EL PAíS › EL CARDENAL JORGE BERGOGLIO OFICIO LA MISA CENTRAL EN SAN CAYETANO

“Los dolores que claman al cielo”

Ante los miles de católicos que se agolparon para pedir o agradecer trabajo, Bergoglio insistió en que “hay dolores y dolores; los del salario retenido, los de la falta de trabajo, son los dolores que claman al cielo”. Por otra parte, siguen los reclamos por la falta de autocrítica de la Iglesia ante el asesinato del obispo Enrique Angelelli.

 Por Washington Uranga

Como cada año el 7 de agosto, el templo de San Cayetano, en Liniers, se convirtió ayer en el centro de la piedad religiosa de los sectores más populares. Para agradecer por el trabajo o para pedirlo, miles de fieles se encolumnaron desde varios días antes en la puerta del santuario y la fila, a la medianoche, cuando se abrieron las puertas, superaba las veinte cuadras. Al mediodía, en la misa principal, el cardenal Jorge Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, sostuvo que “Dios escucha el clamor de su pueblo” porque “El no es como los ídolos que tienen oídos pero no escuchan. No es como los poderosos que escuchan lo que les conviene”. Dijo también el presidente de la Conferencia Episcopal Argentina que Dios “escucha todos nuestros gritos de dolor, pero escucha de manera especial los gritos de dolor provocados por la injusticia”. Porque, dijo, “hay dolores y dolores; los del salario retenido, los de la falta de trabajo, son los dolores que claman al cielo”.

De esta manera, aprovechando la ocasión de la festividad del santo católico de más tradición popular, el arzobispo porteño volvió a insistir en la prédica social que se ha convertido en característica de sus pronunciamientos recientes. El propio Bergoglio estuvo en La Rioja el pasado 4 de agosto y, desde allí y junto a un numeroso grupo de obispos, al conmemorarse los treinta años del martirio de Enrique Angelelli, resaltó el compromiso social del obispo como un auténtico testimonio evangélico. Entonces calificó a Angelelli como “un enamorado de su pueblo que lo acompañaba en el camino, y lo acompañaba hasta las periferias, las periferias geográficas y las existenciales”.

En medios católicos no pasó inadvertido que Bergoglio haya celebrado la misa en memoria de Angelelli ataviado con ornamentos rojos, que la Iglesia reserva habitualmente para la celebración de los mártires de la fe. Mientras tanto, y en coincidencia con estas declaraciones entre fieles de la Iglesia Católica, circuló también un documento titulado El nunca más de la Iglesia Católica está pendiente, acompañado por un número importante de firmas, entre las que se cuentan las de Abuelas de Plaza de Mayo, Alba Lanzilloto (la abuela riojana que habló en el homenaje a Angelelli en Casa Rosada), Estela Carlotto, sacerdotes y laicos destacados. El texto comienza diciendo que “estamos en deuda con la sociedad, con las víctimas, con su familiares, con el pueblo, con el Pueblo de Dios, con nosotros mismos”. Y subraya que “hace falta que desde todas las instancias institucionales, sobre todo desde aquellas que tienen ejercicio del poder en la Iglesia y en la tarea del pastoreo y el magisterio se diga, digamos, nunca más a la complicidad, nunca más al silencio, nunca más las puertas cerradas, nunca más la indiferencia, nunca más las medias palabras”.

Ayer el cardenal Bergoglio elevó su plegaria a San Cayetano para que “nos sepamos escuchar, porque para ayudar a alguien primero hay que escuchar”. Y agregó que “escuchar no es oír simplemente. Escuchar es atender, querer entender, valorar, respetar, salvar la proposición ajena. Hay que poner los medios para escuchar bien, para que todos puedan hablar, para que se tenga en cuenta lo que cada uno quiere decir”, subrayó ahora el arzobispo porteño. Bergoglio criticó también a quienes sólo escuchan “las voces machaconas de la propaganda y de las estadísticas y no tienen oídos para escuchar lo que dice la gente sencilla”.

En su incursión riojana, Bergoglio había insistido en el “diálogo entre el pastor y el pueblo” que ejemplificó en Angelelli y los sacerdotes que fueron asesinados al igual que su obispo. “Diálogo que fue cada vez perseguido –dijo el cardenal–, una Iglesia que fue perseguida, una Iglesia que se fue haciendo sangre que se llamó Wenceslao, Gabriel, Carlos (por los curas asesinados), testigos de la fe que predicaban y que dieron su sangre por la Iglesia, para el pueblo de Dios, por la predicación del Evangelio y finalmente se hace sangre en su pastor. (Angelelli) fue testigo de la fe derramando su sangre”, sostuvo.

Bergoglio dijo entonces que “el recuerdo del obispo Enrique (y de los otros curas) no es una simple memoria encapsulada; es un desafío que nos interpela a que miremos el camino de ellos, hombres que solamente miraron el Evangelio, hombres que recibieron el Evangelio y con libertad”. Más allá del gesto de reconocimiento, ni en la homilía pronunciada en La Rioja, ni en la de ayer en San Cayetano, donde Bergoglio no hizo ninguna referencia al martirio de Angelelli, ni de boca del presidente del Conferencia Episcopal Argentina ni de los obispos que conforman la cúpula del Episcopado se escucharon expresiones de autocrítica institucional por la actitud adoptada por la jerarquía de Iglesia frente al caso Angelelli y, en general, ante la situación de otros fieles católicos que sufrieron la persecución del terrorismo de Estado.

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El cardenal Jorge Bergoglio se quejó de “los poderosos que escuchan lo que les conviene”.
 
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