EL PAíS › DOLAR: EL CASO BRASIL EN COMPARACION CON ARGENTINA

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Prácticas económicas y conductas sociales de décadas terminaron por configurar una pauta dolarizada que requiere de una labor paciente para modificarla, de incierto resultado. No se logra en forma inmediata. El principal problema del nuevo régimen cambiario es el mercado inmobiliario, puesto que es una de las mayores expresiones de la dolarización de la economía. En un reportaje en Página/12 Héctor Valle afirmó: “Argentina es el único país del mundo donde el cemento se vende en pesos, los ladrillos se venden en pesos, la mano de obra se paga en pesos y los departamentos cotizan en dólares”.

Brasil es el ejemplo más cercano de un mercado inmobiliario local que puede concretar operaciones en moneda nacional. El dólar no es tomado como referencia para la cotización de las viviendas. Aquí es donde se expresa con nitidez que la dolarización en Argentina no es sólo un tema económico.

En no pocas oportunidades se ha explicado que la obsesión por el dólar en Argentina tiene su origen en las sucesivas crisis económicas, devaluaciones, años de alta inflación hasta hiperinflación y repudio de contratos económicos, como el default de la deuda.

En ese inventario de descalabros, sin embargo, el caso brasileño no es diferente al argentino.

Argentina no se encuentra al tope de los países defolteadores. Desde su independencia en 1816, declaró la cesación de pagos de la deuda en siete oportunidades, siendo la última de gran magnitud en 2001. Brasil defolteó la deuda nueve veces desde su independencia en 1822, siendo el último en 1983, según la investigación de Kenneth Rogoff y Carmen Reinhart, Ocho siglos de crisis financieras. Historia mundial de los defaults.

Brasil incumplió con el pago de la deuda más veces que Argentina.

El recorrido inflacionario tiene también muchos parecidos.

Brasil registró tasas de inflación altas, por encima del 30 por ciento a partir de 1974. La variación anual de los índice de precios al consumidor, promedio anual, desde 1982 a 1994 se ubicó siempre arriba del 100 por ciento por año, con picos de 235 por ciento en 1985. Tuvo hiperinflación de 1988 a 1994, con un piso de 1000 por ciento anual y un máximo de 2946,7 por ciento en 1990. Un año antes, Argentina había tenido un aumento del índice de precios al consumidor de 3079,5 por ciento.

Brasil tuvo inflación alta e hiperinflación durante muchos años como la Argentina.

Brasil reúne entonces las mismas condiciones de experiencias económicas traumáticas de Argentina, utilizadas como factores explicativos del atesoramiento de dólares o la referencia del dólar para los valores de los inmuebles. Pero en Brasil no utilizan el dólar en sustitución a la moneda nacional. El ahorro y la compraventa de inmuebles no están dolarizados en el mercado brasileño.

Esto no implica que grandes capitales brasileños no fuguen dinero al exterior o desvíen fondos no declarados hacia paraísos fiscales o hacia la compra de inmuebles en Punta del Este y Miami. Es un comportamiento tradicional de las elites latinoamericanas. Pero el desarrollo de tran-sacciones domésticas relevantes tiene como unidad de cuenta la moneda nacional, el real.

¿Por qué segmentos influyentes de la economía argentina entonces están dolarizados?

La conducta rentista ha alterado históricamente el funcionamiento de la economía argentina, y el régimen financiero ultraliberal instalado por la dictadura de 1976 y la convertibilidad, en los ’90, definieron el carácter bimonetario de la economía. La ortodoxia y los sectores conservadores rifaron la soberanía monetaria.

La tarea de desarticular la dolarización no es sencilla ni inmediata. La dificultad de esa labor no significa resignarse y abandonarla, sino encontrar la estrategia adecuada para ir cambiando prácticas que se hicieron habituales.

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