EL PAíS › MYRIAM BREGMAN, DEL FRENTE DE IZQUIERDA

“La oposición a Macri ha sido testimonial”

 Por Adriana Meyer

“A confesión de parte relevo de prueba: ocho años de crecimiento y jubilaciones miserables, dicen que dan derechos y reparten migajas. Esa es la foto, después uno puede ver lindo hasta a Macri porque arregló la vereda. Si eso es algo mientras se mueren los chicos debajo de una casilla de cartón es una sensibilidad que no es la nuestra”, dice Myriam Bregman, candidata a jefa de Gobierno del Frente de Izquierda (FIT). Dirigente del Partido de los Trabajadores Socialistas, Bregman –39 años, una hija de 2, vive en pareja– fue abogada del desaparecido testigo Jorge Julio López y es querellante en la megacausa ESMA. “La crisis de vivienda, educación y salud en Buenos Aires se resuelve atacando los intereses de la Iglesia Católica, de los grandes capitalistas y propietarios, nuestro público no se conforma con lo posible”, enfatiza en diálogo con Página/12.

–¿Por qué un votante indeciso debería inclinarse por el FIT?

–El Frente es un emergente y se demostró con la banca que obtuvieron en Neuquén dos trabajadores de Zanon, Alejandro López (independiente) y Raúl Godoy (PTS). Nuestras candidaturas aparecen en un momento en que el voto progresista puede estar desilusionado del kirchnerismo por el escándalo Schoklender, y también en medio de la crisis del centroizquierda sojero de Proyecto Sur-GEN-De Gennaro. En nuestras listas no hay candidatos construidos por algún canal de TV, hay luchadores, en mi caso en derechos humanos, independiente del Estado.

–Sus candidaturas suelen ser tildadas de testimoniales.

–La oposición a Macri en la Legislatura ha sido testimonial, donde impuso su proyecto elitista porque el kirchnerismo le votó las principales leyes, empezando por la nefasta Policía Metropolitana, escuela de espías si las hay. Y el sector pinosolanista fue igual de inoperante. Nosotros logramos que se terminen las tercerizaciones, y eso no es testimonial. Participé de algunos de los principales juicios por delitos de lesa humanidad, y ahí tampoco nuestra actuación es testimonial. (José) Montes enfrentando las privatizaciones o (Claudio) Dellecarbonara, referente del sindicalismo de base, enfrentando a la UTA en el subte... qué difícil verlos como testimoniales. Eso es una manera de denigrar las luchas sociales y políticas.

–¿En su perfil en Facebook apareció un mensaje intimidatorio?

–Sí, en alusión a nuestras denuncias contra la Metropolitana. Se dice que la campaña está fría, pero es porque los demás candidatos adoptaron la agenda de Macri, que impuso que el problema de la vivienda es una cuestión de ocupación del espacio público, entonces hablan sobre cómo se desaloja y no sobre cómo dar respuesta a este reclamo elemental. O en las calles, donde las protestas son un problema de tránsito; el candidato Filmus que justificó la represión de los docentes de Santa Cruz, o Solanas que les prometió a los empresarios de Idea que iba a sacar de las calles a las manifestaciones para ponerlas en un “marchódromo” en Plaza de Mayo. Y el ministro de Seguridad de Macri, Guillermo Montenegro, fue quien, como juez, autorizó las salidas vacacionales del represor Héctor Febres, encargado de las detenidas embarazadas de la ESMA.

–¿Los candidatos sólo hablan de basura y tránsito?

–Si hablan de otros temas como educación o salud, no dicen qué intereses están dispuestos a afectar para garantizar esos derechos. Hay que terminar con los subsidios a la educación privada, no puede ser que el Estado mantenga a la Iglesia Católica. Pagar la deuda externa no es progresista, como tampoco lo es mantener a miles de miembros de las Fuerzas Armadas que estaban en la dictadura, ni las 300 mujeres que mueren por año por abortos clandestinos porque se mantiene esa prohibición. Algún interés particular se afectó, como a Clarín, pero por la propia disputa interpoder.

–¿Tampoco le reconocen al Gobierno el impulso a los juicios por violaciones a los derechos humanos?

–Adjudicar la nulidad de las leyes de impunidad a Néstor Kirchner es una afrenta a la lucha de los organismos y al proceso surgido de 2001, él asume en 2003 con un bajo porcentaje de votos y necesitaba algunas causas para legitimar su debilidad de origen.

–¿Cómo se puede negar que los derechos humanos son política de Estado?

–El kirchnerismo hizo un fuerte discurso sobre los derechos humanos, pero las Fuerzas Armadas están intactas. Desde 2003 hay poco más de cien condenados en todo el país, Julio López está de- saparecido y la Presidenta tiene el triste mérito de no haberlo nombrado nunca. Ni siquiera se han abierto los archivos de la represión del Estado, sólo se juzga a las cadenas de mandos y a los identificados por los sobrevivientes. Así no se termina la impunidad, que también es responsabilidad del Poder Judicial.

–En un debate en Sociales (UBA), una señora agradecía su jubilación y otra, la asignación universal que recibía por su hijo.

–Es el lema nunca menos. Macri subsidia a la educación privada y a sus empresarios allegados, con un modelo educativo casi pinochetista. Pero la asistencia social se reparte a cuentagotas también a nivel nacional. Se hace propaganda con eso porque lograron cooptar a movimientos sociales y organismos. Desde la izquierda vamos a seguir luchando por el 82 por ciento móvil, mi papá que fue docente tiene que seguir trabajando porque no le alcanza con dos jubilaciones. Tras ocho años de crecimiento, los empresarios se llevan millones mientras para abajo llegan gotitas, y tuvo que haber un 2001 para que eso aparezca. En Argentina el 40 por ciento de los trabajadores está en negro o precarizado.

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Imagen: Guadalupe Lombardo
 
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