SOCIEDAD › HENDREE JONES, DE LA UNIVERSIDAD JOHNS HOPKINS, EXPERTA EN ADICCIONES EN NIÑOS Y MUJERES

“El tratamiento debe ser atractivo”

Consultora de la ONU y la OMS, esta investigadora participó en proyectos en los más diversos países. Aquí relata sus experiencias: cómo lograron trabajar con chicos en las favelas de Brasil o de qué manera abordaron el problema de la violencia de género en Georgia.

 Por Pedro Lipcovich

Remedios para las adicciones en niños: contar con un profesor de graffiti, uno de acrobacia, uno de baile, un psicólogo especializado en abuso infantil, un ex adicto que refiera su experiencia. Remedios para adicciones en mujeres: ayudarlas a bajar el nivel de violencia, tanto el que padecen de los hombres como el que hacen padecer a sus hijos; ayudarlas a conseguir herramientas y mercado para su trabajo; ofrecerles vivienda digna. Estos son algunos de los recursos que utiliza Hendrée Jones, de trayectoria internacional en tratamientos para adicciones, especialmente en niños y en mujeres. También apela a brindar “minivacaciones de la droga”, en grupos donde se come rico y se hacen cosas divertidas. Claro que –advierte la investigadora– estas u otras herramientas sólo cobran sentido en el marco de un abordaje comunitario, donde las decisiones son tomadas por todos los sectores afectados. Jones, consultora de Naciones Unidas y de la OMS, participó en proyectos en Brasil, Afganistán, Georgia, Sudáfrica, Estados Unidos y otros países. Visitó la Argentina –donde se entrevistó con funcionarios de los poderes Ejecutivo y Legislativo– por invitación de la Embajada de Estados Unidos.

–Cada vez que viajo por el mundo encuentro puntos en común. Por ejemplo, países tan distintos como Georgia, Afganistán, Brasil y la Argentina tienen en común la necesidad de abordar la violencia interpersonal que enfrentan mujeres y niños –comentó Jones, que es profesora en la Universidad Johns Hopkins y titular del programa Horizontes de la Universidad de Carolina del Norte, en Estados Unidos–. Y todas las comunidades cuentan con herramientas para autosanarse.

–¿Por ejemplo?

–En Campinas, Brasil, al buscar respuestas para las adicciones en niños de las favelas, empezamos por hacer un mapa de todos los sectores relacionados con el tema y buscamos su opinión. Hicimos una reunión con el alcalde, unas veinte ONG, profesionales de la salud mental y directores de escuelas. Surgió que el mejor recurso iba a ser un móvil, una camioneta, desde la cual generar intervenciones para niños que consumían o estaban en riesgo. Pedimos ideas acerca de quiénes debían ir en esa camioneta: un educador, porque muchos chicos no van a la escuela; una enfermera o médico, porque no tienen acceso a servicios de salud; un psicólogo, en especial por los temas de abuso físico y sexual; y lo que llamamos un educador social, un adicto recuperado, que contribuya a ganar la confianza de los chicos.

–¿Cómo resultó?

–Primero había que decidir qué hacer desde esa camioneta: les preguntamos a los niños que ya estaban en tratamiento. Dijeron: “No confiamos en gente nueva que aparezca por el barrio”. ¿Cómo hacer para generar confianza? “Contraten gente del barrio. Ofrezcan comida, bebida, juegos, cosas divertidas, música.” Entonces, a bordo de la camioneta se incluyó un bailarín hip hop, un artista de graffiti, que les enseñaba a los chicos; un acróbata, con el que aprendían piruetas y malabares. Bien, ¿con qué barrio empezar? En la reunión con el alcalde y las ONG se habían priorizado tres barrios, y fuimos con la idea de generar prevención mediante actividades entretenidas: permitirle al niño tener una niñez.

–¿Cómo siguió?

–Después de que el equipo fue muchas semanas a la favela con su camioneta, los chicos empezaron a abrirse y contar lo que les pasaba. Entonces fuimos distinguiendo entre los que tenían problemas de salud mental, problemas físicos y problemas de consumo de drogas, evaluamos la severidad de la afección en cada caso y empezamos a tratarlos con enfermeras, médicos, psicólogos, a llevarlos al servicio o lugar de tratamiento que necesitaran.

–¿Este abordaje se plantea como alternativa a los que requieren internación?

–No necesariamente. Hay chicos que consumen todos los días varias veces y que no pueden parar, muchas veces la madre misma pide la internación. Siempre se trabaja con el chico para involucrarlo en el tratamiento. Y el tratamiento nunca puede ser sólo una cama para desintoxicar, sino que requiere intervenciones psicosociales para abordar las causas subyacentes que llevaron al abuso.

–En la República de Georgia, trabajaron específicamente con mujeres...

–En el caso de Georgia, encontramos una altísima tasa de violencia. Trabajamos con las mujeres para ayudarlas a entender cómo protegerse a sí mismas de la violencia y para mostrarles cómo el consumo de drogas las hace más vulnerables a la violencia. Siempre buscamos que el tratamiento se constituya como un lugar positivo. Ellas practican una artesanía local, tejen unos tapices muy bellos: las ayudamos a obtener herramientas para esa actividad, encontramos posibilidad de exportarlos. También conseguimos asociaciones con empresas para conseguirles empleos. Hay mujeres que quedan atrapadas en el abuso y el consumo porque no tienen lugar en lo económico o no tienen lugar físico donde vivir con sus hijos. Trabajamos también con ellas sobre sus capacidades para ser madres, les mostramos que la disciplina de los hijos no se obtiene a través de golpes. Y evaluamos los resultados de nuestro trabajo. En comparación con un grupo testigo donde se aplicaron tratamientos convencionales para la drogadicción, limitándose a evaluar a las mujeres y remitirlas a distintos servicios, nuestras intervenciones permitieron bajar drásticamente el consumo de drogas. Y el 40 por ciento de las mujeres obtuvo empleo y se hizo cargo de la crianza de sus hijos.

–¿La generalización de estas intervenciones no requiere un cambio social considerable?

–Cualquier cambio considerable empieza con muchos pequeños esfuerzos en distintos lugares. Se trata de proveer habilidades para vivir una vida completa. La vida del consumidor es gris, todo el día buscando, consumiendo y recuperándose de la droga.

–También trabajaron con mujeres embarazadas con adicción al crack...

–Esta experiencia fue en Estados Unidos, donde encontramos muchas mujeres adictas al crack durante el embarazo. Muchas veces nos llaman las mujeres mismas, porque hacer el tratamiento les da más chances de que el bebé pueda permanecer con ellas cuando nazca: en Estados Unidos los servicios de protección de bebés los testean por drogas luego del nacimiento; si da positivo, por consumo materno durante el embarazo, se lo retiran a la madre. Este riesgo da a las embarazadas una gran motivación para acercarse al tratamiento, pero no implica que permanezcan en él. Para las que dejan de ir, contamos con administradores de casos, que van a los domicilios y tratan de recuperarlas para el tratamiento. Tratamos de derribar barreras y excusas. Si dicen que no tienen quién cuide al bebé, bueno, en nuestro centro disponemos de lugares donde los nenes pueden estar mientras la madre hace su tratamiento. Si no tienen plata para viajar, mandamos una combi que las trae y las lleva.

–¿Qué recursos utilizan en estos tratamientos?

–Cuando se logra que la mujer vaya y permanezca, suele suceder que tenga miedo a abandonar la droga: al fin y al cabo es lo único en la vida que la hace sentir bien. Entonces, no le pedimos que deje pero proponemos unas minivacaciones de la droga: por un día. Que venga a nuestro grupo: la vamos a alimentar con algo rico, haremos cosas divertidas. Es muy importante que el tratamiento sea en sí mismo atractivo. Y utilizamos lo que llamamos “gestión de contingencia”: si se abstiene durante 24 horas, si el examen de orina muestra que no hubo uso de drogas, le damos algo que ella quiera, ropa o juguetes para los hijos, aprovechando las donaciones que recibimos de la comunidad.

–¿Cómo considera el enfoque de reducción de daños? (Por el cual, admitiendo que la persona no ha dejado el uso de la sustancia, se procura reducir sus riesgos, por ejemplo ofreciendo jeringas esterilizadas.)

–Hay ejemplos del uso de esta estrategia en Estados Unidos. Lo más importante es que la comunidad sea la que decide cuándo y qué enfoque funcionará mejor.

–¿Cómo ve la penalización del consumo de sustancias ilícitas?

–Mi punto de vista es que la adicción a la droga es una enfermedad y que es mejor atendida por un enfoque abarcativo, físico y psicológico. Hay datos que apoyan la intervención a través de juzgados que se encargan de casos de droga, donde los jueces les dicen a las personas que deben someterse a tratamiento; claro que esto funciona mejor cuando el tratamiento es de alta calidad.

–Pero en estos casos no hay una decisión tomada por la comunidad, a lo cual usted otorga mucha importancia, sino que decide un funcionario.

–Sí, el juez tiene la voz final –admitió Hendrée Jones.

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Hendrée Jones es titular del programa Horizontes de la Universidad de Carolina del Norte.
Imagen: Rafael Yohai
 
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