EL PAIS › EXCLUSIVO EN LA 9 DE JULIO Y BELGRANO NACE UN GIGANTESCO ICONO URBANO

Las dos miradas de Evita

El martes se cumplen 59 años de la muerte de Eva Perón. El 22 de agosto, 60 años del discurso donde, al final, no anunció que sería candidata como pedía la CGT. Con idea de Alejandro Marmo y diseño de Daniel Santoro, la Presidenta decidió colocar dos instalaciones de Evita en las paredes del Ministerio de Desarrollo Social.

 Por Martín Granovsky

Eva Perón está ahí arriba, en dos imágenes que parecen dibujadas en hierro. Una mira hacia el Obelisco. Severa, pegada al micrófono, grita. Otra se recuesta hacia Constitución. Está enjoyada. El pintor Daniel Santoro y el escultor Alejandro Marmo observan cada Evita con la satisfacción de que quedarán allí, como parte del paisaje porteño. “Incluso con su Código da Vinci”, sonríe Santoro. “Porque pusimos uno.”

Marmo tuvo la idea de colocar una Eva Perón silueteada en hierro sobre las paredes del actual Ministerio de Desarrollo Social, en Avenida 9 de Julio y Belgrano. Su idea le gustó a Cristina Fernández de Kirchner y terminó en un decreto presidencial. Herrero de oficio, Marmo nació en Caseros en 1971. Es uno de esos escultores que en vez de cincel usan la soldadura autógena y trabajan con metales reciclados. Santoro nació en 1954 y dice que le gustaría quedar inscripto en una filiación de pintores que comienza en Massaccio en los primeros años del siglo XV, sigue con Diego Velázquez 200 años más tarde y se hilvana con Lucien Freud, nieto de Sigmund, el retratista británico que murió el miércoles último a los 88 años.

El escultor Alejandro Marmo y el pintor Daniel Santoro, autor y diseñador de la obra.
Imagen: Pablo Piovano.

La mole del ministerio, que fue antes Ministerio de Obras Públicas, tiene una relación natural con Evita. El 22 de agosto de 1951, hace casi 60 años, pronunció allí un discurso en un Cabildo Abierto convocado por la Confederación General del Trabajo, que exigía su candidatura a la vicepresidencia para un segundo mandato de Juan Perón. En el acto no dijo que aceptaría. Más bien sugirió lo contrario. Unos días después, por radio, anunció que no.

Un mural aplicado

El proyecto de Marmo entra en la categoría de las intervenciones artísticas. Es un mural aplicado. Son 44 módulos de una obra que, según las medidas precisas del autor, forman un total de 31 metros por 24.

La silueta de la Evita que mira al norte es la Eva Perón con el micrófono delante, la boca bien marcada, el pelo tenso que termina en un rodete. Pura fuerza, recrea la foto del discurso del 22 de agosto, un día en que miles de trabajadores hasta pidieron a Perón que dejara a Eva continuar con su discurso. Para muchos peronistas, la Presidenta incluida, esa imagen quedó como el símbolo de la Evita desafiante. Por eso la elección de la pared norte. Una decisión política, más que estética.

La silueta instalada en la pared sur, con la cara hacia Avellaneda, muestra a una Evita enjoyada, dulce y sonriente. Esta vez la recreación partió de otra foto: la que fue tapa de La razón de mi vida. El libro de Eva apareció el 15 de octubre, unos días después del discurso del renunciamiento. A esa altura, Evita ya estaba aquejada por el cáncer, pero la edición eligió una Eva anterior, rozagante y feliz.

Con cara de chico divertido Santoro recuerda que un día de 2010, cuando el proyecto ya estaba en marcha, lo convocaron de la Casa Rosada. El Gobierno trataba de administrar la crisis de la salida de Martín Redrado, entonces presidente del Banco Central. Apareció Cristina Fernández con unos rollos que Santoro mismo había dejado con el diseño a partir de la idea original de Marmo y los desplegó delante de un grupo de ministros y secretarios. “Los dibujos de la Evita que mira al norte estaban surcados con trazos de marcador negro”, cuenta Santoro a Página/12. Dice que la Presidenta se había fijado en la boca. “Me habló de la relación fuerte entre la boca que pronuncia el discurso y el micrófono que tenía delante, un micrófono grande típico de la época. Me di cuenta de que se había imaginado cómo quedaría la silueta una vez instalada en las paredes del ministerio. También me dijo que había que tener cuidado con uno de los trazos de la parte superior de la cabeza, para que no pareciera una pelada, y con el rodete, para que en el resultado final no quedara como un casco.”

La Eva Perón de imagen dulce de La razón de mi vida mira al sur.
Imagen: Pablo Piovano.

Santoro dice que discutieron mucho algunas observaciones, pero ante una pregunta asegura que no sintió que la Presidenta quisiera lograr un arte oficial o cosa por el estilo. “Simplemente se la veía muy comprometida con la instalación y muy entusiasmada en que se concretara”, relata.

Imagen universal

“Yo podría pintar mi Evita en un lugar de Buenos Aires”, reflexiona Santoro. “¿Sería igual? Quizás no. Yo tengo todo el derecho de crear, y lo hago. Ahora, ¿tengo derecho a convertirme en el autor de un icono urbano? ¿Puedo decir que soy un Picasso y que me importa un carajo? No, porque la Evita en el ministerio no me pertenece. No le pertenece a nadie en especial. Ningún designio particular es válido en un caso así.”

¿No hay riesgo de que una obra artística se convierta en una forma de realismo estatal? “No, no, no tiene nada que ver”, dice Santoro. “El trabajo que realizamos con Marmo es otra cosa. Es realista, obviamente, pero consiste en el anclaje urbano de un icono. Evita, además, como el Che Guevara, es un icono de valor universal. Trasciende lo que Marmo y yo hagamos. Como icono urbano transformará la foto de Buenos Aires. Incluso la foto turística. La Evita del micrófono se ve desde Libertador. La otra, desde el sur. La parte superior está colgada a cien metros de altura. Es obvio que la creación de un icono urbano puede surgir de la idea de un artista pero su instalación permanente es una decisión pública. Y ahí entra el papel de Cristina. Tiene perfecta noción de que estas dos Evitas van a transformar las visuales de Buenos Aires como una vez la transformó el Obelisco. Y a su vez esas dos Evitas convalidan un imaginario colectivo que, me parece, nadie va a discutir. No sé si hay un icono compartido, por ejemplo, de Perón. Cada uno se imagina el suyo. Pero esas dos imágenes de Evita son comunes a todos. Por eso ni Marmo ni yo firmamos. Nadie firma la instalación. Es un trabajo de equipo que intenta objetivar una imagen.”

El trabajo tuvo una parte ingenieril. Marmo está acostumbrado a los metales y a su peso. El material es acero al cobre, una aleación especial que usaban los ferrocarriles ingleses y pone un límite a la oxidación, que en un punto se autobloquea. Cada una de las siluetas de metal pesa entre ocho y diez toneladas. Fue realizada por oxicorte en Avellaneda, donde se cortan barcos.

Santoro observa que hay muchas formas de imaginar a Evita, en la Argentina y en el mundo, y subraya que por alguna razón que dice desconocer dos iconos mundiales son argentinos: Eva y el Che. “Cuando se murieron, los dos eran jóvenes, hermosos, heroicos, pero no tengo más explicaciones”, dice este tipo tan peronista como enciclopédico que vive curioseando la realidad pero no se tienta con las verdades fáciles. Pintó peronismos varios, muchas Evitas, Gardeles, samurais, realizó una instalación sobre el proyecto de avión Pulqui con el nombre de Objeto Volador Justicialista, se metió con ideogramas chinos y estos días se dedica a discutir con Zlavoj Zizec, Jacques Lacan y Michel Foucault. Les discute a sus libros, claro.

“Como Massaggio, como Velázquez, como Freud, elaboro lo retiniano, lo que el ojo puede captar”, dice. “El mundo del realismo es mi barrio.”

martin.granovsky@gmail.com

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Imagen: Pablo Piovano
 
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