EL PAíS › LA MEJORA EN LA DISTRIBUCION SIGUE PENDIENTE

Las cuentas que aún no cierran

 Por Claudio Scaletta

En el primer semestre de 2005, la pobreza y la indigencia volvieron a ubicarse en niveles similares a los de octubre de 2001. En términos agregados puede afirmarse que se dejaron atrás los indicadores sociales críticos inducidos por la crisis devaluatoria. La pregunta de fondo, sin embargo, es en qué medida estos nuevos valores y su tendencia futura representan una mejora sustantiva en materia de equidad y distribución progresiva del ingreso.
Como los niveles de indigencia y pobreza surgen de comparar los ingresos de las personas contra sus necesidades mínimas medidas por las canastas básicas alimentaria y total, tanto las subas en los ingresos mínimos como la inflación en los productos de primera necesidad provocan grandes variaciones estadísticas. Para Héctor Valle, director de FIDE, las mejoras difundidas ayer por el Indec son consecuencia directa de la recuperación “lenta, pero sostenida” registrada en los ingresos mínimos. Una recuperación que tuvo cuatro fuentes. Los aumentos del salario mínimo y de suma fija decididos por el Poder Ejecutivo, los convenios que beneficiaron a los trabajadores del sector formal de la economía, el aumento de la cantidad de trabajadores en blanco y las subas en las jubilaciones. Para Valle, entonces, las mejoras son el resultado del achatamiento poscrisis de la pirámide de remuneraciones.
El economista de la CTA Martín Hourest agregó que “cuando se compara contra el peor pico de la enfermedad la mejoría no puede negarse”, pero la “verdadera comparación” se consigue cuando se agregan los niveles de ingreso. Mientras la pobreza y la indigencia regresaron a fines de 2001, es decir, a la situación registrada luego de tres años de recesión, el ingreso, el PIB, recuperó los mismos niveles que en 1998, el pico de crecimiento de los ’90. En consecuencia, cuando se comparan los números actuales contra 1998 y no contra 2001, “la desocupación, la pobreza y la indigencia son muy superiores”.
Alberto Barbeito, investigador del Ciepp, señaló a este diario que “con niveles de PIB similares, la pobreza supera en 9 puntos porcentuales los índices de 1998”. Pero además, esta pobreza es “más intensa, con más pobres más empobrecidos”. Según el cálculo del especialista, el ingreso medio que reciben los hogares pobres, incluyendo la masa de planes sociales e ingresos no monetarios, es la mitad del necesario para llegar a la línea de pobreza. En el caso de la indigencia, el ingreso medio representa alrededor del 60 por ciento del necesario para superar la situación.
Existe otro dato a tener en cuenta respecto de la evolución futura de los indicadores sociales, a la “intensificación” de la pobreza y a la indigencia se suma la caída en la elasticidad empleo producto, es decir, el freno en la velocidad de creación de empleo a medida que la economía crece. Las características de la estructura productiva local determinan, a la vez, que no pueden esperarse reducciones espectaculares en los niveles de informalidad. Si se aceptan los números oficiales y la economía crece el 4 por ciento en 2006 y además se mantiene la elasticidad empleo producto actual, que se encuentra en 0,5, el empleo solo habrá crecido 2 puntos. Se trata de datos que muestran que la baja de la pobreza será difícil si se esperan correcciones únicamente “de mercado”, pues en ese caso será difícil que no se estabilice cerca de un piso del 30 por ciento.
El balance parece mostrar que las respuestas que hasta ahora se ensayaron para resolver el agravamiento de los indicadores sociales clave –pobreza, indigencia, desempleo y precariedad laboral– provocado por el régimen de convertibilidad y la crisis devaluatoria, no guardan relación con la magnitud de concentración del ingreso producida entre 1991 y 2003.

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