EL PAíS › OPINION

“Miren” o “tiren”

 Por Mario Wainfeld

A la Policía hay que darle consignas netas. Blanco o negro. Hay que decirle ‘miren’ o ‘tiren’. Si la orden es más ambigua será difícil que la cumplan... incluso que la entiendan.” La frase, palabra más palabra menos, fue repetida varias veces ante sus allegados por el secretario de Seguridad Juan José Alvarez y expresa una vieja sabiduría. La atesoran quienes comandan fuerzas de seguridad y también quienes militan o hacen política en la calle. Hay ocasiones en las que los uniformados tratan de limitar la violencia y hay otras en que salen de cacería.
“Miren”, redunda decirlo, quiere imponer calma, no represión, templanza, hasta pasividad. “Miren” ordenó –y se precia de haberlo ordenado– el propio Alvarez a las fuerzas bonaerenses de cara a los saqueos del 19 de diciembre de 2001. Y en buena medida, en el actual gobierno, la Policía “mira” en las manifestaciones de ahorristas, en las de los asambleístas que van a Plaza de Mayo. Puede ocurrir que los policías pierdan los estribos, se descontrolen pero, en una fuerza verticalizada, habrá otros que morigeren, controlen.
“Tiren” quiere decir “tiren” en sentido estricto o “peguen”, “metan miedo” y, en la Argentina al menos, la Policía suele asumir con entusiasmo tamaña consigna.
“Miren” o “tiren” puede decirse con esas palabras o con sinónimos. O puede sugerirse o inducirse con conductas, desde la jerarquía de los organismos de seguridad o desde el poder político.
No es serio definir la responsabilidad penal de quién asesinó a los jóvenes Maximiliano Costeki y Darío Santillán. Habrá que investigar y esperar que no ocurra lo mismo que con tantos otros asesinados en protestas sociales cuyos homicidas jamás han sido condenados por la Justicia. Provisoriamente habría que recordar –como explicaba Arturo Jauretche– que suele ser asombrosa la puntería de las “balas perdidas” o disparadas no-se-sabe-por-quién: siempre impactan a los que están enfrentando a los policías.
Habrá que investigar quién tiró en Avellaneda y, si cabe, quién dio la orden. Entre tanto, es sensato observar que el gobierno nacional, por vía de varias de sus principales autoridades, venía sugiriendo “tiren” desde hace varios días. Desde hace un par de semanas se viene instalando, cual si fuera una política de Estado impedir, como fuera, el cierre de los accesos a la Capital Federal. Desde hace un par de semanas se viene insistiendo en que eso no sería permitido de ninguna manera. Desde hace varias semanas, y en esta en especial, el jefe de Gabinete Alfredo Atanasof fue asociando la movilización piquetera de ayer al “caos”, pirueta lingüística que viene desde tiempos de la dictadura militar y que convoca, como la miel a las moscas, a que “las fuerzas del orden” hagan lo suyo. Tirar, se entiende.
Más allá de si la Policía disparó las balas homicidas –y todo induce a pensar que así fue– es claro que se dedicó a “tirar”. La foto que ilustra la página 6 de este diario –uniformados violentando una puerta de un local partidario a la manera de los grupos de tareas de la dictadura– revela que lo que los “motivaba” no era sólo la defensa propia en el puente Avellaneda como intentó explicar la burda historia oficial que pergeñó el Gobierno.
En medio de toda esa barbarie no hubo un funcionario del Gobierno que se comidiera al lugar de los hechos, que hiciera algún comentario por radio (el propio Atanasof, tan locuaz en estos días sobre cualquier tema de agenda, incurrió en mudez a partir de las 12 del mediodía), que pidiera la presencia de un fiscal o un juez en el teatro de operaciones. Son medidas de manual si lo que se busca es que los policías “miren” o –de mínima– “paren”.
Alvarez detalló ayer que este gobierno sobrellevó miles de protestas callejeras sin ejercitar mayor violencia. Y se preguntó qué cambió ayer. Su respuesta, la respuesta oficial en cadena, es que lo que cambió es la voluntad de los manifestantes. Esto es, que la responsabilidad de latragedia recae en los que recibieron las balas, los palos, los gases, las puertas arrancadas a patadas. Un razonamiento difícil de compartir y hasta de seguir, alambicado, tortuoso. Es mucho más sensato razonar que los policías –como todos los argentinos– entendieron lo que vino diciendo el poder político desde hace días. Una consigna grata para quienes venían con bronca y “junando”. Quienes, en su sempiterna lucha contra el “caos”, sencillamente, tiraron.

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