SOCIEDAD › EL EXODO NO PARA: 2002 FUE RECORD DE EMIGRACION

El año que vivimos en fuga

El éxodo siguió creciendo: en 2002 se fueron más argentinos que nunca, casi 90 mil personas. Y en los primeros tres meses de este año partieron otros 20 mil. Los destinos preferidos siguen siendo España e Italia. Estados Unidos, en cambio, ya no recibe sino que expulsa: de allí volvieron más de 30 mil. En total, desde que empezó el éxodo en 2000,
ya emigró una cifra impactante: 260.000 argentinos.

 Por Andrea Ferrari

El año 2002 quedará en la historia como aquel en que emigraron más argentinos. Pese a la relativa estabilidad que fue alcanzando el país a lo largo del año, el éxodo siguió creciendo: hubo 89.680 personas que salieron de Ezeiza y no volvieron, una cifra superior a la de los años 2000 y 2001, que ya habían sido un récord. Los números de la Dirección de Migraciones a los que accedió Página/12 muestran también que en los primeros tres meses de este año otras 20.000 personas siguieron el mismo camino. Si se considera el ciclo completo del éxodo a partir de 2000, es apabullante la cifra de argentinos expulsados por la crisis: 260.000 personas. Lelio Mármora, investigador de los procesos migratorios, sostiene que esta emigración se convirtió en un fenómeno cultural en el que no sólo pesa la situación económica sino también la frustración de expectativas de un sector de la población que creció y se formó en los noventa. ¿Habrá un freno este año? Para los expertos, eso dependerá de que el período que ahora se abre dé signos consistentes de recuperación económica y estabilidad política.
Para tener idea de la magnitud del fenómeno hay que considerar que hasta que empezó esta ola migratoria vivían fuera del país entre 500.000 y 600.000 argentinos, una cifra alcanzada a lo largo de varias décadas. El gran salto comenzó en el 2000: ese año salieron por Ezeiza y no volvieron 87.068 personas. Este es el indicador que se utiliza normalmente para medir los movimientos migratorios: el “saldo” entre ingresos y egresos. En 2001 esa cifra bajó un poco, como consecuencia de los atentados a las Torres Gemelas, que frenaron el movimiento aéreo en todo el mundo: ese año fueron 62.850 los argentinos que hicieron las valijas para probar suerte afuera. En 2002 la ola creció más, hasta un nivel nunca visto: los que emigraron llegaron a 89.680.
El análisis de las cifras muestra un costado llamativo: Estados Unidos definitivamente dejó de ser un objetivo para los argentinos y buena parte de los que se habían instalado allí en los años previos se volvieron. En 2002, el “saldo” entre egresos e ingresos de ese país es negativo: 29.224 argentinos regresaron ese año. En los primeros tres meses de 2003, los retornos sumaron 3305 personas más. Los motivos son evidentes: tras los atentados de 2001, el gobierno norteamericano endureció fuertemente su política inmigratoria, reimplantó la visa para los argentinos y persiguió a los ilegales. Las noticias de argentinos expulsados o, peor aún, encarcelados por llevar permisos de residencia falsificados, se difundieron a toda velocidad y asustaron a muchos.
España e Italia, en cambio, se mantuvieron como los destinos preferidos para probar suerte. En 2002 fueron 46.073 los argentinos que salieron rumbo a España y no volvieron; entre enero y marzo de 2003 hubo 4754 más. En el caso de Italia las cifras son aún más altas: 56.601 para 2002 y 5952 para los tres primeros meses de este año.
Esto no era el primer mundo
¿Por qué el mejoramiento del clima político y económico que empezó a experimentarse a mediados del 2002 no produjo un freno a la corriente migratoria?
“Creo que las respuestas en estos casos son más lentas que los procesos que se dan –sostiene Lelio Mármora, director de la Maestría en Políticas de Migraciones Internacionales de la UBA–. Si bien en el país hay un poco más de optimismo desde lo económico y lo político, eso no se traduce en estos fenómenos migratorios en forma inmediata. Pienso que a mediano plazo si el país recobra cierta seguridad institucional y puede haber alguna esperanza en términos económicos, esta corriente podría cambiar.”
Pero para el investigador no es sólo la situación económica de los que emigran la que explica el fenómeno. “Que se vayan 260 mil personas en tres años es una barbaridad, algo que nunca podríamos haber esperado. Pero es interesante tener en cuenta cuál es el sector que se va: clase media, de cierta franja etárea, casualmente la que se fue educando y desarrollando en la Argentina de los ‘90, donde nos habían convencido de que estábamos en el Primer Mundo. Hay, entonces, una búsqueda de ese Primer Mundo, hay una frustración de las expectativas: pensaban que vivían en un país que no era real. Por supuesto, todo eso está abonado por la crisis económica y el alto nivel de desempleo.”
Ese imaginario no cambia automáticamente. “Este sector va a tener que recuperar la confianza en el país, pero también modificar sus expectativas –dice Mármora–. Muchos van a encontrar que lo que creían que sería el paraíso americano o europeo, no son tales. Van a descubrir que no es fácil conseguir trabajo en esos lugares y cuando lo consiguen muchas veces no corresponde a su perfil, son de menor calificación. Todo esto va a tener que ser elaborado.”
La pérdida
Que 260 mil personas emigren en sólo tres años no sólo es un proceso sin antecedentes en la historia del país, sino también una pérdida importante y totalmente imprevista. El punto de comparación más cercano es la última dictadura militar, y entonces se fueron entre 30 y 40 mil personas. El otro pico fue durante la hiperinflación, pero las cifras fueron menores.
¿Cuál es el costo para el país de perder un número tan alto de ciudadanos, la mayoría de los cuales recibieron aquí educación secundaria y hasta universitaria?. “Es muy alto –sostiene Mármora–. El cálculo que se hace a nivel internacional es que aún manteniéndose el ritmo de remesas de dinero (que envían desde el exterior a sus familias) se necesitarán 30 años para cubrir los costos de reproducción de esos migrantes.”
Otra consecuencia de esta ola para la Argentina es un cambio en su situación en la región al pasar de un país receptor de inmigrantes a uno expulsor. Se detuvo la corriente desde Paraguay, Bolivia y Perú y hubo un movimiento de retorno de algunos de estos inmigrantes a sus países de origen. Al mismo tiempo, el país empezó a “exportar” ciudadanos hacia Chile, Brasil y México. “Esto explicaría por qué la posición de la Argentina fue variando en el Mercosur y se firmó en diciembre del año pasado el convenio de la libre residencia”, sostiene Mármora.
¿Se puede vislumbrar un freno al éxodo? Aunque aún es prematuro decirlo, las cifras de los primeros tres meses de 2003 podrían estar marcando una desaceleración de la tendencia. Si bien sólo en enero 28.955 personas salieron y no volvieron, los números de febrero y marzo son negativos (es decir, entraron más personas de las que salieron), por lo cual no puede descartarse un cambio en los próximos meses. O tal vez sea simplemente un compás de espera, hasta ver cómo sigue la historia.

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