EL PAíS

La guita & the money

Mayoría en el Senado y leyes aprobadas. Los números en la Cámara, lo que pueden cambiar (o no) las elecciones. Las herramientas que son necesarias pero no suficientes. Pesos hay, dólares faltan. Un abanico de nuevas medidas oficiales, con su historia previa. El blanqueo, los acuerdos con acreedores internacionales, movidas de YPF. Algo sobre la salud y la información pública.

 Por Mario Wainfeld

El Senado aprobó por 40 votos a 27 el proyecto de Presupuesto 2014 más las prórrogas de las leyes de emergencia y de cheque. Un triunfo del oficialismo en una semana que arrancó signada por la incertidumbre: lo dota de las herramientas para gestionar los años próximos. El margen obtenido en ambas Cámaras transformó en “virtual” el debate sobre la mayoría necesaria para prorrogar el tributo al cheque que regirá hasta 2015, ya que el Frente para la Victoria (FpV) consiguió mayoría especial en Diputados y en el Senado.

Una mirada más fina sobre cómo se construyeron los apoyos sugiere que el oficialismo tiene un “colchoncito” de un par de senadores para congregar mayorías hasta que termine el mandato presidencial. Si perdiera hasta un par en las elecciones sostendría su posición. No dispone de mayoría propia pero sí puede “armarla” en cada caso con aliados estables o transitorios o meramente ad-hoc. Setenta y dos senadores componen el pleno de la Cámara, tres por cada provincia y la Ciudad Autónoma (CABA), con 37 se las puede apañar, con 36 rasguñar el éxito. Estas cifras son siempre tentativas porque las pertenencias no son pétreas ni definitivas.

Los datos resaltan la centralidad de ese punto en la elección del domingo 27. La dura puja entre el senador Daniel Filmus y el diputado Fernando “Pino” Solanas por la banca de minoría en la CABA añade ese atractivo adicional: puede ser determinante en el esquema de gobernabilidad.

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A mi manera: El Presupuesto conserva el diseño tradicional de sus precedentes kirchneristas. La ley de cheque, según las proyecciones oficiales, puede allegar cerca de 7000 millones de pesos a las arcas fiscales. Tal vez haya alguna sobreestimación pero es cierto que el impuesto es el quinto en orden de importancia a la hora de sumar plata al erario nacional. Es una norma transitoria, uno de los tantos parches que se prolongan o eternizan de un sistema impositivo que exigiría modificaciones de fondo, en un contexto político que dificulta abordar esos desafíos.

El Gobierno no está atado de manos, más bien al contrario. El Congreso le respondió como viene pasando desde 2011. Podrá conservar su margen hasta diciembre y cuenta con la prerrogativa de mantenerlo hibernado hasta el 1o de marzo o llamar a sesiones extraordinarias, determinando su temario.

Todo el tratamiento se encaró, y saldó, después de las Primarias Abiertas: no se melló la cohesión política de los bloques del FpV.

Claro que contar con los instrumentos institucionales primordiales para desarrollar política económica no garantiza el éxito de ésta. Una de las dificultades más conocidas de esta etapa del kirchnerismo es la diferencia de “posición” en pesos y en dólares. Guita hay, money escasea. No es razonable, para un oficialismo que lleva cumplido un tercio de la recuperación democrática, poner toda la carga en “la pesada herencia recibida”. La hubo, más vale, pero también errores de gestión, tanto como “fatiga” o contrapartidas de políticas exitosas en algún momento.

Como fuera, la necesidad de fortalecerse en divisas es ya un tópico en el elenco económico. La presidenta Cristina Fernández de Kirchner demarcó un camino al señalar que era válido endeudarse en dólares para fomentar el crecimiento y el desarrollo mas no para cubrir baches financieros. Ese es el rumbo razonable que nadie controvierte puertas adentro, concretarlo en el día a día es bien peliagudo. El riesgo de la “restricción externa” es asumido por Aldo Ferrer y Héctor Valle, economistas afines al proyecto gubernamental, que formulan prevenciones con serenidad y sapiencia.

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Ayer y ahora: Sin agotar la nómina, los núcleos de las dificultades se concentran en el déficit energético (que lleva años sin reparar), en el balance de ingresos y egresos por turismo (más reciente y muy desfavorable), en el intercambio automotriz. Y, por cierto, en los compromisos de pago de la deuda externa. El kirchnerismo no acepta refinanciar esa deuda, así que debe concentrarse en las otras.

Es interesante resaltar que en 2010 el Gobierno abrió la segunda etapa del canje de deuda, buscando calmar la ansiedad de “los mercados”. Al mismo tiempo, exploró la perspectiva de ir solventando la deuda con los integrantes del Club de París y conversó la posibilidad de llegar a arreglos con acreedores externos que obtuvieron fallos favorables en el Ciadi. Las negociaciones se estancaron porque el oficialismo no aceptó las exigencias de las contrapartes. O sea, el problema no fue reconocido ayer. Las movidas más pintadas se reseñarán a vuelo de pájaro en párrafos siguientes.

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Verde que te quiero blanco: El blanqueo de capitales, que incluía como novedad la repatriación material de divisas, fue la primera jugada. Su fecha de cierre, colocada entrambas elecciones, era poco feliz desde el vamos, ahora fue prorrogada. La cifra obtenida defraudó las ilusiones más voluntaristas (los cuatro mil millones de dólares que estimó el secretario Guillermo Moreno) y también las proyecciones más “modestas” de otros integrantes del equipo económico que se “conformaban” con mil millones. La distancia no es la única que divide al equipo económico, cuya cohesión es un aspecto que, entiende este cronista, debe ser revisado para el segundo tramo del gobierno de la presidenta Cristina Fernández.

La carga de traer físicamente las divisas (y no de declararlas como en anteriores blanqueos) es gravosa, habrá que ver si la prórroga sumada a las negociaciones que encare el Gobierno consigue disuadir a los muchos argentinos que fugaron dólares.

El afán principal sigue siendo fortalecer la cantidad de divisas y promover la construcción y la actividad energética. El aspecto recaudatorio fue subalterno, desde el vamos.

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Un paquete de real politik: A los acuerdos que destrabaron créditos del Banco Mundial se sumaron en estos días las tratativas del ministro Hernán Lorenzino con empresas extranjeras que tenían fallos favorables en el Ciadi. Esa temática es la especialidad del ministro, el terreno en el que se mueve con mayor soltura.

La búsqueda de capitales extranjeros es una prioridad del titular de YPF, Miguel Galuccio quien procura que una empresa estatal se mueva con más margen que el propio Estado en ese territorio enojoso para la épica kirchnerista. El déficit energético no cesará por encanto, ni velozmente. Disminuirlo es un objetivo exigente, de todas maneras. La importación de petróleo sin refinar, que se anunció ahora, forma parte de esa procura.

Se trata de acciones acaso necesarias, pero que no pueden ser englobadas en un discurso de gesta. Son, posiblemente, parte de la real politik que cualquier administración debe asumir y digerir. El oficialismo tendrá que explicarla de un modo distinto al que usó con sus medidas más satisfactorias y gratificantes, aquellas en que los medios y los fines son valorables. En ese terreno, el éxito y el fracaso se miden de otro modo. La defensa de los derechos humanos o los derechos civiles es irrenunciable, aunque se topen con traspiés parciales. Las medidas prácticas con fines loables (sostener las líneas maestras del proyecto, por ejemplo) a veces exigen determinaciones pragmáticas que se juzgan con otra vara. La relación entre fines y medios es uno de los aspectos más peliagudos de la política... hay algunos medios que solo se “santifican” si son funcionales para fines valiosos.

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No devaluar el debate: El formato de las discusiones públicas domésticas conduce a veces a acuerdos que pueden desconcertar a los no iniciados. La devaluación es uno de ellos. El Gobierno dice que no devaluará cuando en realidad este año lo hará en un porcentaje aproximado del 25 por ciento... sus adversarios fácticos y mediáticos le reprochan que “no devalúe”.

Si se afina la polémica, se advierte que el oficialismo rehúsa conceder al establishment una devaluación que implique una transferencia regresiva de ingresos. Y que el margen de la pulseada no es entre, es un decir, cero y un poquito sino entre guarismos más complejos.

El kirchnerismo no dará el brazo a torcer, con sobrados motivos y antecedentes históricos. Pero en sus primeros niveles se sabe que la actual paridad impacta negativamente en el potencial exportador de las economías regionales. Las frutas del Alto Valle de Río Negro, el vino en Cuyo o Salta, las aceitunas en Catamarca o La Rioja, las productoras yerbateras (lista incompleta, desde ya) están en apuros. La solución no es un desbarajuste general que afecte a toda la clase trabajadora, como mocionan algunos sectores de intereses. Eso sí, es uno de los tantos temas de “sintonía fina” que requieren implementación sutil para el bienio próximo.

El Gobierno y el Banco Central tampoco piensan desarmar los dispositivos que limitan la entrada y salida veloz de capitales, que juzgan depredadora.

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Márgenes: La política incluye siempre, en otras variables, una disputa por la significación. El veredicto popular de octubre proporcionará un nuevo ejemplo. Nada es definitivo hasta que concluye el escrutinio pero es lógico anticipar qué puntos fuertes resaltarán la oposición versus el kirchnerismo. Aquella descuenta vencer en los cinco distritos más poblados y varios más, contar con tres “presidenciables” plebiscitados en sus distritos (Hermes Binner, Julio Cobos y Sergio Massa). El oficialismo cuenta con ser la fuerza más votada, la que cuente con los bloques mayoritarios y con la dispersión de sus adversarios en, cuanto menos, tres vertientes.

La integración definitiva del Congreso es un aspecto central que habrá que leer con minucia. Retener las mayorías trabajosas sería un aventón para el kirchnerismo.

Sin caer en el profetismo, el escenario futuro dista del fin de ciclo tan sonado y también de una garantía de continuidad del kirchnerismo en la Casa Rosada.

La previa panorámica sobre la política económica acaso sirva para orientar sobre las coordenadas de los años venideros. El Gobierno tiene márgenes más estrechos que en tiempos previos y estará necesitado de refinar sus políticas, acaso sus elencos. También de advertir la caducidad de ciertos instrumentos, eficaces antaño. Su fuerza relativa sigue siendo alta, será puesta a prueba.

En esta semana rara, las palabras crueles y las agorerías de sus rivales más acérrimos (que no son en general dirigentes políticos) quedaron desvirtuadas. Y la maquinaria política oficial supo funcionar. Es una muestra parcial, transitoria, pero no desdeñable.

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