británico The Observer el especialista de origen indio Kenan Malik, este número de voluntarios permanecerá constante porque responde a profundas tendencias históricas. “El fundamentalismo ha crecido mucho en una época sin ideales políticos. El fracaso de los gobiernos seculares musulmanes y su degeneración en regímenes autoritarios llevó a muchos a asociar el secularismo con el atraso económicosocial y la represión. Las intervenciones militares extranjeras han aportado lo suyo destruyendo la sociedad civil y dejando un vacío perfecto para que sea ocupado por los jihadistas”, señala Malik.

Una nueva intervención militar puede golpear al Estado Islámico en el minicalifato que ha montado entre territorios de Irak y de Siria bajo su control, pero a su vez, una pérdida territorial puede estimular un nuevo ciclo de violencia en países del primer mundo. En un contexto de guerra declarada, ¿es posible evitar una confrontación? “Un intervención terrestre sería desastrosa. Pero una que ayude a los kurdos y busque alianzas con grupos tribales sunnitas opuestos a Estado Islámico es posible. La historia reciente muestra, sin embargo, que los bombardeos endurecen a la población civil. Mientras tanto creo que no se le está dando la importancia que tiene a una contranarrativa creíble que no use términos como nihilismo que no dicen nada. Necesitaríamos una plataforma en la que puedan confluir los casos exitosos de experiencias locales con los aportes de los mismos jóvenes que Estado Islámico quiere reclutar. Es un tema que durará años y requerirá mucho tacto, inteligencia y sensibilidad”, señaló Atran.

“No hacerse el muerto”

¿Qué hacer en caso de atentados como los sucedidos en París? Imposible predecir cuál será nuestra reacción si dos personas entran a un recinto cerrado como el Bataclan y empiezan a disparar a mansalva o hacen lo mismo contra un restaurante donde estamos cenando tranquilamente un viernes por la noche, como ocurrió en Le petit Cambodge. ¿Qué maximiza nuestras posibilidades de salir con vida? ¿Correr, hacerse el muerto, parapetarse? Esas son algunas de las opciones de pesadilla que cruzan la mente en una decisión clave de la que puede depender la vida o la muerte.

En un intento de aportar una guía, la oficina nacional de antiterrorismo británica, Nactso, aconseja “no hacerse el muerto”, “huir en la medida en que esto sea posible” y, si no lo es, “parapetarse detrás de lugares sólidos” ya que la madera y el vidrio pueden ser atravesados por los disparos. El documento toma especialmente en cuenta la experiencia de las víctimas del asalto a la sala Bataclan, donde se registró la mayor cantidad de víctimas. Nactso aconseja “buscar salidas seguras, correr y esconderse”, pero sólo hacerlo “si se puede llegar sin exponerse a un mayor peligro”, “insistir a todos que deben tratar de huir” y dejar las pertenencias (bolsas, camperas, etc). El documento no lo dice, pero no cabe duda de que considerar estas opciones precisa un temple y estado de ánimo bastante especiales.

El documento también proporciona una guía para la reacción de las empresas en caso de que sus oficinas e instalaciones se conviertan en objetivo de un ataque terrorista. El concepto central es el de un “bloqueo dinámico” definido como la “capacidad de restringir rápidamente el acceso y salida a un sitio o edificio aplicando medidas físicas para dar respuesta a una amenaza”. Nactso aconseja a las empresas la instalación de mecanismos que alerten en caso de un ataque terrorista como alarmas o un sistema de megafonía o de mensajería internos (textos, mails, etc). La triste realidad es que en una situación tan demente estos mecanismos pueden ayudar o generar más pánico: nadie sabe cómo reaccionará ante una situación límite.

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Página/12 En Gran Bretaña

Por Marcelo Justo
Desde Londres

@La respuesta de los líderes del primer mundo a los atentados de Francia ha seguido un libreto previsible: horror, reivindicación de los valores occidentales y promesa de una respuesta que, según el presidente francés François Hollande, será “implacable”. Palabras más, palabras menos es la misma reacción que hubo a los atentados contra Charlie Hebdo en enero, contra el transporte público en Madrid (2004) y Londres (2005) o contra ese protoatentado que fueron las Torres Gemelas del 11 de septiembre.
En Malasia este domingo Barack Obama se apegó al mismo texto. “Vamos a destruir al Estado Islámico. Recuperaremos las tierras que ocupa, le quitaremos sus fuentes de financiamiento, perseguiremos a sus líderes, desmantelaremos sus redes y sus líneas de suministro”, dijo el presidente. No son palabras vacías. La respuesta militar y policial se ha hecho sentir desde la invasión de Afganistán e Irak hasta la virtual coalición que está forjándose entre Estados Unidos, Francia y Rusia contra el Estado Islámico (EI) a la que muy pronto se puede sumar el Reino Unido.
Las coaliciones lograron el derrocamiento de los talibán y de Saddam Hussein a quien, entre otras cosas, acusaban de instigar el terrorismo. ¿Resultados? Uno de los más claros es el actual caos en Irak y el surgimiento de Estado Islámico, un movimiento más sangriento aún que Al Qaida. Es decir que, como mínimo, la estrategia bélica despierta interrogantes. Si no sirvió en el pasado, ¿servirá ahora? Pero también, ¿cuál es la alternativa?
El investigador Scott Atran, que ha hecho un extenso trabajo de campo con jihadistas tanto europeos como de Medio y Lejano Oriente, considera que la estrategia del Estado Islámico es buscar esta respuesta militar para profundizar el antagonismo y expandir sus fuentes de reclutamiento. Atran cita un editorial publicado en marzo por Dabiq, la revista por Internet de Estado Islámico, que detallaba esta estrategia y anticipaba los atentados de París. “El editorial usaba una cita de Osama Bin Laden cuando dijo que George W. Bush tenía razón al hablar de “un mundo dividido en el que se está con nosotros o con los terroristas”. Según el editorial, había llegado la hora de lanzar “un nuevo golpe para dividir más al mundo y destruir cualquier zona gris que no sea de enfrentamiento”, señaló a Página/12 Atran, autor de Talking to the enemy: Faith, Brotherhood and the (Un) making of terrorists (Hablando con el enemigo: Fe, Hermandad y (Des) hacerse de terroristas).
Es una estrategia de largo aliento. En un manual de 2004, titulado Idharat at Tawahoush (Sobre cómo manipular el caos), ese precursor del Estado Islámico que fue la rama iraquí de Al Qaida, señalaba que había que “exponer la debilidad de Estados Unidos para que abandonen la guerra psicológica e indirecta y se vean forzados a intervenir directamente”. Atran confirmó la eficacia de esta fórmula en el curso de una extensa investigación mundial que incluyó entrevistas de jihadistas, simpatizantes y población afín en Francia, España, el Reino Unido, Líbano, Marruecos, Irak, Jordania, Libia, Arabia Saudita, los territorios palestinos, Sri Lanka, Filipinas, Indonesia y Siria.
En su testimonio en abril ante el Consejo de Seguridad de la ONU, Atran señaló que los militantes más comprometidos en la Jihad no están inspirados tanto en una lectura del Corán como en una ideología subyacente. “Cuando le preguntamos a la mayoría de los miembros del Estado Islámico en Irak qué era el Islam contestaban “mi vida”. No sabían mucho del Corán o de la historia de su religión. Todo lo que pensaban, lo habían aprendido de la propaganda de Al Qaida y Estado Islámico. Y más que una religión, lo que incorporaban era una causa excitante con promesas de gloria y autoestima. El término “nihilista” que usa Occidente para describirlos no significa nada para ellos que ven a la Jihad como un movimiento igualitario, fraternal, “cool” y convincente”, señaló Artan a Página/12.
Este mensaje es particularmente seductor entre los jóvenes. Una encuesta de ICM de 2014 indicaba que uno de cada cuatro jóvenes franceses entre 18 y 24 años tenía una opinión favorable o muy favorable de Estado Islámico (EI), a pesar de que los musulmanes solo constituyen entre el 7-8 por ciento de la población nacional (es decir que franceses no musulmanes simpatizan con la organización). En el Reino Unido el porcentaje con opinión favorable de Estado Islámico es del 7 por ciento, nuevamente muchos más que el 5 por ciento de musulmanes británicos. “En nuestra investigación los combatientes crecen a partir de redes de amigos, familiares, vecinos y compañeros de escuela, cada uno con su propia ruta al Islam. Como se vio en París estos grupos actúan con un fuerte grado de entrenamiento, planificación colectiva y control central de Estado Islámico”, indicó Atran.
El porcentaje de musulmanes que favorecen EI es una clara minoría que, de creer en las encuestas, es todavía más reducida en los países de Medio Oriente (solo un 3 por ciento de los egipcios, un 5 por ciento de los sauditas y un 1 por ciento de los libaneses simpatizaban con EI). Pero para una organización que se alimenta de combatientes suicidas estos porcentajes son más que suficientes para avanzar en su estrategia. Según escribió este fin de semana en el dominical británico The Observer el especialista de origen indio Kenan Malik, este número de voluntarios permanecerá constante porque responde a profundas tendencias históricas. “El fundamentalismo ha crecido mucho en una época sin ideales políticos. El fracaso de los gobiernos seculares musulmanes y su degeneración en regímenes autoritarios llevó a muchos a asociar el secularismo con el atraso económicosocial y la represión. Las intervenciones militares extranjeras han aportado lo suyo destruyendo la sociedad civil y dejando un vacío perfecto para que sea ocupado por los jihadistas”, señala Malik.
Una nueva intervención militar puede golpear al Estado Islámico en el minicalifato que ha montado entre territorios de Irak y de Siria bajo su control, pero a su vez, una pérdida territorial puede estimular un nuevo ciclo de violencia en países del primer mundo. En un contexto de guerra declarada, ¿es posible evitar una confrontación? “Un intervención terrestre sería desastrosa. Pero una que ayude a los kurdos y busque alianzas con grupos tribales sunnitas opuestos a Estado Islámico es posible. La historia reciente muestra, sin embargo, que los bombardeos endurecen a la población civil. Mientras tanto creo que no se le está dando la importancia que tiene a una contranarrativa creíble que no use términos como nihilismo que no dicen nada. Necesitaríamos una plataforma en la que puedan confluir los casos exitosos de experiencias locales con los aportes de los mismos jóvenes que Estado Islámico quiere reclutar. Es un tema que durará años y requerirá mucho tacto, inteligencia y sensibilidad”, señaló Atran.
Imagen: AFP
 
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