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El remate de Perón rindió una fortuna y una polémica

De Narváez compró la biblioteca, el archivo y el uniforme, por casi 250.000 dólares. El presidente de Aerolíneas tiene el sudario.
Y llovieron las críticas al vendedor Rotundo.

 Por Sergio Kiernan

El remate de los objetos de Juan Domingo Perón y de su esposa Eva Duarte, realizado ayer en la sede romana de Christie’s, resultó una caja de sorpresas. Por un lado, los lotes más importantes quedaron en manos de argentinos y, de un modo u otro, volverán al país. Por el otro, las críticas al vendedor, Mario Rotundo (ver aparte), llegaron a un nivel de acidez pocas veces vista. Aunque Rotundo no tiene demasiado de qué quejarse: el resultado económico fue fantástico y se recaudó mucho más que los 200.000 dólares que tenían los 41 lotes como base.
La pieza más extraña y mórbida de la colección es el sudario celeste y blanco de Evita, que Perón encargó en 1971 a las monjas madrileñas, cuando la dictadura militar de la época le devolvió el cuerpo secuestrado. Las piezas de seda fueron compradas en casi 160.000 dólares –más del triple de la base– por el empresario español Antonio Mata, titular de Aerolíneas Argentinas. La mortaja, dijo Mata, está a “disposición del Estado argentino para que sea preservada como patrimonio histórico nacional” y será traída al país el próximo miércoles y exhibida en público.
El pintoresco empresario menemista Francisco de Narváez es ahora el dueño de la biblioteca personal de Perón, su archivo fotográfico y su último uniforme de gala. De Narváez gastó casi 150.000 dólares –nuevamente, el triple de la base– para quedarse con los 1150 libros de la colección de Puerta de Hierro, que incluyen tomos dedicados por Arturo Jauretche, Marta Lynch, Rodolfo Ortega Peña, Eduardo Luis Duhalde, Rogelio García Lupo, Bernardo Verbitsky, John William Cooke, Jorge Abelardo Ramos, Enrique Pavón Pereyra y Gregorio Selser.
El archivo fotográfico, que incluye tomas de prácticamente toda la carrera política del general, con fotos donde posa con Muamar Gadaffi y Licio Gelli, por ejemplo, le costó apenas 5000 dólares al empresario que vendió los supermercados Tía por 600 millones de dólares. El uniforme de gala –guerrera, pantalones y gorra blanca, con charreteras, pero sin medallas ni insignias– le costó casi 100.000 dólares. Estos lotes, cuyo destino De Narváez no aclaró, le completan un notable mes de compras al empresario del tatuaje chino en el cuello, que acaba de comprarse un jet ejecutivo por diez millones de dólares.
Más modestamente, el Partido Justicialista pudo hacerse de algunas piezas de valor histórico con 70.000 pesos donados por “compañeros”, cuyos nombres no fueron revelados, excepto por el del senador Antonio Cafiero. El partido es ahora dueño del sobretodo de tela gris Príncipe de Gales, con cuello hunting negro de terciopelo, que Perón usó en su último discurso en el balcón de la Casa Rosada, el 12 de junio de 1974. También tiene ese “quién es quién” político que es la agenda personal de Perón, con números de teléfono y anotaciones al margen de varios nombres, un dossier anotado de su puño y letra y tres mapas militares también con agregados del general. El apoderado partidario, Jorge Landau, estiró los dólares hasta quedarse con algunas lámparas y objetos domésticos de la quinta de Puerta de Hierro y con el lote 238, compuesto por un espejo dorado, un portarretrato, una caja de música, un espejo de mano y unos cubiertos con monograma que pertenecieron a Eva Perón. “Queríamos quedarnos con todo,” admitió el diputado Landau, “pero los precios eran muy altos y no nos alcanzó el dinero.”
La colecta y la compra fueron soluciones que el PJ adoptó muy a disgusto, como último recurso. En un comunicado, el partido lamentó que los objetos fueran vendidos y no “preservados para el pueblo” y reveló que “mediante distintas presentaciones, el PJ intentó evitar la subasta”. Pero el vocero de Christie’s italiana, Fabio Bertolo, dijo que “no hubo ninguna razón para suspender el remate” y que la documentación solicitada a la fundación de Rotundo “estaba en orden.”
Juan Labaké, ex apoderado de Isabel Perón, dijo que su enojo venía de que “esos bienes no son de los ricachones que tienen dinero para ir y comprar un recuerdo de Perón” y cuestionó el derecho de Rotundo de venderlos (ver aparte). “Dudo que el general haya dispuesto donar esos bienes al señor Rotundo,” dijo Labaké, “dudo que la señora de Perón los haya donado, dudo del objetivo al cual van a dedicar después esos fondos”. El cuestionamiento va al fondo de la cuestión: según Rotundo, Isabel Perón transfirió a su fundación la propiedad de los objetos rematados ayer.
Christie’s no informó quiénes fueron los compradores de los demás lotes, que incluían cámaras fotográficas, grabadores, medallas militares y diplomáticas, una piel de oso regalo de la URSS y un inmenso grabador de los años sesenta.

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El sobretodo que usó Perón en su último discurso.
Lo compró el PJ por algo más de seis mil dólares.
 
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