SOCIEDAD › UN TRIBUNAL DE MERCEDES CONDENO A CADENA PERPETUA A UN FEMICIDA

Justicia, cuatro años después

Sandra Villalba fue asesinada en 2011 por su marido, Vicente Gamella, quien intentó inculpar al hijo de ambos. Los testimonios demostraron que la mujer sufrió violencia durante años. El fallo fue por “homicidio agravado por el vínculo”.

“Yo no tenía fe pero se hizo justicia. Y ahora mi hija descansa en paz.” Omar Villalba transmitió así su conformidad con el fallo del Tribunal Criminal Nº 3 de Mercedes, que dictó cadena perpetua a Marcelo Vicente Gamella por haberlo encontrado culpable del femicidio de su esposa Sandra Villalba, ocurrido el 10 de diciembre de 2011 en la localidad bonaerense de 9 de Julio. Ayer a las 12.30, el tribunal, presidido por el Dr. Eduardo Daniel Costía, dio lectura a la sentencia. Por unanimidad consideró que Gamella cometió un “homicidio agravado por el vínculo” por lo que lo condenó a cadena perpetua.

Gamella había llegado al juicio con prisión domiciliaria, algo que fue cuestionado por la querella y los familiares y repudiado también por organizaciones sociales de la ciudad. Además, tres testigos habían denunciado que recibieron amenazas para que no declararan en contra del imputado.

En el fallo, los jueces dispusieron mantener la prisión domiciliaria a Gamella hasta tanto la sentencia quede firme, aunque le revocaron las salidas laborales y le impusieron el uso de una pulsera electrónica para que no salga del perímetro de la casa donde se aloje. Pablo Harguindegui, abogado querellante junto a Marcelo Peña, confirmó a este diario que seguirá apelando para que se le revoque la prisión domiciliaria.

“Fue contundente y cortito. La hija se largó a llorar. Nosotros quedamos más que conformes”, dijo a este diario Amalia Cappannari, esposa de Omar, desde un alto en la ruta que une Mercedes con 9 de Julio.

Villalba tenía 41 años y era madre de dos hijos, un varón y una mujer, que hoy tienen 21 y 24 años. Trabajaba para la municipalidad de 9 de Julio. Durante los 17 años que convivió con Gamella fue víctima de todo tipo de violencias por parte de su pareja. El 9 de diciembre de 2011, Villalba y Gamella estuvieron juntos. “A las 11 de la noche salieron a tomar un helado en una heladería y luego volvieron a la casa. Está acreditado que llegan 12 y pico a la casa. Tiempo después, un vecino oye una discusión fuerte porque ella no quería tener relaciones sexuales, escucha golpes, también que el perro llora por golpes. Y a los cinco minutos Gamella sale en la moto, se va a trabajar. Hay golpes de puño y con algo contundente, un fierro, porque le partió la cabeza del lado izquierdo”, relató Harguindegui.

“El hijo de ellos, que tenía 17 años en ese momento, la encontró a las 5.30 de la mañana. Lo primero que le dice el chico al padre cuando llega es ‘vos la mataste’. Y se le preguntó ¿por qué? Dijo que había visto manchas de sangre en la oreja de Gamella”, continuó Harguindegui.

No era la primera vez que Villalba recibía golpes, pero solía ocultar las heridas o los moretones y no contaba lo que le estaba pasando por temor, por vergüenza, por distintos motivos que la alejaron cada vez más de una salida.

Durante los cuatro años transcurridos entre el femicidio y el juicio, vecinos y organizaciones sociales de 9 de Julio reclamaron justicia con marchas y distintas movilizaciones. Denunciaron, además de los irregulares beneficios que recibía el imputado, la falta de acompañamiento y de compromiso para el desarrollo de políticas públicas en violencia de género por parte del Estado municipal.

“Estamos viendo a la Justicia penal actuar en casos de violencia de género con una mirada más atenta de la sociedad, pero la sociedad tiene que estar más atenta aún y la Justicia tiene que hacerse cargo. Gamella no debería seguir con prisión domiciliaria”, dijo Flavia Delmas, de la Red de Monitoreo para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra Mujeres de la provincia de Buenos Aires.

Ayer, los Villalba fueron a Mercedes con todo ese peso encima para escuchar la decisión del Tribunal. Los acompañaba un matrimonio amigo. “Los minutos parecían años. Hasta que se leyó todo. Yo no tenía fe. Pero se hizo justicia. Y ahora mi hija descansa en paz”, contó Villalba a Página/12.

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El condenado llegó al juicio gozando del beneficio de la prisión domiciliaria.
 
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