ESPECTáCULOS › “LA BANDA DEL MUSIQUERO LOCO” EDITO SU SEGUNDO DISCO

Rock para niños con ganas de soñar

Mariela Chintalo y Diego Dubarry, ex integrantes de la banda de Charly García, llevan adelante este proyecto musical cuyo objetivo es, según ellos, “activar la imaginación de los chicos, porque es el primer paso para llegar a la inteligencia”. En ese sentido, señalan al libro “No Logo”, de Naomi Klein, como principal disparador de algunos conceptos que flotan en el disco.

 Por Cristian Vitale

No Logo, el libro de la escritora canadiense Naomi Klein, sirvió como disparador para que Mariela Chintalo y Diego Dubarry –ex músicos de la banda de Charly García– conciban una obra de música infantil –o de rock para chicos– destinada a estimular la imaginación por sobre cualquier estímulo propio de ésta. “La televisión no estimula la inteligencia porque está todo dado. El proceso de la inteligencia, en cambio, es imaginar cosas a través de estímulos como leer, hablar o escuchar música. A eso apuntamos con nuestro trabajo”, introduce Mariela para describir el espíritu de Comecocos, segundo disco de La Banda del Musiquero Loco. La canción que abre el disco, “Las Zapatillas del Musiquero Loco”, remite de alguna manera al espíritu del libro de Klein, obra capital del movimiento globalifóbico. “Las zapatillas del musiquero loco/ no tienen precio, no se pueden comprar/ Las inventás, las dibujás en tu cabeza/ y el motor se enciende/ con el corazón”, dice. “Las zapatillas no son las de marca, son las que te inventás en tu cabeza. Por lo tanto, comenzás activando la imaginación, que es el primer paso de la inteligencia. Estamos en una época en la que los adolescentes llegan a matar por un par de zapatillas de marca... Por eso nos interesa remarcar este aspecto”, prosigue Chintalo.
Mariela y Diego se llevan un mes de vida exacto. Ambos nacieron en el otoño de 1971 y se conocieron en 1992, cuando Mariela se integró a “Murray y las siete llaves”, la banda de rock under que Diego tenía por entonces. Después se pusieron de novios, compartieron una obra de títeres bautizada Las enseñanzas de Juan Verde y en 1997 vivieron su momento cumbre: mientras editaban el primer disco de La Banda... Entre Bichos, Charly García los llamó para integrar su banda. Con él grabaron El Aguante, Demasiado Ego, Charly y Charly en Olivos y Sinfonía para adolescentes –el disco del regreso de Sui Generis–. “Fue una experiencia enriquecedora y todo terreno. Tocábamos en cualquier condición, con cualquier instrumento, formación y equipos. Con o sin ensayos, con o sin lista de temas. Fue como tocar en el medio de una guerra. Se supone que cuando un músico sube a escena ya está todo probado, todo tranquilo; pero nunca fue nuestro caso”, sostiene Dubarry.
–¿Estaban entre la espontaneidad y el caos?
D. D.: –Algo así. Teníamos un estilo dentro del desorden, pese a que parte de la crítica musical siempre nos tiró abajo.
No podría aplicarse el mismo criterio a la banda que grabó Comecocos. En realidad, se trata de un disco bienintencionado desde el abordaje temático de sus letras hasta el cosmos sonoro que lo reviste. El dúo se luce con un repertorio ecléctico y polirrítmico: hay temas “gancheros” como “La Hormiga Carolina” (“los pibes de un año no paran de llorar hasta que le ponés esta canción”, se enorgullece Mariela); una especie de baguala electrónica llamada “Corre la perdiz” –en la que participa el guitarrista Fernando Kabusacki–, “El Vals Embalsamado”, con la voz de Pipo Cipolatti, el burlón “Sapito Rockerito”, “Kilomberoso” –un tema ¡punk!– y “Una Bronca en el Gallinero”, en donde participa María Gabriela Epumer. “Además de las canciones, hay un juego en la parte interior de la lámina. Es como un ludo. A medida que avanzás en los casilleros te encontrás con prendas que están directamente relacionadas con las canciones del disco”, informa Chintalo.
–¿Cuál es la diferencia entre hacer música para grandes y para chicos?
M. CH.: –Cuando tocás para una audiencia adulta les tenés que patear la cabeza para que reaccionen. En cambio los chicos son mucho más receptivos.
–¿Es rock para chicos o música infantil?
D. D.: –Nosotros venimos de tocar rock y, por lo tanto, digo que Comecocos es un disco rockero del principio al fin. Lo es, sobre todo, por intención underground y aunque prescinda de guitarras eléctricas.
M. CH.: –Hay matices de jazz, pero tiene el volumen de una banda de rock. También puede definirse como rock por el desarrollo del show, dado por el canto y el baile. Además, el disco tiene punk, blues y vals. “Mis Zapatillas”, en cambio, es bastante inclasificable. María Gabriela (Epumer) afirma que suena a las Viudas...
–¿Por qué creen que los músicos de rock no se dedican a grabar música para chicos?
M. CH.: –Porque la música infantil está considerada un género menor. Es muy complicado que el músico de rock se atreva a esta veta, porque está inmerso en otro mundo por estilo y por temática.
–¿Qué opina Charly acerca de “La Banda del Musiquero Loco”?
D. D.: –Cuando le mostramos el disco le dio un poco de envidia... Nos criticó cosas que no nos criticaba nadie.
M. CH.: –Sobre “El vals de los embalsamados” nos dijo que estaba mal el nombre porque las momias no están embalsamadas, están momificadas. Nunca salió de su postura. Igual grabó tres temas para el disco que de todas formas no pudimos editar, porque él tenía un contrato firmado con EMI y, para poder incluirlo, teníamos que pedir una autorización ¡Cuántos discos más íbamos a vender si lo incluíamos!
–¿Cuál consideran el mejor disco de los cinco que grabaron con él?
D. D.: –Demasiado Ego, porque refleja lo que fue la banda y porque está grabado en vivo. Es cierto que tiene muchas cosas grabadas arriba, pero la base del disco es el show que dimos gratis en Puerto Madero. También me gusta El Aguante.
–¿Es complicado trabajar con Charly García?
M. CH.: –Es difícil porque es muy extremo. La depresión y la euforia se dan de manera extrema en él. La relación con sus músicos es como un noviazgo: al principio está todo rebien, pero después empieza a mostrar la hilacha.

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Chintalo y Dubarry comenzaron con La Banda... en 1997.
 
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