SOCIEDAD › ATACARON LA COMISARIA DE SALLIQUELO POR LA MUERTE DE UN JOVEN

Brasas en la capital del novillo

Un joven, detenido por disturbios, apareció ahorcado en una celda. Unas 200 personas enfurecidas atacaron la comisaría y quemaron un auto. Reprimieron con gases y balas de goma. La policía dice que se suicidó. Los padres aseguran que lo asesinaron.

 Por Horacio Cecchi

Alrededor de 200 personas de barrios humildes protestaron enfurecidas el martes a la medianoche por la muerte de un joven en la comisaría de Salliqueló, ocurrida el domingo por la mañana luego de ser detenido supuestamente por disturbios a la salida de un boliche. La protesta se inició con oraciones y terminó con una pedrea contra la comisaría, un auto incendiado, represión con gases y balas de goma y dos adolescentes heridos. Después el fiscal Fabio Arcomano, de Trenque Lauquen, tal vez con la arriesgada idea de calmar los ánimos, dijo que la autopsia confirmó el suicidio por ahorcamiento. Ya sea que haya sido por manos propias o ayudado por ajenas, la responsabilidad de custodia policial no parece diluirse. La versión de uniforme dice que se había colgado utilizando su pantalón jean. Los padres, en cambio, denunciaron que tenía un tajo en el cuello y golpes en el cuerpo. Cierto o producto de la impresión del momento, la denuncia de los padres habla de la nula confianza social que se tiene al uniforme policial. Como ya ocurrió hace dos semanas en Bariloche, con el caso de la cartuchera fácil, el relato policial está en crisis de credibilidad.

Salliqueló está ubicada en territorio bonaerense, a 550 kilómetros al suroeste de Buenos Aires, sobre la ruta provincial 85, a 40 kilómetros de la frontera con La Pampa. Se la conoce como la capital del novillo. Por eso, la última movilización de importancia que vivió la ciudad tuvo lugar a fines de marzo de 2006, cuando decenas de productores circularon por sus calles convocados por la Sociedad Rural local en contra del gobierno de Néstor Kirchner. Pero la del martes a la medianoche conmovió a la capital del novillo, especialmente porque eran vecinos de los barrios humildes, presumiblemente más cerca de los peones rurales en negro que del lado de los dueños de los tractores.

El sábado por la noche fue detenido un joven a la salida de la disco Taos. Según la versión policial, que es la única que trascendió de aquel momento, fue detenido por disturbios y ebriedad, y porque cuando los policías se le acercaron intentó autoinfligirse lesiones (habrá que tener en cuenta que esa parte del relato policial se conoce después de la muerte y, por lo tanto, tiene tantas posibilidades de ser real y anticipatoria, como la de no serlo y funcionar como soporte justificador). El jefe de la comisaría, Diego Juárez, informó que el joven detenido “dijo llamarse Gilberto Fernández y mostró una partida de nacimiento”. Pero según el mismo Juárez, después llegaron a la conclusión de que era la identidad del hermano y que el detenido había estado preso por robo agravado y fugado de la peor de las cárceles, la de Mendoza, que colocó al Estado argentino frente a la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Desde esa perspectiva, más que fuga debería considerarse intento de supervivencia. Recaló con su esposa y su hijo en Salliqueló. Quizás no pudo con su genio o quizás lo seguían y motivaron su genio, que es diferente, pero generó disturbios. Juárez dijo que fue detenido alrededor de las 6 de la mañana y que “gritó, hizo escándalo en la celda hasta las 7 y media. Después se calmó –aclaró con una ingenuidad siniestra sin explicar por qué no llamó la atención tanto silencio ni dónde quedó la idea de custodiarlo de su antecedente autolesivo–. A las 8.15, con el cambio de guardia el personal entra al calabozo y constata que este joven se había ahorcado con un pantalón que había preparado, de la ventanita de la celda”.

Después de la pedrea, la quema de un auto que estaba estacionado enfrente de la comisaría, de la represión con gases y balas de goma, y dos adolescentes heridos, el padre del joven muerto, Carlos Fernández, diría que “tenía un tajo en el cuello y golpes por todo el cuerpo”. El fiscal dio el resultado de la autopsia como suficiente prueba.

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Un Ford K, que había sido secuestrado por una infracción, fue incendiado por los manifestantes.
 
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