SOCIEDAD

Sentencia firme para el caso María Soledad 12 años después del crimen

La Corte Suprema de Justicia confirmó las condenas a Guillermo Luque y Luis Tula a 21 y 9 años de prisión, respectivamente.

Doce años demoró la Justicia en ponerle punto final al caso María Soledad. Ayer, la Corte Suprema de la Nación confirmó las sentencias contra Guillermo Luque y Luis Tula por su responsabilidad en el crimen de María Soledad Morales, la estudiante catamarqueña asesinada en septiembre de 1990. Luque cumple una condena a 21 años de prisión, impuesta en febrero de 1998 por un tribunal oral de Catamarca, que lo consideró coautor del delito de violación seguida de muerte, agravada por el uso de estupefacientes. Tula, considerado partícipe secundario del hecho, mereció una pena de nueve años de prisión.
La decisión vinculada con la condena a Luque fue adoptada por los jueces Eduardo Moliné O’Connor, Carlos Fayt, Guillermo López, Antonio Boggiano, Enrique Petracchi y Augusto Belluscio, con una disidencia parcial de Adolfo Vázquez. En cuanto a la situación de Tula, la resolución fue votada por unanimidad por los ocho magistrados. El noveno, Julio Nazareno, no votó pues está fuera del país.
Tula goza de salidas laborales y estudia Derecho, pero Luque permanece en prisión sin permisos especiales. Las condenas de ambos fueron posibles después de un largo proceso, que incluyó la masiva movilización social que terminó con el gobierno de Ramón Saadi, último bastión de la dinastía que dominó la provincia desde 1983. De no haber ocurrido ese movimiento, el caso nunca se hubiera esclarecido o, peor aún, se hubiera condenado a inocentes, dado que la policía y la Justicia local, controladas por Saadi, intentaron encubrir al principal acusado, el hijo del entonces diputado nacional Angel Luque.
Por la causa pasaron cuatro jueces de instrucción antes de llegar al juicio oral, cuya primera versión ser realizó en 1996 y fue anulado porque los miembros del tribunal estaban sospechados de parcialidad. Ni siquiera la intervención federal a la provincia logró desarticular la maquinaria judicial del saadismo: hubo que llamar a un concurso para conformar un nuevo tribunal porque casi ninguno de los magistrados de Catamarca estaba habilitado para intervenir en el nuevo juicio.
María Soledad Morales, de 17 años, desapareció el 8 de septiembre de 1990, después de concurrir a un baile con sus compañeras de escuela. Según consideró la Justicia, su muerte se produjo entre las 11 y las 24 de ese día por una asfixia provocada por una intoxicación severa con cocaína, que no sólo fue inhalada sino introducida por vía endovenosa o vaginal. La joven fue violada, sometida a un proceso de reanimación antes de su muerte, y finalmente su cadáver fue mutilado con el objetivo de borrar signos comprometedores. Luque no actuó solo, pero sus cómplices nunca fueron identificados.
Tula, por entonces novio de la joven, fue el primer detenido en la causa. Pero la sospecha de que en el hecho habían actuado “hijos de familias poderosas” dieron origen a las marchas del silencio, impulsadas por la hermana Martha Pelloni. En esa historia, el último capítulo terminó de escribirse ayer.

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