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Julio Bocca (bailarín): “Considero que cada mujer debe tener la libertad y el derecho de elección sobre su embarazo, siempre y cuando se tomen los recaudos necesarios y en un tiempo prudencial. Y lo importante es que exista una ley que proteja dicha decisión y se den las condiciones necesarias dignas para ese tipo de prácticas. Muchos de los que critican y se oponen a este tipo de derechos son aquellos que no se responsabilizan por la vida de ese niño que nace”.

Adrián Paenza (matemático, profesor UBA, periodista): “Nuestro país sigue en deuda con sus habitantes porque tolera situaciones de miseria y porque no protege su salud. El derecho a la salud no se termina garantizando que todos tengamos el mismo acceso a ‘curarnos’. No. Hace falta que la sociedad le reconozca a cada mujer el derecho a decidir sobre su vida, que incluye decidir si tiene voluntad de ‘generar nuevas vidas o no’. En ese marco de respeto es que adhiero firmemente al proyecto de legalización del aborto. Me parece vital que sea el propio Estado el que garantice que las condiciones en las que se lleve a cabo sean las óptimas para todas las mujeres y que sea gratuito”.

Martín Caparrós (escritor y periodista): “Yo respeto mucho a quienes trabajan por el derecho al aborto: si ya es duro sostener los derechos autoevidentes, como la educación, la vivienda o la salud, tanto más difícil es defender el acceso a un recurso que, en última instancia, trae dolor y tristeza. Pero cuya legalización es necesaria para garantizar el derecho de millones de mujeres a decidir sobre su propio cuerpo y su propia vida, y a no morir por eso”.

José Guillermo Mariani (sacerdote): “Estoy en contra del aborto pero soy consciente de que ningún adoctrinamiento y ningún método –y mucho menos el represivo– han sido eficaces para hacer decrecer el número de estas intervenciones. Creo que hay que recurrir a la despenalización para hacer posible la información suficiente, evitar las secuelas agravantes, brindar comprensión y ayuda a quienes lo proyectan o lo han realizado, exigir a los responsables de la sociedad los recursos necesarios para remediar las deficiencias en la atención de los nacidos, facilitar el acceso a los métodos anticonceptivos, y exigir la educación sexual en todos los niveles”.

Angélica Gorodischer (escritora): “La penalización del aborto no es más que otra expresión de la hipocresía reinante en ciertos círculos. Los defensores del embrión no se ocupan de los niños no deseados ya nacidos, cuyo destino es el abandono, la calle, la violación, la mendicidad, el pegamento y la delincuencia. No se ocupan tampoco de las mujeres que se encuentran ante un embarazo no deseado y en muchos casos rechazado con desesperación. Total, no son más que mujeres. Total, además son pobres. Lo que se busca con la penalización es el control de los cuerpos. Si se controla el cuerpo de la mujer, se controla a la familia, y por ese lado a la sociedad”.

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