SOCIEDAD › LA BRECHA POR LA QUE SE FILTRA EL GROOMING

Debatir las redes

“No podemos quedarnos en fórmulas fijas o herramientas como el control parental para cuidar a nuestros hijos de lo que sucede en internet, es necesario instalar el tema y discutirlo con los chicos.” Así resumió Hernán Navarro, director de Grooming Argentina lo que la organización considera el pilar fundamental para evitar el acoso sexual virtual a niños, niñas y adolescentes. Tras conocerse el caso de Micaela Ortega, la nena de 12 de años que fue asesinada por un hombre que la contactó a través de la red social Facebook, Navarro apuntó sobre el desconocimiento no sólo de padres y maestros sino también del sistema judicial. “La brecha digital hace que los padres y hasta el propio Estado se queden afuera de esto, pero estamos dejando solos a los chicos en un mundo que no pueden defenderse”, agregó.

Si bien no existen cifras oficiales en el país, Grooming Argentina asegura que la cantidad de casos va en ascenso. Esta tendencia, entiende su director, se le puede atribuir a varios factores, el más importante de los cuales es la ausencia de la discusión pública y privada sobre cómo se utilizan las redes sociales. Esto se debe, en parte, a una distancia generacional: “Incluso cuando hay voluntad de diálogo hay una brecha muy importante entre los inmigrantes digitales, que son los padres, y los nativos de la tecnología, que son sus hijos”, explicó Navarro a Página/12. En ese sentido, el referente de la ONG recomendó postergar la iniciación de los preadolescentes en las redes sociales: “No se trata de demonizar internet, pero un niño menor de 13 años no está preparado psíquicamente para utilizar estas plataformas y queda muy expuesto, muy vulnerable”.

El especialista recomendó a los padres “involucrarse, aprender y preguntarles” a sus hijos sobre sus hábitos en Internet, y “estar alerta a indicadores como cambios en la conducta, trastornos del sueño y otras señales que podrían indicar que necesitan ayuda”. “Años atrás, en las computadoras familiares, al menos había un dispositivo compartido, hoy todos los chicos tienen su celular y tienen más de una cuenta de cada red social, por eso el control desde lo técnico no alcanza, hay que conversar”, reflexionó.

Aunque el rol de los padres es fundamental, el abogado aclaró que “no hay que cargar las tintas” sobre ellos, ya que el desconocimiento se extiende también a las esferas del Estado. “Ante un caso de grooming, la primera medida debe ser la denuncia, pero ahí tenemos un problema porque las sedes policiales muchas veces no la toman”, señaló. Lo que suele darse, explicó, es que el personal policial subestima el caso o desconoce la norma. “Hay padres que cuentan que fueron a la comisaría a denunciarlo y les responden que vayan ellos a pedirles al abusador que deje de molestar a sus hijos”, contó Navarro.

Desde 2013, a través de la Ley 26.904, el código penal sanciona a quien “por medio de comunicaciones electrónicas, telecomunicaciones o cualquier otra tecnología de transmisión de datos, contactare a una persona menor de edad, con el propósito de cometer cualquier delito contra la integridad sexual de la misma”. Para el abogado, se trata de una norma que “carece de especificidad” y que “es muy subjetiva desde el punto de vista de la aplicación penal”. Si bien reconoce que se demostró una voluntad de abordar el problema, consideró que “tiene mucho para mejorar”.

En diálogo con este diario, el director de la ONG recordó que se entiende como grooming todas las acciones deliberadas por parte de una persona –con frecuencia un adulto– de cara a establecer lazos de amistad con un niño con fines sexuales. En algunos casos se busca la introducción del chico al mundo de la prostitución infantil o la producción de material pornográfico. En otros, se relaciona a casos de pederastía y, en muchas ocasiones, es la antesala de un abuso sexual. Sin embargo, según subrayó Navarro, hay casos en los que no hace falta el encuentro para representarle al niño una situación de abuso porque “en la estructura psicológica de un niño, una acción virtual también puede tener un impacto traumático”.

Entre las formas más comunes en las que se lleva a cabo el acoso sexual virtual, el letrado destacó la utilización de tácticas como la seducción, provocación y el envío de imágenes de contenido pornográfico que logra vulnerar la intimidad del chico. Así, el abusador obtiene datos personales y de contacto y exige el envío de fotos íntimas para iniciar el acoso y chantajear a la víctima. “En general empiezan en redes sociales como Facebook o Twitter para después pasar a plataformas de mensajería privada como WhatsApp. La utilización de perfiles falsos en los que buscan empatizar con los chicos, que fue lo que lamentablemente le hicieron a Micaela, también es muy frecuente”, consideró.

Informe: Paz Azcárate.

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Imagen: Télam
 
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