SOCIEDAD › UNA ESPECIALISTA EN EDUCACION ANALIZA COMO CONSTRUYEN LOS JOVENES LA IDENTIDAD EN LA WEB Y LAS REDES SOCIALES

“Ser popular en Internet es un valor muy importante”

Roxana Morduchowicz acaba de publicar Los adolescentes y las redes sociales, un libro donde desmenuza la relación de chicos y jóvenes con las llamadas “nuevas” tecnologías. Y advierte sobre los mitos y falsas creencias de los adultos.

No existe un mundo virtual y otro real. La idea de que una computadora aisla habla más de los adultos poco familiarizados con Internet que de lo que efectivamente sucede cuando un adolescente se conecta a la red. Eso dice en Los adolescentes y las redes sociales. La construcción de la identidad juvenil en Internet (Ed. FCE) la especialista en educación Roxana Morduchowicz. Muy lejos de cualquier imagen de chicas y chicos que consumen de manera pasiva contenidos de distintos sitios, Morduchowicz plantea que el ingreso a Internet, que no es nuevo ni ajeno sino perfectamente natural porque para las nuevas generaciones siempre estuvo ahí, convierte a chicas y chicos en productores activos: leen contenidos, sí, pero también producen los propios, interactúan con sus pares en situaciones de comunicación horizontales y ensayan, en sus intervenciones, nuevos modos de algo tan tradicional como distintas formas de desarrollar y presentar sus propias identidades.

Quienes hoy son chicos y adolescentes nacieron en una escena tecnológica en pleno desarrollo, pero a la vez dotada de cierta estabilidad. Control remoto, celular, Internet, TV por cable y de accesibilidad casi permanente, son cosas que siempre existieron en su mundo, o que al menos llegaron tan tempranamente en sus vidas que su aparición no implicó irrupción alguna. Por eso, dice Morduchowicz, los adultos no sólo deberían “conocer los consumos culturales de los chicos, de qué manera usan la tecnología y para qué”, sino también comprender que las tecnologías ya no son nuevas. “Usar esa palabra, decir ‘nuevas tecnologías’ lo único que hace es revelar la edad de los adultos. Ya no hay medios tradicionales y nuevos. Todos coexisten.”

–¿Por qué pensar la relación entre adolescentes y redes sociales?

–Es inevitable, porque hoy la generación que tiene menos de 18 años es una que vive entre pantallas. Las tres más importantes en la vida de los adolescentes son la televisión, el celular y la computadora. Hoy la identidad juvenil no se puede entender si no se entiende la relación que tienen los chicos con las pantallas, y de ellas la que más está creciendo en los últimos años es la computadora. Y a eso hay que sumarle que el acceso a Internet se hace cada vez más accesible, ya sea a través de netbooks o celulares, con lo que los chicos están cada vez más conectados. Mi interés es entender la identidad de los adolescentes. Y hoy, si no se analiza qué vínculo tienen ellos con Internet, se pierde una parte fundamental de su identidad.

–En el libro sostiene que, en lugar de aislarse, la computadora se vuelve fundamental para la comunicación de chicos y adolescentes con sus pares.

–Claro, es que el principal uso es comunicativo. En general, cuando los padres compran una computadora o la conectan a Internet, sus expectativas son educativas.

–¿En un sentido tradicional?

–Sí, como algo del estilo “quiero que lo ayude con la escuela”, como una herramienta.

–¿Más bien unidireccional?

–Claro. Pero todas las encuestas y los estudios muestran que el principal uso que hacen los chicos es comunicativo. Básicamente, se dedican a chatear, con programas de mensajería instantáneo o a través de alguna red social. Una de las que más está creciendo, una de las más populares, es Facebook. Debería ser solamente para chicos de 14 años para arriba, porque es lo que el sitio permite legalmente, pero también la usan muchos preadolescentes, porque falsean la edad y acceden a armar su perfil. En todo caso, entre los adolescentes la presencia en redes sociales es alta: el 80 por ciento está en una.

–¿Esa cifra se modifica según las clases socio-económicas?

–No reconoce fronteras sociales. La presencia ya atraviesa todas las clases. Hoy, para un chico, no estar en Facebook, como dicen ellos, es no existir. Directamente. Pero eso tiene que ver con la construcción de la identidad.

–¿Es un espacio de socialización, como en otra época fue un bar?

–Claro, lo que para los adultos actuales era verse en un café, ahora es cruzarse en Facebook. Antes, la visibilidad pasaba por el mundo, digamos, real: un café, una esquina. Ahora, para los chicos eso pasa en un mundo virtual. Pero atención, porque para los chicos el mundo online y el offline no son antagónicos: hay continuidad. Pueden estar en su casa, hablando con la mamá y a la vez chateando en una ventana con sus amigos, navegando para buscar información o escuchando a su banda favorita. Los chicos abren y cierran ventanas virtuales como los adultos abrimos y cerramos ventanas reales.

–Coexisten los universos de lo online y lo offline, se superponen.

–Es una generación que en todo el mundo se llama multimedia, pero no solamente por la oferta diversificada de medios y tecnología, sino fundamentalmente por sus usos en simultáneo. Mientras ven televisión, escuchan música y también hablan por celular, o hacen la tarea. No son actividades excluyentes. También se superponen.

–¿La actitud y los usos son los mismos para chicas que para chicos?

–Podríamos decir que las chicas se comunican más, pero las diferencias entre chicas y chicos son mínimas. Estar en Facebook no sólo no reconoce diferencias sociales sino tampoco de género. Eso demuestra también que la presencia de las pantallas en la vida de los chicos no implica un aislamiento o anular su vida social. Por el contrario, las pantallas y la tecnología generaron una nueva forma de sociabilidad juvenil. Antes, como decía, en el café; ahora, aquí. Que el principal uso sea el comunicativo barre con los prejuicios de los adultos, que creemos que por la irrupción de las pantallas los chicos están más aislados y menos conectados con su entorno. Son nuevos soportes para lo social. Esta es la primera generación que dispone de variedad de soportes. Cuando yo era chica, sólo tenía el teléfono de línea. Y medido, porque era caro. Ahora, los chicos tienen teléfono de línea, teléfono celular para hablar o para mandar mensajes, el blog, el chat, las redes sociales. En total, tienen cinco o seis soportes, modos de comunicarse. Eso demuestra que están muy lejos de ser una generación aislada. Al contrario.

–Son los adultos quienes creen eso pero por su propia distancia, voluntaria, con la tecnología. En cambio, los chicos tienen familiaridad con los dispositivos, no temen usarlos.

–Como en casa, los chicos, sean adolescentes o más chicos, suelen ser quienes más manejo instrumental tienen de la computadora, hay ciertos miedos en los adultos, sean madres, padres o docentes. El chico tiene manejo instrumental. Solamente. En cambio, el criterio, el sentido de la experiencia, sigue siendo algo que tiene un adulto, y que por eso debe guiar el uso, el manejo instrumental, de esa computadora. Los adultos deben conocer los consumos culturales de los chicos, de qué manera usan la computadora, para qué. Por más que tengamos filtros en la computadora, nada reemplaza un buen diálogo. Pero claro: saber sus consumos, para qué los usan, no qué dice en el chat.

–Serían como los cuidados clásicos de “no hablar con extraños”.

–Los mismos recaudos de la vida real en la vida virtual. Algunos recaudos tienen que ver con el uso de la tecnología. Así como los chicos no salen solos a las dos de la mañana por una calle oscura, también es preciso saber que Internet es un espacio público, y que cuando los chicos trasladan allí detalles de su intimidad, los puede ver cualquiera. Es como hablar a los gritos en una plaza: los oyen.

–En el libro, relaciona esa falta de comprensión de los límites de la intimidad con la construcción de la identidad, con algo que tienen que adquirir.

–Sobre todo los adolescentes. Para ellos, ser popular es un valor muy importante, tener muchos amigos en el sentido de las redes sociales. Entonces, el concepto de vida privada cede ante el deseo de ser popular. Si para ser popular tienen que contar a qué escuela van o dar su nombre real, lo hacen. La prioridad es tener amigos. Y los chicos no miden el alcance de Internet.

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Imagen: Luciana Granovsky
 
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