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Relájate, opera y goza si sale bien

 Por Mario Wainfeld

Con Mauricio Macri nunca se sabe del todo: es el rey de la vuelta atrás, la retractación y la desmentida. Pero el anuncio que farfulló anteayer parece indicar que será candidato a presidente y que desiste de buscar su reelección como jefe de Gobierno porteño. Así las cosas, desata un fenómeno curioso en la Ciudad Autónoma, un distrito deseable como el que más. Los dos candidatos más resonantes de los últimos tiempos, “Mauricio” y el diputado Fernando Solanas, no serán de la partida. Eso atenúa las perspectivas de PRO y de Proyecto Sur, mejorando a sus contrincantes y emparejando la competencia.

Tanto Macri como Pino Solanas eligen jugar en ligas mayores. Son dos ejemplos distintos de frazada corta: un referente que es la pieza ganadora en el armado nacional y en el local, a respetable distancia de sus eventuales suplentes.

Macri conserva la ilusión de coaligarse con el peronismo federal y proponer una contienda en tercios contra el kirchnerismo y el radicalismo. Fantasea triunfar en las dos elecciones. También puede perderlas y quedarse muy en el llano, ya que la implantación nacional del partido de camiseta amarilla linda con la nulidad.

Las perspectivas de Solanas lucen más acotadas, con su retiro suena muy arduo que Proyecto Sur llegue al ballottage. Y a nivel nacional, su potencial es menor. Solanas asume la opción de desguarnecer su mejor distrito para cimentar a su partido en los demás. Su presencia (así no sea ganadora) tracciona mucho más que cualquier otra. Podría abroquelarse en Capital y procurar seguir el camino del Frente Amplio uruguayo, creciendo desde el pie. Se inclina por el otro, ambos tienen su lógica, sus motivos y sus costos.

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La diputada Gabriela Michetti y el vicejefe Horacio Rodríguez Larreta comienzan una interna que seguramente se dirimirá intramuros. Para ser entre gente de PRO, muestran bastante los dientes. “Gabriela” veta la posibilidad de una fórmula conjunta, revelando resquemores conocidos y añejos pero hasta ahora maquillados. “Horacio” se autodefine como especialista en la gestión sugiriendo que su rival no lo es. Las encuestas, que Rodríguez Larreta encarga con fervor desde el mismo día en que asumió, son más amigables con Michetti. Esta carga con la mochila de haber sumado en 2009 muchos menos votos que Macri en 2007. Seguramente a Rodríguez Larreta le hubiera ido igual o peor pero eso es un contrafactual y no un escrutinio.

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El jefe de Gobierno maneja dos variables de la elección, su intervención y la fecha. Puede estipularla antes de la nacional por mero decreto. En cambio, para unificarlas necesita una ley que exige conseguir apoyos opositores en la Legislatura. Para los partidos opositores con representación en las bancas (Proyecto Sur, el Frente para la Victoria, la Coalición Cívica) puede también ser tentadora la nacionalización. Abre la chance de un arrastre de sus presidenciables. Desde luego, no todos acertarán pero eso recién se sabrá más adelante.

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La casi certera retirada de Macri es gran noticia para la tripleta de candidatos kirchneristas. Amado Boudou, Daniel Filmus y Carlos Tomada disputan una interna asombrosamente tranqui para los usos y costumbres justicialistas. Las directivas presidenciales son varias: que florezcan cien flores pero que no se pinchen entre ellas con las espinas y que a nadie se le ocurra sugerir que la competencia se defina en alguna votación o primaria. La corrección política es la regla, en los medios y aún en los afiches que van empapelando la ciudad. Los susurros y rumores en Palacio son más divertidos pero vienen con silenciador.

En las huestes del ministro de Economía se ufanan contando que “Amado” es el favorito de la Presidenta y por el apoyo de la CGT. En torno de Daniel Filmus aducen que su hombre es el que tiene mejor intención de voto e “instalación”. Los aliados de Tomada reivindican un perfil más peronista que sus contendientes y un apoyo activo de militantes y organizaciones sociales ajenos a sus compañeros-rivales. Todas esas percepciones parecen correctas, en trazos gruesos, y también modificables. En los tres cuarteles se entusiasman, se mueven, compulsan encuestas y hacen profesión de fe informando que “resolverá Cristina”. Y que, una vez ungido al ganador, serán como mosqueteros, todos para uno, uno para todos.

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Para ser electo son imprescindibles la mitad más uno de los votos, una carrada difícil de obtener en primera vuelta. Macri quedó en la puerta en su arrasadora cosecha de hace cuatro años. Las profecías son insalubres pero da toda la impresión de que, con el escenario existente, la segunda vuelta es casi un dato. Así las cosas, un segundo puesto puede valer oro, máxime si se pondera que el PRO y el FpV concitan apoyos y rechazos enérgicos. Así las cosas, sorprende al cronista el relativo desapego del radicalismo respecto de un distrito que le ha sido propicio en años mejores. Sobre todo, cuando la UCR atraviesa, lejos, su mejor momento del siglo. No hay candidatos consensuados ni actuaciones visibles “hacia fuera”. La aparición del ex intendente Facundo Suárez Lastra anotándose en la carrera parece ser más un síntoma que una solución al intríngulis. Al cronista no le es sencillo explicar la demora de los correligionarios, quizás absortos en su interna nacional. Por decantación, se puede suponer que el diputado Ricardo Gil Lavedra es el candidato con mayor potencial, ante una elección en la que los radicales, si se movieran bien, no deberían ser excluidos del tablero de apuestas.

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Casi como digresión, vale apuntar que tampoco se presentarán los candidatos más taquilleros para la gobernación de Santa Fe. Hermes Binner, porque tiene vedada la reelección. Carlos Reutemann, vaya a saberse por qué. Esas ausencias también inducen a mayor paridad y hacen pulular candidaturas en el socialismo oficialista, en sus amigovios (¿o enemigovios?) radicales y en el peronismo opositor.

Las primarias provinciales obligatorias ordenarán el cuadro con más participación y menos digitación que en Capital. Este fin de semana se zanjará si el peronismo y el Frente para la Victoria, conducido por el diputado Agustín Rossi, van divididos. Los puentes parecen dinamitados pero los operadores de la Casa Rosada, con el inefable Juan Carlos “Chueco” Mazzón a la cabeza, no desesperan de conseguir un acuerdo in extremis. La condición sería que el Congreso, mayoritariamente reutemista, se pronunciara a favor de la reelección de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Huele a misión imposible pero, como ya se comentó meses atrás en esta columna, en la Casa Rosada se considera clave la unidad para poder recuperar la provincia.

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Macri sería favorito, sus reemplazantes (ni más ni menos) competidores viables. La Capital que se suponía amurallada por PRO, se encamina a un escenario con desarrollo y final abiertos. Motivo de excitación para dirigentes y equipos de campaña. Fuente de trabajo para asesores, consultores y encuestadores. La reactivación en esas actividades de servicios durará hasta octubre o unos meses antes según lo que decida (o le permitan hacer a) Macri.

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