EL PAíS › FORTALEZAS Y DEBILIDADES DE LA UCR LUEGO DE LAS LEGISLATIVAS Y DE CARA AL 2015

Las claves del escenario radical

La UCR consiguió retener sus bancas en Diputados, pero perdió tres senadores de cuatro en juego. Se mantiene como segunda fuerza a nivel nacional, aunque empeoró sus resultados respecto de 2009 y de las PASO.

 Por Sebastian Abrevaya

Hace 10 años, la UCR hacía la peor elección de su historia. Hace dos semanas, en medio de la victoria del kirchnerismo a nivel nacional, el amplio triunfo de Sergio Massa en la provincia de Buenos Aires, el lanzamiento de Mauricio Macri como candidato presidencial y el posterior fallo de la Corte Suprema sobre la ley de medios, quedó relegado del análisis el desempeño de uno de los actores políticos más relevantes en las elecciones del 27 de octubre. Después de las primarias, el radicalismo y algunos aliados habían asegurado que superarían al Frente para la Victoria a nivel nacional y que se convertirían en la principal alternativa de cara al 2015. Lejos de eso, tuvieron un leve retroceso en cantidad de votos que los dejó en tercer lugar, detrás del –desarticulado– peronismo disidente. Además, perdieron tres de los cuatro senadores que ponían en juego y, en comparación con la elección de 2009, pasaron del 30,2 con el Acuerdo Cívico y Social al 24,7 por ciento de los votos, contando las alianzas locales. De todas formas, en la UCR están satisfechos con haber mantenido el número de diputados y esperan sostener su proceso de recuperación de cara al 2015.

“Vamos a tener un resultado bastante mejor que en las primarias (en Buenos Aires), lo que nos permitirá ganar a nivel nacional porque estamos segundos a muy pocos votos del oficialismo”, afirmó públicamente el diputado Ricardo Alfonsín, tres días antes de la votación. “Todos exageran. Massa, cuando habla como si hubiera ganado una elección nacional, Macri cuando habla de los candidatos del PRO en todo el país, el kirchnerismo cuando dice que ganó la elección... y bueno, nosotros también”, se sinceró con Página/12 otro de los dirigentes más importantes de la UCR, pocos días después. Pero la exageración, aclara, no quiere decir que el radicalismo no tenga elementos para rescatar del resultado electoral.

El primero, recuerda el encumbrado dirigente, es la recuperación sostenida respecto del “fondo del infierno” que significó el 2001 y la posterior elección del 2 por ciento de 2003. Luego vino el acuerdo con el peronista Roberto Lavagna en 2007 y posteriormente la candidatura de Ricardo Alfonsín, que quedó lejos de las expectativas pero implicó volver a tener un candidato propio.

En ese contexto, en esta elección se ponían en juego 26 bancas de diputados nacionales, que las lograron retener. Incluso consiguieron bancas por distritos como San Luis o Misiones, en los que hasta ahora no tenían representación parlamentaria. Y a pesar de que vienen perdiendo gobernaciones en distritos que habían logrado sobrevivir a la crisis de la Alianza (de cinco provincias sólo les queda la de Corrientes), consiguieron victorias en 11 capitales provinciales, que marcan una expectativa de volver al poder en algunas de ellas.

En un exhaustivo estudio de los resultados, el politólogo de la Universidad Torcuato Di Tella, Javier Zelaznik, señala que el radicalismo es la fuerza política más votada detrás del FpV con el 22,9 por ciento de los votos, a los que se le puede sumar un 1,8 de aliados que compitieron con lista propia. Sin embargo, el informe advierte que del 22,9 por ciento de los votos, casi la mitad provienen de Santa Fe, la ciudad y la provincia de Buenos Aires, tres distritos donde la UCR no lidera esas coaliciones. De hecho, en los tres distritos sólo sumó 5 diputados nacionales propios: Mario Barletta, Martín Lousteau, Carla Carrizo, Ricardo Alfonsín y Héctor “Cachi” Gutiérrez, respectivamente. (No está confirmado si Lousteau se integrará a la bancada).

En cuanto al Senado, la performance radical fue más bien floja. Perdió su banca en Entre Ríos, donde Atilio Benedetti se quedó afuera frente al ruralista Alfredo De Angeli. También en Santiago del Estero, ya que el gobernador Gerardo Zamora, radical devenido kirchnerista, patrocinó una segunda lista oficialista y se quedó con las tres bancas. En Río Negro, donde desde el ‘83 hasta 2011 la UCR gobernó la provincia, el ex mandatario y radical K, Miguel Saiz se quedó sin una banca. En cambio, la Coalición Cívica fue la sorpresa con el ingreso de Magdalena Odarda.

En este contexto, el desempeño más destacable del radicalismo fue la victoria en provincias del interior –sensiblemente más pequeñas– como Jujuy, Formosa, Catamarca, Corrientes y Santa Cruz, de peso simbólico.

Un caso aparte es Mendoza, donde la lista tres con Julio Cobos a la cabeza, obtuvo un triunfo contundente respecto al peronismo (47,7 a 27,1 por ciento). Sin embargo, en 2009 y sin Cobos como candidato, la UCR lideró una alianza que sacó el 48,8 por ciento. La nómina la encabezó un hombre de su riñón, Ricardo Manzur, seguido de Mariana Juri, referente del ex gobernador Roberto Iglesias y el peronista disidente Enrique Thomas. Por otra parte, a Mendoza se la incluye habitualmente en el pelotón de las cinco “provincias grandes”, cuando su peso respecto del padrón nacional es el 4,3 por ciento, menos de la mitad que Córdoba, Santa Fe y CABA. Ni hablar del 37 por ciento que representa al tierra bonaerense.

Con un panorama similar, el politólogo Andrés Malamud apunta en la revista El Estadista un escenario poco probable para un triunfo panradical a nivel nacional, aunque el 2015 podría servirle para reconstruirse “en el territorio”. Por lo bajo, varios radicales piensan lo mismo, aunque no pierden la expectativa de que la dinámica de la política argentina les juegue a su favor.

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Los radicales Barletta, Alfonsín, Cobos y Sanz en la celebración de los 30 años de democracia.
Imagen: DyN
 
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