LA VENTANA › MEDIOS Y COMUNICACIóN

La ley en su territorio

Juan Pablo Berch hace un repaso de los cambios que produjo en el territorio, sus actores y protagonistas, la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, y advierte sobre las dificultades que se enfrentan con su abolición

 Por Juan Pablo Berch *

Para terminar con la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (LSCA), la “ceocracia” operó primero ninguneándola, minimizándola a una pelea entre un gobierno y un diario. Después la violentaron, intervinieron sus autoridades de aplicación (Afsca y Aftic), dieron de baja los artículos que no permitían la concentración y dejaron la puerta abierta para que empresarios extranjeros se hicieran de medios nacionales; crearon una oficina (el Enacom) vacía de contenido, despidieron trabajadores y trabajadoras y a los medios comunitarios cuando reclaman el pago de los Fomeca que deben desde hace seis meses les dicen que están en auditoría, que es un desastre lo que dejaron y el versito que suena “loopeado” en cada conferencia de prensa. Ni hablar de la mesa chica que hará una nueva ley conformada por un filósofo mediático, una demócrata de la república sin pueblo y un técnico (que es el que trae la ley cocinada en las oficinas de los multimedios). Si algo se nota es que la “ceocracia” no conoce el territorio que gobierna desde hace meses.

Hace poco volvimos de un viaje por nuestro país. El motivo fue conocer la comunicación popular en nuestro país. Un año nos llevó ir de Buenos Aires a La Quiaca, de La Quiaca a Río Gallegos, de Río Gallegos a Buenos Aires. Estuvimos en 100 radios (70 comunitarias y el resto escolares, universitarias, nacionales) ¿Y saben qué encontramos? Jóvenes, muchas y muchos jóvenes desbordando las radios, fundando donde adolecía, renovando donde envejecía, con sus cumbias, sus cuartetos y rancheras, con sus tonadas y coplas, con su death metal y sus dance remixados. Opinando desde su verdor, rascando donde pica, errando y aprendiendo, militando para defender a sus medios comunitarios. Pibes y pibas de pueblos muy pequeños que estaban más cerca del suicidio o el traguito hasta volverse viejos, que ahora te dicen soy conductor, operadora, productor, escribí un radioteatro, estoy haciendo un taller de locución.

Así pudimos ver en Pagancillo, La Rioja, a FM Kalpa Malta una radio creada por jóvenes del pueblo que no encontraban lugar para expresarse. O en Tamberías, San Juan, como en Abriendo Espacios, cada miércoles pibes y pibas de entre 15 y 25 deciden en asamblea cómo sigue la cosa. En Conexión Bariloche otro grupo que se preguntó “¿por qué no podemos tener una radio nosotros?” para contar lo que no se cuenta de las y los jóvenes de los barrios del alto. O Matías, de Radio Sin Dueño en Tupungato, Mendoza, que decía: “Nosotros también éramos unos manyines que estábamos en cualquiera y acá empezamos a rescatarnos. Nos enseñaron a creer en muchas cosas que antes no creíamos”. Y así cientos de ejemplos de radios o programas que fuimos viviendo en un recorrido de 27 mil kilómetros.

A esos pibes y pibas la “ceocracia” tendrá que decirles que ahora los va a amparar la ley de mercado. A ellos y a ellas que vivieron al margen hasta que un medio comunitario les permitió alzar su voz y tener voto. Tendrá que decirles que los Fomeca que ayudaron a levantar técnicamente a su radio o a pagarles un sueldo (el primero y el único) fueron una truchada. Que los talleres a los que concurrieron, dictados por la Defensoría del Público o la Afsca (ambas creaciones de la ley), y que los ayudaron a formar un oficio, no sirven. Que ahora van a armar una ley para que defienda a esos medios que los estigmatizan, los acusan de provocadoras, chorritos, vagas, drogones, embarazadas por un plan y que nunca les dan los micrófonos (salvo cuando suben al patrullero). Que la licencia que le dieron a su radio y que te muestran con orgullo es parte de una política equivocada.

Las y los que venimos de otros tiempos, de esos inicios de radios escondidas por el temor de ser descubiertas y cerradas por el Comfer (Comité Federal de Radiodifusión, órgano de aplicación del decreto ley de la dictadura), de la resistencia al aire y en las calles de los 90, de las radios enchidas de vecinos y vecinas que editorializaban cómo sacar adelante al barrio o al pueblo o al país en el 2002. Nosotras, nosotros, tendremos el deber de transmitir errores y aciertos pero sin la melancolía de una etapa perdida. Porque como dijo la Pocha Ramos, poeta santiagueña que vivía rodeada de jóvenes “Es inútil llorar. No se enciende una antorcha con sal en las pupilas”.

* Productor de www.radioxradio.org y docente (UBA - ETER).

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